Opinión

La guerra mediática-religiosa

Al menos yo desconocía que los representantes de Dios en la tierra, contaran con un cuerpo de inteligencia, capaz de conocer el sitio exacto en dónde, según ellos, operan los grupos armados

Redacción Central |

La trama para deslegitimar, y si fuese posible, derrocar al gobierno del presidente Daniel Ortega, empezó a urdirse desde mucho antes de celebrarse las elecciones de noviembre del 2006. La derecha no podía esperar. Veía venir su catastrófica derrota electoral en los comicios presidenciales frente al candidato sandinista.

Por todos los medios trataron de exacerbar el miedo de la ciudadanía a una reedición de la guerra y publicaban noticias alarmistas sobre el supuesto hundimiento de la economía en caso que Ortega retornara a la Presidencia de la República.

La ciudadanía venció el terror mediático derechista, y desde entonces, sus principales exponentes no han cesado en sus pretensiones de instigar dentro y fuera del país, para que el gobernante sea expulsado del poder, y han puesto en práctica un sinnúmero de estrategias, aunque algunas han fracasado como veremos más adelante.

Los medios de la manipulación informativa, reimprimen la misma historia de la guerra «civil», aprovechando las posiciones políticas, que históricamente han adoptado algunos obispos de la iglesia católica, quienes abiertamente muestran antipatía por el gobierno del presidente Ortega.

Los jerarcas se prestaron gustosos para la reedición de la primera batalla de la guerra de papel, en su segunda etapa, y alertaron a través de esos medios, sobre un supuesto alzamiento de grupos armados.

Al menos yo desconocía que los representantes de Dios en la tierra, contaran con un cuerpo de inteligencia, capaz de conocer el sitio exacto en dónde, según ellos, operan los grupos armados.

Si realmente poseen información veraz, de la existencia de esos grupos, ¿por qué no se la proporcionaron a las autoridades correspondientes?, ¿por qué ponen en tela de duda la información ofrecida por el Ejército, una de las instituciones con más credibilidad en nuestro país? ¿Por qué ponen de pretexto del pretendido alzamiento armado, el supuesto fraude electoral municipal y la eliminación de la personería jurídica del MRS y del Partido Conservador? ¿Será que ambas agrupaciones tenían tantos adeptos y simpatizantes para levantarse en armas? Si ese fuese el caso ¿por qué jamás ganaron una elección?.

Tengo la certeza que los obispos están anteponiendo sus simpatías políticas a los intereses comunes de los nicaragüenses, pues no les importó incentivar la zozobra colectiva, a pesar de que su papel es transmitir concordia, paz y orientación espiritual entre los fieles.

No es de extrañarse, si en alguna medida, sabemos que muchos integrantes de la jerarquía han actuado en complicidad con la derecha.

Recordemos que callaron cuando la derecha, jefeada por el ex presidente Enrique Bolaños, orquestó una confabulación en contra del Cardenal Miguel Obando, a fin de que el Vaticano aceptara su renuncia, porque querían eliminarlo como figura prominente e influyente en Nicaragua.

Increíblemente, el finado Santo Padre Juan Pablo II, firmó la aceptación de la renuncia de Obando, mientras se encontraba en los estertores de la muerte.

La jerarquía católica no tiene que alentar a la guerra. Su papel es promover la reconciliación entre los nicaragüenses, y deberían aprender del cardenal Obando, quién perdonó al actual gobernante, pese a que fue víctima de los errores que se cometieron durante su primer mandato gubernamental en la década de los ochenta.

Por su parte, los negociantes de la información continuarán en su afán por acabar con el actual gobierno, y lo que menos les importa es el bienestar de los ciudadanos, puesto que han sido capaces de exigir a la comunidad donante la suspensión de la cooperación económica, a fin de satisfacer sus caprichos políticos.

Éstos desataron una feroz campaña de desprestigio nacional e internacional en contra del Gobierno de Nicaragua, que en algunos casos, la conspiración se maquina desde el extranjero, y es ejecutada por sus marionetas internas.

Para muestra un botón: En marzo pasado, una organización pacifista de Estados Unidos, envió una carta al presidente Ortega, solicitándole se pronunciara a favor del cierre de la Escuela de las Américas.

Nadie conocía esa comunicación, hasta que un periodista que labora en la Universidad Centroamericana, que a su vez es empleado de la Oxfan, la reenviara vía correo electrónico a los medios de comunicación que adversan al gobierno, instruyendo a los medios «independientes» de su manejo informativo.

«Les dejo el enlace (que contiene información en español e inglés) con la intención de que nos informemos y circulemos esta petición que, para mi al menos, es equivalente a peticionar por el cierre de la ergástula de Guantánamo», señaló el periodista que laboró por años en el extinto diario Barricada.

Esta orientación «informativa» no les funcionó, porque no tuvo el impacto esperado, aun cuando la información apareció publicada en los medios de comunicación.

Coincidentemente, Oxfan es el organismo que financia al Centro de la Investigación de la Comunicación (Cinco), propiedad de Carlos Fernando Chamorro, ex director del desaparecido Diario Barricada, y del Departamento de Agitación y Propaganda del FSLN en los años ochenta, familiar de los dueños de La Prensa y El Nuevo Diario, y ahora acérrimo crítico del gobierno.

Otro ejemplo de esa campaña de desprestigio lo constituye el enorme despliegue informativo de la dictadura mediática hacia la negativa gubernamental para que el ex vicepresidente Sergio Ramírez, enemigo número uno de Ortega, redactara el prólogo del libro de poemas del finado Carlos Martínez Rivas, que sería editado por el ultraderechista diario español El País.

En ese contexto se circunscribe la invitación de esos medios de comunicación, afiliados a la Sociedad Interamericana de Patrones (SIP), para que «reconocidos periodistas» visiten Nicaragua, para poner en cuestión el tratamiento gubernamental a las empresas periodísticas, y como si de chef de cocina se tratara, ponen a disposición las mejores recetas para garantizar la «libertad de expresión».

Así como procuran el «respeto» a la libertad de expresión, de igual manera deberían promover el respeto a los derechos laborales, políticos y económicos de los trabajadores, incluyendo los propios, a quienes se les viola perennemente esos derechos porque no les permiten sindicalizarse, pertenecer a agrupaciones políticas y ni siquiera les reconocen sus prestaciones sociales.

Tanto los jerarcas, como los negociantes de los medios de comunicación, deberían retomar el mensaje del Sumo Pontífice Benedicto XVI, quién al culminar la semana Santa, exhortó al mundo a «redescubrir la esperanza», para poner fin a las guerras, la pobreza y los «desbarajustes financieros».

El Papa llamó a los cristianos a no rendirse ante esa «batalla pacífica» contra todos los males que golpean al planeta y recordó que Cristo busca hombres y mujeres que le ayuden a afianzar su victoria con sus mismas armas, «las de la justicia, la verdad, la misericordia, el perdón y el amor».

Dejen de alarmar y angustiar a la gente con sus mensajes de odio y violencia. ¿O acaso pretenden hacer negocio con un conflicto bélico?, cómo lo hizo el diario La Prensa en los años ochenta que fue subvencionada por el gobierno de Estados Unidos.

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