Opinión

¿Existe ética periodística? El caso de Xochilt Ocampo

Recoger un libelo y hacerlo público, sin siquiera indagar con la parte que queda en entredicho, es una flagrante violación a la ética periodística y a los principios éticos

Redacción Central |

Mas allá del juicio por injurias que pueda elevar ante los tribunales de justicia la periodista y diputada Xochilt Ocampo, conviene preguntarnos qué pensarán los periodistas que catalogaron como noticia de interés público las calumnias que externaron contra ella dos diputados.

En esto no hay donde perderse. En el segundo párrafo del Código de Ética del diario La Prensa hay algo que merece nuestra atención y dice:

“El ejercicio de la libertad de expresión y de prensa debe estar sometido a una rigurosa ética profesional que se basa en los Derechos Humanos, y en el respeto al derecho de las personas a su privacidad, su dignidad, su imagen y el buen nombre propio y de los suyos.

“La libertad de información y de prensa se protege en la medida en que los medios informativos y los periodistas desempeñen su trabajo profesional con un elevado sentido de responsabilidad, veracidad y profundidad en el contenido de sus notas e investigaciones”.

A todas luces, recoger un libelo y hacerlo público, sin siquiera indagar con la parte que queda en entredicho, es una flagrante violación a la ética periodística y a los principios éticos del mismo periódico, que son -según su Código- “de obligado cumplimiento para los reporteros, los fotógrafos, diseñadores, editores, correctores y diagramadores del periódico”.

El periodista o periodistas que creyeron que una calumnia era noticia, violaron no sólo la ética general particular a la profesión del comunicador social, sino la del diario para el cual laboran. Y lo mismo hicieron los editores, correctores y diagramadores del periódico, que también burlaron la ética de su propio centro de trabajo.

¿Y en que queda la moral de estos periodistas, del equipo de trabajo y de los dueños del medio llamado La Prensa?

En las “Norma Éticas” (Página 27) del mismo Código de Ética de La Prensa, numerales (II y VII) hay algo sobre ese particular cuando se habla de los principales compromisos del periodista de La Prensa:

“II – Desempeñar la tareas periodística con el más alto sentido moral.

VII – Recopilar tantas versiones como sean necesarias para comprobar la veracidad a fin de lograr el equilibrio informativo”.

En el caso que nos ocupa, los periodistas y su medio violaron sus propios mandamientos éticos y morales. Y se quedaron tan campantes.

Podemos asegurar -los hechos lo demuestran-, que la moral y la ética pueden ser violadas en La Prensa cuando se trata de solventar las necesidades políticas propias de los dueños del medio. Esto indica que el libelo, la calumnia, la injuria son recursos éticos y morales en ese diario si convienen a los fines y objetivos que se han trazado sus propietarios.

Si se alega que otros medios también se hicieron eco de la “noticia” contra la periodista y diputada el daño es mucho más grave, y demuestra la inmoralidad y ausencia de ética que priva entre algunos periodistas y los más influyente dueños de nuestra red mediática.

En este caso, la calumnia es mayor y más dañina, pues de ella se hacen eco, sin escrúpulos de ninguna clase, los dueños de esos medios y los periodistas que sirvieron “la primicia”, sin siquiera ponerse a pensar que ponían en tela de duda la honra de una mujer, de una dama, de una colega. Eso es cobardía, felonía, carencia absoluta de principios y valores morales, hipocresía cruda, carencia de solidaridad gremial.

Demuestra también este asunto que la inmoralidad -corrupción de la ética- baja de los propietarios de esos medios hacia los periodistas que sin ápice de profesionalismo están bajo su égida.

A lo mejor en la nueva visita de la SIP se pueda hablar y quizá corregir estas violaciones, no sólo a la libertad de expresión y prensa, sino a los derechos humanos que tanto defienden, del diente al labio, estos prominentes miembros de la impoluta asociación de dueños de la libertad de expresión y de la comunicación social latinoamericana.

Podría ser que incluyan alguna declaración sobre este caso, ya en la Carta de Chapultepec o en una nueva que se llame “La carta de Eloisa y Xochilt Ocampo”. Lo esperamos y sólo nos queda decir AMÉN.

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