Nicaragua

Rubén Darío, el poeta imprescindible

Hoy más que nunca Nicaragua está comprometida en la lucha por la Paz que reclamó el Príncipe de las Letras Castellanas

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Rubén Darío |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Como cada año, Nicaragua celebra este Enero Victorioso un aniversario más del natalicio de Rubén Darío, el poeta imprescindible que alumbró un nuevo horizonte literario.

Nacido el 18 de enero de 1867 en la ciudad que actualmente lleva su nombre, de su pluma brotó la vanguardia artística del Modernismo, que cultivó profusamente con creaciones como “Azul”, “Prosas profanas”, “Cantos de Vida y de Esperanza” y “Poema del Otoño”.

A tal punto que su impronta renovadora, su manera de retratar lo real y plasmar lo onírico, le hicieron trascender como el Príncipe de las Letras Castellanas.

Aunque sus ojos avistaron numerosas ciudades y aludieron a tantos escenarios exóticos, guardó siempre un lugar especial en el corazón para su Patria, hacia la cual volvía constantemente la mirada y para la que albergó los mejores deseos.

Por eso, como expresó el Comandante Daniel Ortega a propósito de su tránsito a la inmortalidad, hoy más que nunca Nicaragua está comprometida en la lucha por esa paz que reclamaba Darío.

Y es así que aprovechamos la ocasión para regalarte tres poemas del bardo nicaragüense que reflejan su legado, eminentemente latinoamericanista y autóctono, pero sobre todas las cosas, universal e imperecedero.

 

LOS TRES REYES MAGOS

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!

***

SÉ, PUES, JUSTO Y BUENO

Hemos de ser justos, hemos de ser buenos, Hemos de embriagarnos de paz
y amor, Y llevar el alma siempre a flor de labios Y desnudo y limpio
nuestro corazón.

Hemos de olvidarnos de todos los odios,
de toda mentira, de toda ruindad
hemos de abrasarnos en el santo fuego
de un amor inmenso, dulce y fraternal.

Hemos de llenarnos de santo optimismo,
tender nuestros brazos a quien nos hirió; Y abrazar a todos nuestros
enemigos en un dulce abrazo de amor y perdón.

Olvidar pasiones, rencores, vilezas…
Ser fuertes, piadosos, dando bien por mal:
¡Que esa es la venganza de las almas fuertes Que viven poseídas de un
santo ideal!

“Hemos de estar siempre gozosos”, tal dijo Pablo el elegido, con
divina voz, Y a través de todos los claros caminos caminar llevando
puesta el alma en Dios.

Hemos de acordarnos que somos hermanos,
hemos de acordarnos del dulce Pastor.
Que crucificado, lacerado, exánime…
para sus verdugos imploró perdón.

***

CAUPOLICÁN

Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón salvaje y aguerrido,
cuya fornida maza blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de
Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza, pudiera tal guerrero, de
Arauco en la región, lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día, le vio la tarde pálida,
le vio la noche fría, y siempre el tronco de árbol a cuestas del
titán.

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta», e irguióse la alta
frente del gran Caupolicán.

mem/abc

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