Opinión

El heroismo nicaraguense

El inconsciente colectivo nicaragüense determina las características fundamentales del ser nacional: el nacionalismo y el antiimperialismo. Son estas características las que dan vida a todos los valores propios del nicaragüense: el orgullo de su propia identidad a partir de la cultura originaria, la defensa incondicional de la Patria, el compromiso con la liberación nacional

Redacción Central |

La vida es el crisol de la conciencia y la conciencia es el único medio de purificación humana. No es un círculo vicioso. Es el resultado de los sistemas de opresión que marginan y excluyen al hombre de la vida, obligándolos a no vivir, a sobrevivir, más bien a permanecer, consumidos por el tiempo. Y hasta hoy día la humanidad ha estado mayormente sometida a la opresión.

Muy pocos, poquísimos hombres —en sentido genérico, que incluye a la mujer—, pasan pues por el crisol de la conciencia. Pasar por él, en medio de la opresión, es producto de la conjunción de una serie de factores que aparentemente se dan en el individuo, fortuitamente, porque aún la ciencia no los puede explicar. Por eso, los hombres y mujeres que lo logran terminan siendo paradigmas en su propio ámbito de acción. Y si este ámbito es la nación, sin duda terminan siendo héroes.

Factores que tienen que ver con la personalidad, que incluye el árbol genético, y con las circunstancias históricas —que incluyen la vitalidad o la represión de la cultura propia— en las cuales cada persona se desarrolla. Pero también con el entorno social en sentido amplio, que mitiga o potencia la personalidad-circunstancias. Y finalmente con la sensibilidad personal, que suele actuar como escudo natural contra la opresión.

Con los pueblos sucede igual. Porque los pueblos también son víctimas de la opresión. Pero hay una diferencia importante: la vida de los pueblos es mucho más rica, más productiva que la de los individuos. Es bastante más fácil para los pueblos pasar con éxito por el crisol de la vida, adquirir conciencia de su propia realidad, reproducir e incrementar esa conciencia a lo largo de su historia. Sin embargo, siempre queda en pie la dificultad de explicar por qué unos pueblos emergen a la conciencia con mayor frecuencia que otros; o por qué pueblos largamente aletargados irrumpen de pronto con un altísimo nivel de conciencia, reivindicándolo todo, arrasando con todo lo que los oprimía. Explicarlo es el reto permanente de los cientistas sociales de todas las disciplinas humanistas.

Esto plantea obligadamente la relación pueblo-individuo, la relación movimiento político-social y liderazgo individual. La respuesta es rotunda: no hay liderazgo sin pueblo. Sólo la percepción e interpretación correcta de las demandas de liberación de los pueblos, aún cuando aparentemente se encuentran aletargados, se traduce en liderazgo individual. Lo contrario también es verdad: ningún individuo puede convertirse en líder contradiciendo las demandas populares. Y si alguien contrario a estas demandas llega al poder con visos de liderazgo, lo logra simplemente por imposición extranjera, por la opresión.

La hipótesis del cansancio de los pueblos no es suficiente para explicar la irrupción de la conciencia popular. La explicación razonable está dada por la conjunción de demandas populares y liderazgo creíble —éste sobre la base de la conjunción personalidad-circunstancias. Mientras no surge un liderazgo creíble, en términos de honestidad ideológica, entereza de carácter, capacidad de organización y de lucha, las demandas populares no producen por sí mismas la explosión de la conciencia, con independencia del tiempo de postergación. En otras palabras, las demandas son la condición necesaria y el liderazgo es la condición suficiente para el surgimiento arrollador de la conciencia popular.

El inconsciente colectivo

Para los individuos y para los pueblos, entonces, la conjunción personalidad-circunstancias y la conjunción demandas-liderazgo, pasan por la afloración a la conciencia del inconsciente colectivo nacional, aunque aún la ciencia no lo reconozca. Es el inconsciente colectivo el que orienta la historia en la línea de la liberación nacional, de cada pueblo. El que resiste y vence la opresión, la vida de cada pueblo, el crisol de la conciencia. Un proceso de recuperación de la identidad nacional, de la cultura nacional, de los valores propios del ser nacional. Aquí se cierra el círculo de la vida como crisol de la conciencia.

El inconsciente colectivo nicaragüense determina las características fundamentales del ser nacional: el nacionalismo y el antiimperialismo. Son estas características las que dan vida a todos los valores propios del nicaragüense: el orgullo de su propia identidad a partir de la cultura originaria, la defensa incondicional de la Patria, el compromiso con la liberación nacional, Y, por supuesto, es el inconsciente colectivo el que orientan la historia patria. Así lo demuestra la propia historia. Desde que, junto al resto de los estados tribales americanos, fue insertada a la historia universal.

El de Nicaragua, en efecto, fue el único pueblo americano que obligó al conquistador a enviar una delegación diplomática para pactar la conquista. El único —o uno de los pocos— donde los estados tribales nativos, enfrentados entre sí, hacen causa común para combatir al conquistador. El primero en tratar de romper la opresión de la colonización española, muy tempranamente, en el siglo dieciséis, prácticamente recién iniciada la Colonia.

Fue también el primero en convocar la unidad regional, incluida la de los otros pueblos americanos, para combatir al invasor extranjero durante la Guerra Nacional (1856-57). Pero sobre todo el primero en vencer militarmente a la potencia más grande de la tierra (1927-33). Un mérito que sólo lo ha logrado Vietnam, posteriormente.

Augusto C. Sandino

El ejemplo de Sandino, pues, es paradigmático en cuanto a conjunción de personalidad-circunstancias y demanda-liderazgo. Es en consecuencia la expresión más fiel del inconsciente colectivo nacional.

No es momento de destacar el desarrollo de la conciencia de Augusto C. Sandino, pero sí la expresión de esa conciencia en sus propios escritos:

“Soy nicaragüense y me siento orgulloso porque en mis venas circula, más que todo la sangre india, que por atavismo encierra el misterio de ser patriota, leal y sincero (…) Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y nervio de la raza (…) Quiero tener la satisfacción de convencer a mis compatriotas, a los de Centroamérica y a la raza Indohispana, de que en las montañas de la Cordillera Andina hay un grupo de patriotas que sabrán morir como hombres, en lucha abierta, defendiendo el decoro nacional (…)” —Manifiesto del uno de julio de 1927, recién hincada la guerra contra Estados Unidos.

“No dudo que somos muy pequeños para vencer a los piratas y felones yankees, pero tampoco podrán negar estos asesinos que nuestra decisión está basada en el sagrado principio de defender nuestra soberanía (…) No hay nada que justifique su intromisión en nuestra política interna, ni tampoco creo que la grandeza del coloso sirva para emplearla en asesinar nicaragüenses (…) Nicaragua no debe ser patrimonio de oligarcas y traidores, ni mucho menos debemos aceptar humillaciones de los expansionistas piratas de dollar (…)” —Carta a Froilán Turcios, del 20 de septiembre de 1927.

“(…) debería callar, para no dar lugar a los políticos de oficio a que tergiversaran mis ideas en el sentido que más les acomode (…) El progreso y la civilización no deben ser estancados: pero no los deseamos en la forma de conquista (…)” —Manifiesto al pueblo de Nicaragua sobre las elecciones, 8 de octubre de 1927.

Por todo esto Augusto C. Sandino es héroe de Nicaragua, de América Latina y El Caribe, y de todos los pueblos del Sur. ¡Nicaragüense!

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