Nicaragua

Santo Domingo de Guzmán: Religiosidad, Fe, Tradición, en Managua

Tercera entrega de una serie sobre una tradición bien arraigada en el corazón de los nicaragüenses y en especial de los "managuas"

Santo Domingo de Guzmán
Santo Domingo de Guzmán |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Las fiestas de Santo Domingo de Guzmán son las de mayor atracción dentro del pueblo católico de Managua y tienen reminiscencias indígenas.

Para rendirle tributo los seguidores, ante su imagen, tocan música, bailan, beben y comen en abundancia; muchas veces vestidos de indios, con pieles; y el cuerpo pintado de negro o rojo.

Santo Domingo es para los managuas un patrono popular que, a través de los milagros y la fe, concede peticiones, y cura.

El alma cultural y centro tradicional de las Fiestas Patronales de Managua es la alegre procesión de Santo Domingo,  que acrecienta la devoción religiosa, la fe de miles de creyentes, que rinden homenaje al Santo, Minguito, al que acompañan y reverencian, en esa pequeña y antigua imagen, que se venera, y venerará, de generación en generación.

Minguito permanece todo el año en la Parroquia de Las Sierritas, zona ubicada al sur de la ciudad, entrando a la derecha, por el kilómetro 9 de la carretera a Masaya; se mantiene hasta cada primero  de agosto, cuando es sacado en procesión hasta la Iglesia de Santo Domingo, ubicada, en lo que fuera el centro de la ciudad.

Esta tradición se conoce como «La Bajada del Santo».

Ahí permanece por varios días hasta que es regresado a Su Casa, en una procesión inversa a la primera, lo que constituye «La Subida del Santo».

Esto se debe a que la parroquia en Las Sierritas está ubicada a mayor altura que el centro viejo de la ciudad. También se conoce como «La Traída» y «La Llevada» del Santo.

Son miles las personas que realizan todo el recorrido junto al Santo, o esperándolo en los puntos del trayecto. Jóvenes, adultos, niños, ancianos, hombres y mujeres, todos amantes devotos y fervientes de La Fe; y de la tradición; y quieren rendirle culto, tocarlo, bailarle, acompañarlo, y, lo más importante, agradecerle el milagro recibido.

Por eso llaman la atención, y son tan respetados, los «promesantes», nombrados así porque el motivo de su asistencia es el pago de una promesa hecha al Santo, luego de que recibieran La Gracia del Milagro, solicitado y concedido.

Los promesantes son la columna vertebral de las fiestas. Según la promesa de cada una o cada uno, será su forma de pago por el milagro; usan atuendos llamativos tradicionales que dan un colorido atractivo a la procesión. Algunos se visten con trajes folclóricos, otros de indios, muchos se embadurnan el cuerpo de aceite carro, negro, (los llamados negritos), o con otras sustancias hasta quedar rojos y parecer diablos (los diablitos).

Otros tantos se visten de la tradicional «vaquita» y algunos entran a la iglesia de rodillas, otros simplemente bailan con su ropa habitual. Los hay también quienes reparten a la multitud bebidas y comidas tradicionales, como parte del pago a sus promesas.

Las promesas las hace el devoto o la devota, por un familiar, una hija, un hijo, nietas, nietos; familiares; y se compromete ante El Santo, en sus rezos, o frente a Él. En la iglesia del santo, en la procesión, o en el rezo ínfima de cada persona.

Las fiestas son muy alegres. El Santo es transportado en una peana plana de madera, con una base cuadrada de un metro de largo por uno de ancho, y con una altura en el centro de medio metro.

Santo Domingo, protegido por una cápsula de vidrio, es colocado en el centro, y el contorno es frondosamente adornado con plumas vistosas y arreglos de flores que, al terminar la procesión, son obsequiadas a los promesantes que las solicitan como reliquias.

Una multitud de «cargadores» tradicionales lleva en sus hombros el pedestal y se van turnando unos a otros en todo el recorrido. Para casi todos éstos, esa es la forma que han encontrado de pagar su promesa. Ellos están organizados, y hasta tienen su propia oficina.

El andar del Santo no es lineal, Minguito literalmente «baila», literalmente «lo bailan», es decir, muevan a Minguito al ritmo de la música y los promesantes bailan y bailan junto a él, a los lados, al afrente y atrás; al compás alegre de los chicheros que entonan música propia de la tradición, va sobre sus cargadores brincando, avanzando lentamente pues su desplazamiento es hacia adelante, hacia atrás, hacia un lado, hacia el otro.

En torno a él, la multitud en procesión también baila y quema pólvora para hacer más ruidosa la actividad. Ni el fuerte sol ni la lluvia detienen la procesión.

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