Opinión

La guerra a las drogas y los niños sicarios en México

Si bien es cierto que la delincuencia es de suyo condenable, también es un hecho cómo el deterioro del tejido social generado por el actual modelo económico capitalista ha orillado a cientos de menores a situaciones en las cuales la incorporación a las bandas criminales constituye la única opción de supervivencia

Redacción Central |

Un nuevo fenómeno comienza a cobrar visibilidad en México: el de los niños sicarios al servicio del crimen organizado.

Niños kamikases, utilizados para dominar todos los territorios del mercado de la ilegalidad, dispuestos a matar y morir por dinero y poder, a costa de lo que sea. Como único modo de vivir que vale la pena.

Porque está claro que para la población infantil cooptada por quienes manejan el millonario negocio empresarial y delictivo de las drogas o la industria del secuestro, el sicariato puede tener un alto costo. Significa contar con ser arrestado, con acabar mal o incluso morir.

La lógica violenta del empresariado criminal coincide con el neoliberalismo más radical de nuestro tiempo. Las reglas impuestas son las de los negocios. El beneficio, la victoria sobre cualquier competidor, como sea.

Esa misma lógica lleva a muchos jóvenes, niños aún, a quererlo todo y de prisa, y tenerlo cuanto antes. Muchos sueñan con llegar a ser un capo, con monopolizar un segmento del mercado. Con tener poder. El poder por encima de todo. La duración da igual. Vivir, mandar de verdad, eso es lo que cuenta.

Y si bien es cierto que la delincuencia es de suyo condenable, también es un hecho cómo el deterioro del tejido social generado por el actual modelo económico capitalista ha orillado a cientos de menores a situaciones en las cuales la incorporación a las bandas criminales constituye la única opción de supervivencia.

Según revelan informes de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), de diciembre de 2006 a marzo de 2009, en el marco de la llamada «guerra al narcotráfico» del presidente Felipe Calderón, han muerto 610 niños.

De ese total, 427 perecieron tras ser reclutados por el crimen organizado, a consecuencia de enfrentamientos entre cárteles rivales y/o confrontaciones de las bandas con fuerzas del Estado. Un 30 por ciento de los cadáveres fueron enviados a fosas comunes.

Además, según los reportes, 110 niños, algunos de meses, cayeron víctimas del fuego cruzado entre grupos rivales o entre sicarios y fuerzas de seguridad del Estado, y 73 fueron ejecutados en el momento en que integrantes del crimen organizado asesinaban a sus familiares.

Otro dato indica que en el marco de esta «guerra» de poco más de dos años, tres mil 700 menores quedaron huérfanos. Muchos padecen huellas psicológicas y es previsible que, en algunos casos, de víctimas se transformen en victimarios por odio y por venganza.

La mayoría de los jóvenes sicarios son utilizados primero como espías de las bandas rivales o como «avanzada» en acciones violentas contra miembros de otros cárteles en la lucha por los mercados.

De acuerdo con la Sedena, los niños soldados fueron contratados por sumas que oscilan entre los cinco y los 10 mil pesos mensuales al inicio. Los que logran ascender en la estructura criminal tienen mayores ingresos, incluso en dólares.

El fenómeno del sicariato infantil es revelador del México actual. Exhibe la expresión epidérmica de una problemática con raíces profundas y complejas, la cual incluye la incapacidad o la falta de voluntad del Estado por corregir los rezagos y desequilibrios sociales provocados por la política neoliberal vigente.

Una economía legal que, a su vez, se nutre y beneficia de la economía criminal.

En ese contexto, ahora los niños no sólo sufren hambre, pobreza y marginación, o padecen explotación, maltrato y abuso sexual y psicológico, sino que también enfrentan el riesgo de ser contratados como mano de obra barata por los cárteles criminales y el peligro de morir en acciones violentas.

Distintas voces señalan en México que la «guerra» de Calderón contra el crimen ha sido un fracaso y es necesario corregir el rumbo.

Pero todo indica que un viraje en la estrategia de seguridad no aparece en el horizonte cercano del calderonismo. Al contrario, la «guerra» se profundizará con apoyo de Estados Unidos y la nueva administración de Barack Obama.

Y es obvio que si eso ocurre, seguirán muriendo niños como consecuencia de la violencia criminal.

* Reconocido articulista de la prensa mexicana.

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