Opinión

El poder mediático llora: los vendedores de gente entran en crisis

El periodismo comercial llora. Tiene miedo. Se hace de noche en el paraíso del mercado

Redacción Central |

El cliente siempre tiene razón: Primer mandamiento de la ley del vendedor. ¿Quién es el cliente? El que tiene dinero. Entonces ¿quién tiene razón siempre? el que tiene dinero. Primer mandamiento de la ley de la transitividad ¿se acuerdan? si a es igual a b y b igual a c, a es igual a c.

El periodismo comercial llora. Siente miedo. Se hace de noche en el paraíso del comercio.

La venta de personas está prohibida en toda la faz de la tierra llamada civilizada, la venta de personas enteras. Pero descuartizadas sí se pueden vender las personas. Por ejemplo: se puede por aquí su fuerza de trabajo, se puede vender por allá su capacidad de atención. Cuando mucha gente a la vez presta atención a una misma cosa, todas esas gentes se convierten en audiencia. La audiencia se puede vender. La vende Tele 5, la vende Antena 3, la vende El País, la vende la COPE, la vende la Ser, la vende Televisión Española…, la compra el Corte Inglés, la compra Gas Natural, la compra Repsol, la compra Mc Donald…

Ley de la transitividad: las personas se pueden vender. Personas que prestan atención son igual a audiencia; audiencia es igual a mercancía; por tanto las personas son igual a mercancía.

Así dicho suena un poco feo pero se practica a diario impunemente y los vendedores de personas suelen alardear de ello, todo lo que pueden, en público y en privado. Lo llaman ranking de audiencia, share, cuota de pantalla…

El cliente siempre tiene razón pero a veces no tiene dinero. ¿Qué ocurre entonces? Llora el periodismo comercial. La princesa está triste. ¿Qué le pasa a la princesa?

Que hay un ERE en marcha en el ABC. Que hay diarios que mueren1. Que RTVE cerró el ejercicio 2008 con pérdidas que ascendieron 71,8 millones de euros, debido sobre todo a la caída de la publicidad y a que no se compensó la reducción del minuto de publicidad. El presidente de la corporación, Luis Fernández, lo explicaba públicamente a comienzos de marzo: ingresados por publicidad 128 millones menos de lo previsto. Los paquetes de gente se venden cada vez peor. Y el ente público RTVE ya redujo la plantilla en más de 4.000 trabajadores en los dos últimos años.

El periodismo comercial llora. Tiene miedo. Se hace de noche en el paraíso del mercado.

Les pasa a todos. «El beneficio neto de los principales grupos de comunicación españoles, Telecinco, Antena 3, Prisa y Vocento, se redujo un 49,2 por ciento en 2008, hasta los 419,8 millones de euros, por la caída de los ingresos publicitarios…»2. Lo contaba EFE el 1 de marzo, siguiendo los datos remitidos a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Valores a la baja. Aunque algunas operaciones de saneamiento mediante dotaciones extraordinarias logren maquillar parcialmente las cuentas para su presentación en público.

Todas han visto caer sus ingresos publicitarios: Telecinco, un 11,6 por ciento; Antena 3 un 17,4; Prisa, un 4,9; Vocento un 16,7. La familia viene a menos y hay que empezar a vender los muebles, por ejemplo, parte de los terrenos del diario ABC, sacados al mercado para evitar tener que suprimir el reparto de dividendos.

Otros, en otros lares, corren suertes parecidas. La cadena británica de televisión, ITV, ha recurrido a la suprimir el reparto de dividendos y a despedir a 600 empleados. En 2008 sus beneficios han descendido un 41 por ciento arrastrados por la pérdida de publicidad. El negocio se afloja y cuando se afloja el negocio se busca cobijo, así es que ITV inicia flirteos para buscar una fusión de emergencia con Channel 4 y Five3.

Cobijo, concentraciones y también ayuda al Estado: los sindicatos, colegios profesionales y asociaciones de periodistas han pedido al gobierno una mesa de estudio de la crisis en la que participen todos4. Se hace oír ahora el argumento de la relación entre dinero y calidad de la democracia. Una denuncia que sí está presente en el discurso cotidiano de los sindicatos de periodistas, pero que para otros es novedad entre sus labios. No es nuevo, sin embargo, el nefasto efecto de la precariedad de la profesión periodística5 sobre la dieta informativa y por ende, sobre el estado de salubridad de las despensas alimenticias informativas en las que se cuecen las decisiones políticas y cotidianas de nuestra ciudadanía. La información basura produce opinión pública basura y decisiones basura.

En el país que piensa de sí mismo que inventó el periodismo también se abre cada día una nueva fosa y con el mes de marzo nos llegan novedades: el Philadelphia Inquirer se ha declarado en quiebra, han anunciado despidos numerosos The San Antonio Express y The San Francisco Chronicle, ha cerrado por defunción económica el más antiguo de Colorado, el Rocky Mountain News, a punto de cumplir el próximo mayo sus 150 años6.

Las personas se venden cada vez peor, pero se siguen vendiendo. Y entre vender la fuerza de trabajo y vender la atención hay una gran diferencia: cada una y cada uno vende su fuerza de trabajo y cobra por ello. A veces la malvende y cobra poco, cobra mal, cobra sucio, y hasta puede que llegue a no cobrar, pero la vende (casi siempre) con soberanía personal. La atención nos la roban antes de venderla y cobran por ella otros, no nosotros; hacen negocio con nuestro patrimonio soberano.

Ahora el negocio les va mal. Nuestra atención se cotiza a la baja, estamos un poco dispersos, más descontrolados, a más sitios a donde mirar, algunos también comerciales (canales temáticos, medios especializados…) eso les da problemas, mucho despistado por aquí y por allá, y la Internet… y los medios alternativos. El modelo de explotación anuncia quiebras, se desquebraja, entra en crisis, fragmentaciones excesivas. Si no quieres que te vendan, procura que no te cacen los mercaderes de la atención. Puestos a pagar, paguemos directamente a quienes investigan y escriben sobre lo que queremos que se investigue. El periodismo alternativo, el periodismo por encargo, el periodismo comprometido, el periodismo al servicio de la gente y no la gente al servicio de los negocios. Las fórmulas son muchas. Funcionan. Y todavía no las hemos inventado todas.

Concha Mateos es profesora de Periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid).

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