Nicaragua

Comandante Gaspar García Laviana: ¡Mis obras son del pueblo!

El día del triunfo vamos a construirlo con el sacrificio de nuestros héroes, afirmó el Comandante “Martín”, caído en combate por la libertad de Nicaragua hace 41 años, a quien hoy todo nuestro país rinde sentido homenaje

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LA VOZ DEL SANDINISMO |

“El pueblo reclama lo que es suyo: un país libre y justo donde el robo y el asesinato desaparezcan”.
Gaspar García Laviana, 1975.
Con los campesinos vivió y murió. Decían los guerrilleros que lucharon por la libertad de Nicaragua, que el Comandante Martín, como se conocía en el Frente Sandinista de Liberación Nacional al sacerdote asturiano Gaspar García Laviana, siempre fue el primero en entrar en combate y el último en retirarse.
El Comandante García Laviana, nacido en 1942 en Les Roces, un pequeño poblado del municipio de San Martín del Rey Aurelio, en Río Nalón, Asturias, España, llegó a Nicaragua como misionero en 1969. Se había hecho sacerdote en 1967. Fue destinado a la parroquia de San Juan del Sur, Rivas, y posteriormente a Tola, en el mismo departamento.
Desde su llegada comenzó a identificarse con los sectores más humildes de Nicaragua, los explotados, torturados, asesinados y vilipendiados por el somocismo. Tuvo muchos enfrentamientos con los oligarcas corruptos al servicio del tirano Somoza, y fue tomando conciencia, cada vez más profunda, de los sufrimientos a los que era sometido el pueblo.
En 1977 se une al FSLN. “He tocado con mis manos la vileza, el escarnio, el engaño, el latrocinio representado por el dominio de la familia Somoza en el poder”, escribió en la carta en la que anunciaba su ingreso a las filas de la guerrilla revolucionaria.
Desde su entrada al FSLN, García Laviana se volcó en la lucha armada como miembro del Estado Mayor del Frente Sur “Benjamín Zeledón”. A su valentía y arrojo temerario le acompañaron una tremenda humildad y liderazgo. “A morir, a morir, guerrillero, que para subir al cielo, hay que morir primero”, afirmó en uno de sus poemas.
Su producción poética también tenía un profundo compromiso revolucionario. Así lo muestra, por ejemplo, su obra Cuando muera:

No quiero que sollocen mentiras
las sanguijuelas del pueblo
No quiero que me lloren
los perros que comen rebaños de gente.
No quiero sus lágrimas saladas
esterilicen mis obras.

Podría pensar el mundo inocente
 que he sido de ellos.
Y solo el pensarlo me enferma.
He defendido mi libertad en la vida,
pero lo tienen todo
y también quisieran
echar sus garras a mis obras
cuando muera.

No, ¡que mis obras son del pueblo!
¡que se beban
sus lágrimas amargas!

De forma profética, García Laviana dijo en su carta de declaración de unión al FSLN: “He de combatir hasta mi último aliento por el advenimiento del reino de la justicia en nuestra patria”.
Y así lo hizo. El Comandante “Martín” cayó combatiendo en el lugar conocido como “El Infierno”, o “El Disparate”, municipio de Cárdenas, el 11 de diciembre de 1978. Tenía 37 años. Faltaban siete meses para la aurora del 19 de julio de 1979. Ese día la celebración por la verdadera libertad de Nicaragua tuvo también el tributo a uno de los hijos adoptivos de la Patria que ayudó a conseguirla.
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