Nicaragua

Cerro Negro, un volcán con historia escrita

A 169 años de nacido mira al Océano Pacífico desde su atalaya de 726 metros de altura

Cerro Negro, un volcán con historia escrita
Volcán Cerró Negro |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

La madrugada del 13 de abril de 1850, sin apenas anunciar los característicos dolores del parto, entre retumbos la Tierra dio a luz en la llanura que circunda a la ciudad de Santiago de los Caballeros de León un volcán, que a 169 años de nacido mira al Océano Pacífico desde su atalaya de 726 metros de altura.

El color azabache que le da nombre le bastaría al Cerro Negro para destacar entre los 22 volcanes que adornan con esa mezcla poética de peligro y belleza la topografía de Nicaragua.

Pero su condición del bebé de los conos de fuego en América Central hace que su historia de 23 capítulos cuente con unos anales más completos que los de una ciudad fundada por los conquistadores españoles.

Desde los 50 metros que alcanzó a las dos semanas de nacido hasta sumar su actual altura, el Cerro Negro denota un ritmo de crecimiento que de continuar sus periódicas erupciones, cada algo más de siete años como promedio, en pocos siglos, y eso es nada en historia geológica, llegará a alzar su corona ígnea por encima del San Cristóbal, el rey de los volcanes nicas con sus mil 745 metros.

Para los amantes a sentir el flujo de la adrenalina escalar la cúspide de la colina arenosa y carente de vegetación es uno de los mejores retos que plantea la aventura.

Una mirada de 360 grados mezcla allí los otros volcanes de la cordillera de Los Maribios, la llanura fertilizada por Negro, donde crecen algodonales, maizales y naranjales, la inmensidad azul del Pacífico y la obra humana.

El olor a azufre y el calor que emana desde las entrañas del horno natural complementan la experiencia y validan el esfuerzo de dos horas y media de escalada.

Y luego el descenso «a bordo» del ashboarding, el novísimo deporte extremo que usa las cenizas negras del montículo como perfecto elemento deslizante.

A la casi perfecta historia escrita del Cerro Negro solo le faltó su Dionisio Pulido, el campesino mexicano bajo cuyos pies a las cinco de la tarde del 20 de febrero de 1943 comenzó a brotar el Paricutín, el volcán que se lleva los lauros de ser el más joven del planeta.

En muy probable que a algún labriego leonés le sucediera algo parecido con el benjamín de los conos centroamericanos, pero los medios de comunicación de entonces estaban en pañales o quizá la madrugada partera del fuego conspiró contra la primicia.
mem/piz

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