Opinión

30 años de Revolución Sandinista

El triunfo revolucionario implicó, sobre todo, la caída del modelo capitalista que había sembrado dolor, terror, crímenes e injusticia

Redacción Central |

El 19 de Julio, hace ya 30 años, los nicaragüenses protagonizamos uno de los momentos más importantes de nuestra historia patria.

Una arrolladora insurrección popular acabó con 50 años de cruel dictadura somocista. El pueblo se alzo en armas, con la bandera rojinegra del FSLN a la vanguardia y la azul y blanco envolviéndoles el corazón.

El pueblo nicaragüense, hastiado de que a diario se violentaran hasta sus más elementales derechos, se levantó contra la opresión y supo vencerla.

El triunfo revolucionario no significó sólo el derrocamiento del tirano, Anastasio Somoza. Fue mucho más que eso. Implicó, sobre todo, la caída del modelo capitalista que había sembrado dolor, terror, crímenes, e injusticias a lo largo de cinco tormentosas décadas de opresión.

Significó acabar con los asesinatos organizados por los gendarmes de la dictadura en la «Cuesta del Plomo», la costa del lago de Managua, en Piedra quemada, en Mokoron, en las afueras de Tipitapa y todos aquellos lugares donde la genocida guardia somocista ejecutaba a diario a decenas de jóvenes cuyo delito era precisamente ser joven y estar en contra del régimen dinástico.

Representó la redención de las madres y familiares de aquellos que habían sido desaparecidos, ejecutados extrajudicialmente y que hoy, treinta años después, aún se desconoce su paradero.

La derrota del tirano significó la pérdida del poder para una burguesía que nunca entendió que, si no cedían en el disfrute de sus privilegios, el pueblo se los arrebataría, tal y como ocurrió.

Implicó, entonces, el ascenso al poder para el propio pueblo y sus legítimas organizaciones. Se volvió realidad la estrofa del himno sandinista, en la cual, con hidalguía, se afirma que:

«…nuestro pueblo es el dueño de su historia, arquitecto de su liberación…»

Y así el pueblo con su vanguardia hizo historia.

La dictadura somocista, apoyada política, militar y financieramente por los gobiernos de Estados Unidos, así como por una oligarquía local que se enriquecía a la sombra de la dictadura, no pudo soportar el embate de un pueblo que tomó conciencia, optó por organizarse y luchó por sus derechos e intereses hasta resultar victorioso.

Fue una lucha de liberación dura y desigual, en la cual las armas empuñadas por el pueblo se enfrentaron con todo éxito a un ejército opresor y criminal, armado y entrenado por el imperialismo, hasta derrotarlo.

La victoria popular, entonces, permitió el inicio de un período de 10 años dedicado a la construcción de una sociedad diferente, basada en principios de equidad, de acceso de todos y todas al disfrute de los bienes y servicios sociales, del ejercicio de libertades y derechos, de real participación ciudadana. Una nueva sociedad en la que los ricos ya no podían hacer lo que les daba la gana, sino que eran el pueblo y sus organizaciones quienes llevaban la voz cantante.

Por eso, es correcto llamar a ese período «la época revolucionaria». Fue un período de profundas y positivas transformaciones en lo social, en lo político, en el campo económico y en el cultural.

El imperialismo norteamericano en su afán de destruir ese proceso revolucionario financió y armó a hermanos nicaragüenses que por una u otra razón adversaban a la Revolución y nos impuso una guerra fraticida que dejó un doloroso saldo para el pueblo nicaragüense.

Durante los diez años que el FSLN estuvo en el poder, las fuerzas más reaccionarias del imperialismo norteamericano impusieron además de la guerra, un brutal bloqueo económico con el propósito de desgastar económicamente al gobierno revolucionario y crear descontento en la población.

El FSLN, fiel a sus principios revolucionarios y democráticos, organizó las elecciones más limpias y transparentes de la historia nacional y aceptó su derrota en las urnas.

Luego vinieron los gobiernos neoliberales que despojaron al pueblo de sus principales conquistas, privatizando la educación, la salud y las empresas del Estado, incluso hasta vendiendo el ferrocarril y hasta sus durmientes. El movimiento popular, forjado antes y durante la revolución, resistió la embestida neoliberal con luchas callejeras, y en el 2006 el FSLN y sus organizaciones retornaron al poder, ya no por las armas, sino con los votos del pueblo de Nicaragua.

Hoy que el pueblo ha vuelto a ser dueño de su historia y con el FSLN a la vanguardia, llenos de optimismo, entusiasmo y esperanza. Llenos de seguridad y confianza, vamos a celebrar estos 30 años de lucha, de resistencia popular con la convicción de que el futuro lo construimos aniquilando la ignorancia y luchando por erradicar el hambre y la pobreza.

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