Opinión

Ponzoña mediática

La insistencia de los medios de comunicación impresos en la publicación de "informaciones", referidas al virus de la influenza humana, indica el deseo que tienen sus propietarios que esa amenaza latente se haga realidad en Nicaragua

Redacción Central |

En vez de poner a la orden sus medios para orientar a la ciudadanía, con odiosa saña e insistencia, han «informado» de la supuesta existencia de personas sospechosas de estar «contagiadas» con el mortal virus de la influenza humana, pese que las autoridades oficialmente han dicho todo lo contrario.

«Virus acercándose al país», «500 personas bajo vigilancia», han sido algunos titulares que los negociantes de la información publicaron irresponsablemente, en un afán por alarmar y provocar pánico e histerismo colectivo entre la ciudadanía.

Y tuvieron el cinismo de reclamar porqué el gobierno dispuso que la información oficial se conociera exclusivamente a través de sus medios de comunicación.

Evidentemente, estos manipuladores de la información no están interesados en el bienestar del pueblo. Por el contrario, quisieran que el virus se diseminara entre buena parte de los nicaragüenses, fundamentalmente entre los más vulnerables.

Este deseo tendría el propósito político de los empresarios de la comunicación de denigrar al gobierno por su aparente incapacidad e ineficiencia para hacerle frente a una epidemia.

Los cuestionamientos mediáticos empezaron con la decisión del gobierno de destinar recursos del Ministerio de Salud y del instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), para la adquisición de medicamentos y otros suministros médicos; así como por su disposición de decretar el Estado de Emergencia Sanitaria.

En busca de la reacción para que otras autoridades hicieran coro a su juego mediático, recurrieron ante el contralor Guillermo Arguello Poessy, quién actuando responsablemente declaró: «Creo que deben tomarse todas las medidas a nivel de Poder Ejecutivo, que sean necesarias para hacerle frente a esta amenaza de llegada de esta epidemia al país».

«¿Qué es preferible, que los recursos del INSS estén guardados o que se usen para adquirir medicinas y que no hayan muertos?», se preguntó Argüello.

Como no obtuvieron la respuesta esperada, recurrieron ante el presidente de la Asociación de Jubilados, Donald Castillo, quién calificó la medida de «correcta».

«..Creo que si la medida va a favorecer a todos los nicaragüenses, es correcta», dijo categórico Castillo.

En su intento por encontrar adeptos a sus posiciones, inventaron una encuesta electrónica en la que preguntaban: ¿Considera usted que el Gobierno de Nicaragua ha actuado con responsabilidad y diligencia ante la alerta de la gripe porcina en el país?

Irónicamente, la ciudadanía rechazó las pretensiones de los patrones, pues los resultados del sondeo de opinión, reveló que el 65.81 por ciento de los consultados apoya las disposiciones gubernamentales contra un 34.19 que se declaró en contra.

Da la impresión que los patrones hubiesen querido que el presidente Ortega asumiera la posición del ex presidente Arnoldo Alemán, a quién criticaron por su displicente actitud ante los desastres provocados por la furia de la naturaleza.

A finales de octubre de 1998, Nicaragua resultó afectada por uno de los huracanas más mortales de la historia, el Mitch, que arrasó el poblado ubicado en las faldas del volcán Casitas, en el chinandegano municipio de Posoltega.

La ex alcaldesa de Posoltega, Felícita Zeledón, formuló vehementes llamados de auxilio al gobierno de Alemán para socorrer a miles de personas que estaban siendo sepultadas por el deslave del coloso.

Alemán guardó silencio. No dio crédito al clamor de Felícita, porque su partido no era el Liberal Constitucionalista, además se rehusó a decretar la emergencia.

Para Alemán, socorrer a las víctimas y decretar la emergencia hubiese significado un decrecimiento de los indicadores macroeconómicos y él no estaba dispuesto a pagar tan alto precio frente a los organismos financieros internacionales.

El comandante Ortega hizo todo lo contrario. Se puso al frente de la situación y no escatimó recursos económicos y humanos para evitar el ingreso de la recién descubierta peste de la influenza.

Ese esfuerzo del gobierno jamás será reconocido por la familia real, por el contrario continurán con sus publicaciones irresponsables.

Esa irresponsabilidad quedó demostrada, el día que una integrante del clan visitó la ciudad estadounidense de Houston, en Texas, luego viajó a México, retornó a Estados Unidos, y al arribar la semana pasada al aeropuerto internacional Augusto C. Sandlno, hizo creer que venía de Miami y ni siquiera se dignó a informar a las autoridades que había estado en el país azteca, en dónde se originó la influenza humana.

La reprochable actitud de esa mujer de la familia Chamorro, refleja nunca han estado preocupados por el bienestar de los nicaragüenses y todo lo que dicen en sus retorcidas publicaciones a favor «del pueblo» es demagogia pura.

¿Quién garantiza que esa mujer no se infectó en México del mortal virus de la influenza humana?, ¿Será que se cree de sangre azul y que por eso el virus no afectará su organismo o el de los suyos?

Ahora se rasgan las vestiduras porque algunas empresas de zona franca están abandonando el país y los trabajadores están quedando en el desempleo.

¿Acaso no son estos irresponsables los que han publicado informaciones alarmistas y sensacionalistas, promoviendo un clima de desestabilización para alejar la inversión extranjera, a fin de causar malestar en la ciudadanía para que ésta a su vez repudie al Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional?

En su afán por hacerle daño a la administración Ortega alentaron a la comunidad donante para que retirara la ayuda a Nicaragua, y aunque ciertamente afectan los resultados económicos de la gestión gubernamental, los principales perjudicados son los nicaragüenses pobres.

Estos pésimos adversarios, que pretenden suplantar a la oposición política del país, son los mismos enemigos del pueblo que procuran retornar al poder para continuar su voracidad explotadora de los recursos públicos.

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