Nicaragua

¡200 bailarines para celebrar a Managua!

Festejando nuestra capital por todo lo alto

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LA VOZ DEL SANDINISMO |

Al cumplirse en marzo el Bicentenario de nuestra capital, Managua, la ciudad se viste de celebraciones y fiestas.

En esta ocasión, el folklorista Wilmor López, incansable, infatigable promotor y guardián de nuestra cultura, nuestras tradiciones, invita a realizar un desfile, y que también en los desfiles de septiembre se haga una coreografía magistral, por lo menos con 200 bailarines, con la Canción “Managua, Linda Managua”, original de Don Otto de la Rocha, para celebrar con alegría los 200 años de nuestra capital, así lo dio a conocer la Vice Presidenta de la República, Compañera Rosario Murillo.

Según se cuenta en el libro Managua a través de la historia del autor Gratus Halftermeyer, El 24 de marzo de 1819 el Rey de España don Fernando VII decretó una Real Cédula concediendo al poblado de Managua, en el Reyno de Gosthemala, Provincia de Nicaragua, el Título de Leal Villa de Santiago de Managua, con derecho a gozar de las preeminencias de Ayuntamiento, forma.

Esta gracia fue mandada a publicar por bando en la Intendencia de León y en el referido pueblo de Managua, el 21 de abril de 1820.

Accidentalmente en julio de 1846 residía en la muy Leal Villa de Santiago de Managua el Gobierno del Estado, siendo Director el Senador don José León Sandoval; y decimos accidentalmente porque según las circunstancias, la capital se trasladaba a León, Granada o Masaya.

El primer cabildo de Managua estuvo en donde está hoy el Monte de Piedad. En el primer período del General Zelaya pasó ese cabildo a la esquina opuesta al maestro Indalecio Bravo, o sea donde es ahora la parte trasera de Catedral.

No había moneda nacional por estos tiempos. Corría sí, la moneda de otros países: de Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Honduras, Perú, de México y de Chile. Las bambas de esta última nación tenían una leyenda: «Por la Razón o la Fuerza» que llamaba la atención por lo enérgica; lo contrario del córdoba de ahora que dice dulcemente: «En Dios confiamos”.
Para las pequeñas compras en los tiangues se transaba con cacao o candelas de sebo que servían para el alumbrado, porque el gas no se conocía aún. De entonces quedó un refrán entre el pueblo: tener un palito de cacao, y que se refiere a tener dinero o tener de qué vivir.
mem/mel

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