Nicaragua

Exceso de amor propio

Cuando se hace patológico y afecta a todos

Exceso de amor propio
Exceso de amor propio |

B. García |

Amarnos a nosotros mismos es clave para tener una vida interior saludable. Nos protege de las adversidades del destino que tarde o temprano concurrirán; y refuerza la autoestima ante inclemencias, fracasos y desaciertos.

Y es que la autoestima supone el componente afectivo de la autopercepción, y el escenario ideal en el que se despliegan las interacciones que mantenemos con nosotros mismos y con los demás.

Al igual que muchas otras cosas de la vida, no obstante, los excesos pueden hacer que algo valioso devenga perjudicial. En tal línea puede ubicarse el narcisismo, como posición extrema de sobrevaloración propia y de devaluación ajena.

El narcisismo puede entenderse en un sentido popular y en un sentido clínico. En el primero de los casos se trata de un término con el que se describe una actitud de embelesamiento hacia la propia identidad, una exageración de las virtudes de las que se dispone (o no) y una tendencia a la sobreestimación. En el segundo se trata de un patrón estable de personalidad, incluido en el clúster B del manual DSM-5 (junto al límite, el histriónico y el antisocial), y que puede afectar al desarrollo de la vida.

Procedemos a describir los límites de este fenómeno, señalando la forma en que se expresa. También se hará una reflexión sobre sus consecuencias para la propia persona y su entorno, las cuales son el eje principal sobre el que se traza la distinción entre lo «normal» y lo patológico.

1. Sentimientos de grandeza u omnipotencia

Los sentimientos de grandiosidad forman parte de los síntomas más característicos del trastorno narcisista de la personalidad. En estos casos la persona se percibe a sí misma como capaz de protagonizar grandes hazañas, pese a no disponer de razones objetivas para ello, hasta el punto de que es frecuente que se presenten fracasos notorios ante el intento por alcanzar lo que anhelan de un modo desproporcionado e incongruente.

2. Fantasías de éxito desmesurado

Las personas con trastorno narcisista de la personalidad proyectan el futuro considerando que van a ser acreedoras de grandes éxitos y fortunas, y depositarias de un enorme poder o trascendencia social. Tales fantasías también pueden asociarse a la expectativa de grandes pasiones amorosas con personas idealizadas, pese a no apreciarse en este caso delirios de tipo erotomaníaco (irreductible convicción de que se es objeto del amor de un tercero sin que exista evidencia que pueda sustentarlo).

Esta fantasía a menudo acaba contrastando con una realidad ordinaria, la cual supone un motivo de frustración y afrenta íntimo. Es por ello que tienen cierta tendencia a acusar a los demás de sus fracasos, considerando que la mediocridad ajena explicaría la incongruencia entre su yo ideal y su yo real.

3. Creencia de que se es especial o único

Los narcisistas esgrimen la creencia de que son especiales o únicos, poseedores de una serie de atributos que los diferencian del resto de los individuos, los cuales se perciben como particularmente regulares en lo relativo a su forma de ser y actuar. Este desprecio puede llegar a ser vehemente, sobre todo cuando se exige al entorno social que actúe de un modo concreto cuando está frente a él, demandando la más extrema de las cortesías.

4. Excesiva necesidad de admiración

El narcisista es una persona que cree precisar de la admiración constante, motivo por el cual vive cualquier confrontación como inadmisible. Su necesidad imperiosa le conduce a indagar en la opinión de los demás, pero no porque la valoren, sino porque desean recibir palabras aduladoras.

5. Sentimiento de privilegio

Las personas con trastorno narcisista de la personalidad se consideran merecedoras de todo tipo de privilegios, abrazando ideas sobre el futuro que no se adhieren a la realidad. Así, conciben que sus expectativas se satisfagan de manera espontánea sin haber invertido un esfuerzo proporcional al logro que se prevé obtener. La prosperidad que se desea para la vida no resultaría razonable a tenor de las circunstancias del presente o de los actos que se emprenden por mejorarlas.

6. Explotación de las relaciones personales

Las personas con un trastorno narcisista de la personalidad tienen grandes dificultades para mantener relaciones horizontales, buscando siempre un posicionamiento que proporcione beneficios (pese a que perjudique seriamente a terceros). En todo caso, se priorizan a sí mismas en todos los contextos, incluso en los casos en los que el incentivo sea diminuto en contraste con el perjuicio que supone para los otros implicados.

Los narcisistas se aprovechan de los demás para alcanzar sus objetivos, adoptando una posición utilitarista en sus relaciones sociales.

7. Déficit empático

Las personas con un trastorno narcisista de la personalidad no suelen ponerse en la piel de los demás, lo que implica severos problemas para conectar emocionalmente con quienes les rodean. Son muy poco sensibles al dolor y al malestar ajeno, por lo que raramente hacen un esfuerzo por aliviarlo, pese a que tengan la posibilidad de ello al alcance de la mano.

8. Sentimientos de envidia

Las personas con trastorno narcisista viven la envidia de un modo particularmente intenso, y además en dos posibles direcciones. Por un lado tienden a experimentar este sentimiento cuando una persona cercana alcanza el éxito en cualquier ámbito de la vida, especialmente cuando perciben que ha superado sus logros o méritos.

Este conflicto tiende a resolverse a través del desprecio directo y la devaluación de lo conseguido por el otro, y jamás como un acicate para aumentar el esfuerzo individual.

Por otra parte, las personas narcisistas suelen creer que son objeto de la envidia de otros; lo que implica la creencia de que les imitan en su forma de actuar, de vestir o de vivir.

9. Conducta arrogante

La arrogancia es el resultado inevitable de la confluencia de los síntomas descritos en este artículo. El sentimiento de superioridad y la pobre empatía, dos dimensiones ancladas en lo subjetivo, se expresan conductualmente a través de la arrogancia y el orgullo desmedido. La arrogancia se traduce como prepotencia y altanería, así como por la incapacidad para reconocer los errores propios y la costumbre de subrayar los defectos de los demás.

Por ello, las interacciones con estos individuos pueden deteriorar severamente la autoestima y convertirse en un estímulo aversivo que el entorno tratará de evitar.

Mel/

también te puede interesar