Opinión

Testimonio de San Arnulfo Romero para Nicaragua

Es alegre recordar su Testimonio, pero ¿qué significa hoy para nosotros

Redacción Central |

Monseñor Romero fue asesinado el 24 de Marzo hace 29 años en El Salvador. Y el 25 de marzo mientras se celebraban sus funerales en la Catedral de allá, acá en Nicaragua era promovida una celebración masiva por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Celebramos una Eucaristía en la Plaza de la Revolución junto a la antigua Catedral de Managua. Presidió la Eucaristía Mons. Obando, en ese entonces Arzobispo de Managua, y concelebramos más de 40 sacerdotes, entre ellos el P. Astor, salvadoreño, que había colaborado estrechamente con Monseñor Romero.

Al final de la Eucaristía se leyó un breve mensaje del FSLN en que se reconocía a Mons. Romero como testigo fiel, como ejemplo claro de Obispo y sacerdote comprometido con el Pueblo. Y la Plaza llena y la concelebración de tantos sacerdotes era un testimonio claro de cómo su vida y su entrega estaban presentes y vivas también aquí en Nicaragua. ¿Hoy, cómo está presente?

Desde 2 o 3 años antes de su martirio, la vida y las palabras de Mons. Romero eran luz e interpelación y fortaleza no sólo en El Salvador, sino en toda Centroamérica y también en México. Sus valientes y proféticas Homilías se retransmitían y se escuchaban en nuestros países.

En la Conferencia de Obispos Latinoamericanos en Puebla (1979) dio un tremendo testimonio-denuncia de las masacres del Pueblo y de su compromiso con el proceso de Liberación del Pueblo y en contra de toda injusticia. Junto con la alegría de su testimonio, sentíamos fuerte preocupación ante las amenazas de muerte de que era objeto. El respondía: No creo en la muerte sin resurrección. No creo merecer la gracia del Martirio, pero si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño.

Eso pasó en 1980. Pero su mensaje y sus palabras ¿qué vigencia tienen para nosotros hoy en Nicaragua? Y a este propósito quiero recordar que en 1979 poco después del triunfo de la Revolución Mons. Romero en su Homilía dominical dio un mensaje claro y nos compartió sus sueños por esta nueva Nicaragua que iba naciendo.

Estas son sus palabras: “Y nuestro primer saludo de esta mañana es para nuestra querida hermana República de Nicaragua, la saludamos con sentido de oración fraterna y de solidaridad, porque hoy más que nunca necesita este apoyo espiritual. La alegría que nos da el inicio de esa liberación nos hace también preocuparnos para que este alborear de liberta no vaya ser una frustración sino que el Señor ha sido bondadoso y que siga siendo la inspiración de ese querido pueblo nicaragüense.

Necesita también en esa inspiración cristiana tener en cuenta lo costoso de este momento, más de 25,000.00 muertos no son un juguete par desperdiciar. De verdad aunque es cierto que ya terminó la guerra, pero las consecuencias serán muy largas y profundas. Esta misma figura (de ovejas sin Pastor) la trasladamos también a nosotros, donde también nuestro pueblo da esa impresión, pero como un rebaño que busca la solución de sus problemas y encuentra en el mensaje evangélico de hoy una respuesta a sus esperanzas”.

Mons. Romero tenía frases muy fuertes que en su brevedad nos siguen sacudiendo. Tengamos presentes algunos de sus llamados a nuestra conciencia:

-El que no Ama, no debe llamarse cristiano.

-Un cristiano que se solidariza con la parte opresora, no es verdadero cristiano.

-Es inconcebible que alguien se diga cristiano y no tome como Cristo, la opción preferencial por los Pobres.

-Ningún cristiano debe decir “yo no me meto, no me comprometo”, porque sería mal cristiano y mal ciudadano.

– Iglesia que no se une a los Pobres, no es verdadera Iglesia de Cristo.

– ¡Cuántos mejor no dijeran que son cristianos, porque no tienen Fe, tienen más fe en su dinero. El rico que está de rodillas ante su dinero, aunque vaya a Misa es un idólatra no es cristiano!

Podemos preguntarnos y esas frases ¿qué significan hoy para nosotros? Decirlas o repetirlas es fácil, y se pueden hasta admirar. Pero lo importante es vivirlas como hizo Mons. Romero que las firmó con su propia sangre.

Quiero terminar este recuerdo vivo de Mons. Romero con dos párrafos de sus homilías que creo tienen especial valor para nosotros hoy día:

“No estar al margen de los Acontecimientos políticos. Hago un llamado al sector no organizado, que hasta ahora se ha tenido al margen de los acontecimientos políticos, pero que está padeciendo sus consecuencias, que actúen en favor de la Justicia y no sigan pasivos por temor a los riesgos personales que implica toda acción audaz y verdaderamente eficaz. De lo contrario, serán también responsables de la injusticia y de sus consecuencias”. (20 de enero de 1980).

“La Iglesia -repetimos- no está identificada con ninguna opción concreta política (partidaria), sino apoya lo que en ella hay de justo, así como está siempre dispuesta a denunciar lo que tenga de injusto. No dejará de ser voz de los que no tienen voz, mientras haya oprimidos y marginados” (20 de mayo del 79)

“No hay pecado más diabólico que quitarle el pan al que tiene hambre” (24 febrero 80)

“Oración verdadera. Por eso insisto, mucha oración. Oremos, pero no con una oración que nos aliene, no con una oración que haga fugarnos de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes de la tierra. Vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para cumplir mejor nuestros deberes del hogar, de la política, de la organización. Estos son los verdaderos liberadores” (11 noviembre 79)

Y las siguientes palabras pueden ser como un llamado a una auténtica celebración de Mons. Romero: “El cristiano que no quiera vivir este compromiso de Solidaridad con el Pobre, no es digno de llamarse cristiano” (17 de febrero de 1980)

(*) Comunidades Eclesiales de Base de Nicaragua

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