Nicaragua

Coincidencias o buen camino

Puede ser positiva, negativa o neutra, pero lo que cuenta al fin y al cabo es cómo decidamos manejar ese acontecimiento

Coincidencias o buen camino
|

B. García |

Se conoce como coincidencia el acto y el resultado de coincidir: estar de acuerdo, convenir.

Pero no podemos confundir la coincidencia con el buen camino. Las coincidencias empiezan a trazarse una tras otra en el horizonte, el corazón se llena de satisfacción y de ese prudente entusiasmo donde entender que todo esfuerzo está trayendo sus precisos resultados. Al fin y al cabo, cuando la mente se focaliza en aquello que desea con firmeza y apertura las cosas no suceden por casualidad, sino por determinación.

Todos, en algún momento, hemos experimentado una sensación semejante. Esa donde casi sin saber cómo, empiezan a sucederse pequeños eventos casuales que guardan cierta relación entre sí; esos que de algún modo, parecen ajustarse a nuestro plan.

Ahora bien, los matemáticos Persi Diaconis y Frederick Mosteller, de la Universidad de Berkeley, explicaban en un estudio de 1989 que no debemos prestar excesiva atención a las coincidencias, porque no son más que eventos raros con baja fiabilidad y que casi nunca nos ayudan a predecir algo.

No obstante, desde finales de aquellos años 80 el enfoque sobre el aspecto de las coincidencias ha cambiado bastante. Así, Bernard Beitman, psiquiatra de la Universidad de Virgina, escribió un libro muy interesante titulado Connecting with Coincidence (Conectando con las coincidencias) donde nos explica que a veces estos eventos del azar trazan nuestros propios destinos.

A veces, la concatenación de varias coincidencias nos da la pista de algo, de algo que solo con apertura, confianza y empeño podremos determinar.

Las coincidencias, explica el doctor Tenenbaum, impulsan y favorecen muchas de las inferencias que hacen nuestras mentes. De hecho, nuestro cerebro está programado para detectar cualquier estímulo anómalo y casual e intentar hacer asociaciones para entenderlo y favorecer nuevos aprendizajes.

David Spiegelhalter, estadístico de la Universidad de Cambridge, lleva años estudiando el tema de las coincidencias y el resultado de sus trabajos han quedado recogido en el espacio de dominio público Atlantic. Así, y según este profesor, las coincidencias solo pueden entenderse con un adecuado análisis estadístico.

Es a través de este método cuando nos damos cuenta de un aspecto: las coincidencias más llamativas tienen que ver con nuestras relaciones sociales. Un ejemplo de ello es coincidir en diversos lugares con la que será finalmente nuestra pareja.

Otra es conocer a alguien que casualmente nos sugiere nuevos proyectos de los que acabamos formando parte (justo en el momento en que más necesitamos un cambio). Una más es percibir cómo vamos avanzando en nuestros proyectos personales gracias a conectar con otras personas que comparten nuestras mismas ilusiones.

Por otro lado, un aspecto interesante del trabajo del profesor Spiegelhalter es que donde se evidencia poca correlación es cuando alguien desea algo y espera que ese evento suceda sin involucrarse en él. Es decir, solo cuando nos movemos y propiciamos situaciones nuevas se generan esas coincidencias que podemos usar a nuestro favor.

Las coincidencias son el resultado del azar, pero también de ese impulso que nosotros mismos generamos con nuestra disposición personal y psicológica. Todo ello nos anima a entender determinados aspectos sobre los que merece la pena reflexionar.

Una coincidencia puede ser positiva, negativa o neutra, pero lo que cuenta al fin y al cabo es cómo decidamos manejar ese acontecimiento. El modo en que lo hagamos, la respuesta, el enfoque mental y el comportamiento que apliquemos detrás de ese hecho será el que verdaderamente determinará nuestro destino.

también te puede interesar