Nicaragua

Lavada de la Plata: mezcla de historia, tradición y fervor religioso (+Fotos)

Varias tormentas y, sobre todo, el amor de un pueblo, impidieron que la venerada y milagrosa imagen de la Purísima Concepción de María, saliera de Nicaragua

Lavada-de-la-Plata-mezcla-de-historia-tradicion-y-fervor-religioso
Lavada de la Plata |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Fieles a nuestras tradiciones religiosas, hace más de 200 años, miles de feligreses llegan hasta la Basílica Menor de la Inmaculada Concepción de María, ubicada en la ciudad El Viejo, en Chinandega, donde nos aguarda nuestra Santísima Virgen de Trono desde hace más de cuatro siglos.

Miles de devotos llegamos allá para, en un acto de fe, lavar los tesoros que acompañan a la Virgen, limpiar milagros y un centenar de objetos que acompañan a nuestra Madre María. La tradición se denomina Lavada de la Plata y es esperada con fervor por las familias nicaragüenses.

 

Lavada de la Plata

Desde hace más de dos siglos, en las primeras horas de cada 6 de diciembre se inicia la acogida de peregrinos que llegan hasta El Viejo para la tradicional Lavada de la Plata, un rito religioso que simboliza la limpieza del alma de los peregrinos.

Tiene un sentido espiritual porque nos limpia el corazón y purifica el alma. Cómo queda de reluciente el metal, debe quedarnos nuestro corazón cuando salimos de este lugar.

 

Lavada de la plata

Lavada de la plata

Una misa a las nueve de la mañana precede el acto de descender a la Virgen de su camarín y sacar a la calle sus tesoros y regalos que se ponen en las manos del pueblo para pulirlos.

Los candelabros que adornan el altar, la casita de plata en que descansa y reposa la imagen, la peana, las andas procesionales. Así como cálices, vasos, copones, entre otros, son pulidos con vehemencia para llegar con el alma limpia y resplandeciente a La Gritería.

Fieles a su Virgen, los feligreses guardan los algodones, trapos, pañuelos u otros instrumentos que utilizaron para tal fin.

 

Recuerdos

Recuerdos

Otros devotos reparten tiste y chicha de maíz para pagar promesas y artesanos ofertan jícaras y guacales que sirven para servir estas bebidas tradicionales.

Estas actividades culminan el 8 de diciembre con la procesión solemne, único día que sale la venerada imagen antigua a recorrer algunas de las calles del pueblo a las cuatro de la tarde hasta las diez de la noche.
La iglesia que resguarda a la Patrona de todos los nicaragüenses fue construida en el siglo XVII y elevada a Santuario Nacional el 8 de octubre de 1995, para luego, el 7 febrero de 1996 el papa Juan Pablo II, en su segunda visita a Nicaragua, lo declaró Basílica Menor.

La Virgen se quedó

Hace más de cuatro siglos y medio llegó por designio de Dios a la ciudad de El Viejo, la venerada y milagrosa imagen de la Purísima Concepción de María, nuestra Santa Patrona.

Cuenta la tradición que, en el año de 1562 a causa de una depresión tropical, Don Lorenzo de Cepeda, quien viajaba hacia Perú, tuvo que hacer escala en el húmedo Puerto de la Posesión, ahora llamado, El Realejo.

Entre las cosas que Don Lorenzo traía consigo se destaca una imagen de la Virgen de la Concepción.

 

Inmaculada Concepción de María

Inmaculada Concepción de María

De El Realejo, Don Lorenzo de Cepeda se vio forzado a viajar a El Viejo, pueblo cercano, buscando mejor clima y como era muy devoto de la Virgen, se la llevó con él y la depositó en la Parroquia por seguridad y evidente comodidad.

Buscaba asistencia de los Frailes Franciscanos quienes habitaban en Chamulpa, hoy El Viejo. Allí tenían su convento y asistencia médica.

Los habitantes de El Viejo, indios y mestizos, fueron atraídos por la belleza de la imagen, y llegaban a la Parroquia a admirar a la “Niña Blanca”.

Pronto adquirió prestigio de milagrosa, pero Don Lorenzo tenía que partir y a pesar de las protestas y ruegos, empacó su bella imagen y se fue a El Realejo para embarcarse rumbo a Perú.

Cuando el barco se hizo a la mar, vino otra tormenta y el velero tuvo que regresar al puerto nicaragüense para evitar un naufragio. De nuevo Don Lorenzo se fue a El Viejo, cargando la sagrada estatua de la Virgen de la Concepción.

El pueblo entero se volcó fervoroso a venerar a la Virgen y mestizos, indígenas y españoles interpretaron “que la Virgen no quiere irse de El Viejo, la Inmaculada Concepción quiere quedarse”.

El pueblo entero ejerció una gran presión en Don Lorenzo y éste como fervoroso hijo de María, cedió “a los deseos de la Virgen”, donó la imagen al pueblo de El Viejo y partió hacia su destino original, Perú.

La devoción a la Inmaculada Concepción creció enormemente y hoy en día es venerada en un bellísimo altar de madera y tejidos en oro donado por sus devotos por las gracias concedidas.

Mel/Ybb

 

también te puede interesar