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Cuentos de Navidad

Historias breves y enternecedoras

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LA VOZ DEL SANDINISMO |

Muchos poetas y escritores famosos nos han dejado cuentos, poemas y maravillosas frases de Navidad para que durante estas fechas nos sintamos embargados por el espíritu navideño.

Hemos recogido dos Cuentos de Navidad cortos para que disfrutés con estas historias breves y enternecedoras que nos propusieron León Tolstoi y Gustavo Adolfo Bécquer.

La literatura navideña, ya sea en forma de cuento, poema o novela, merecería constituir un género aparte. La temática, el vocabulario, todo es particular y diferente, no en vano muchos grandes escritores le han dedicado por lo menos un relato. Algunos son terroríficos, pero la mayoría de estos cuentos son tristes y nos hablan de personajes que, en estos días navideños, encuentran solución o por lo menos consuelo a sus problemas.

La Navidad especial de Papa Panov (León Tolstoi)

Es uno de los cuentos de Navidad cortos más conocidos.

Papá Panov es el zapatero de un pequeño pueblo ruso, la víspera de Navidad se duerme y en sueños oye la voz de Jesús que le dice que al día siguiente lo visitará.

Cuando despierta, prepara un buen desayuno y mira por la ventana esperando que llegue Jesús, en ese momento ve al pobre barrendero con su escoba a pesar de ser el día de Navidad. Compadecido, lo hace entrar y le ofrece un buen desayuno, el hombre marcha agradecido.

Hacia el medio día, sigue mirando por la ventana a la espera de su invitado cuando ve a una madre con su hijito pasando frío. Abre la puerta y los hace entrar, los alimenta y al ver al niño descalzo le regala los zapatitos que tenía preparados por si venía Jesús.

Por la tarde, sigue observando el horizonte sin que llegue Jesús, pero ve un grupo de mendigos y también los hace entrar, dándoles calor y sopa a todos.

Al llegar la noche, se sienta en su sillón un poco decepcionado: Jesús no lo ha visitado. En ese momento oye la voz del Salvador que le dice que sí ha estado en su casa. El barrendero, la madre y el niño y los mendigos eran Jesús y él los ha vestido, alimentado y calentado.

El corazón de papá Panov se llena de gozo y solo “quería empezar a cantar y a reírse y a bailar de pura alegría”.

Maese Pérez el Organista (Gustavo Adolfo Bécquer)

Esta historia ocurre en Sevilla en la Iglesia del convento de Santa Inés.

Maese Pérez es el organista de la parroquia, es ciego, pero toca como los ángeles. Su momento estelar es la misa de Nochebuena.

Ese año, parece que no llegará a tiempo y hay otro organista preparado. Finalmente aparece Maese Pérez muy enfermo y se pone a tocar el órgano.

Al llegar a la consagración, se oye una discordante y el órgano enmudece. El maestro ha muerto mientras tocaba, acompañado de su hija.

Al año siguiente nadie quiere tocar en la misa de Nochebuena y el otro organista dice finalmente que él lo hará. Resulta magnífico y al salir el obispo lo reclama para tocar al año siguiente en la catedral. El organista le dice que sí, que no volverá a tocar ese órgano nunca más porque es viejo y no suena bien.

La siguiente Nochebuena, prácticamente nadie acude a Santa Inés. La hija de Maese Pérez, que ha profesado como novicia, es maestra de música y le proponen que toque ella el órgano.

La joven explica a la superiora que ha visto una sombra tocando el viejo órgano con maestría sin igual. La priora le dice que lo ha imaginado y que toque sin miedo en la misa. Cuando llega la consagración, se oye la música y un grito femenino. Es la hija de Maese Pérez que avisa de un prodigio.

Tocando el órgano está su padre o el alma de su difunto padre ya que se mueven las teclas, pero no se ve a nadie. El pueblo de Sevilla y su obispo lamentaron no haber estado presentes en el prodigio y creyeron firmemente que el alma del organista estaba unida a la de su instrumento el día de Nochebuena.
El concierto del otro organista en la catedral, resulta un fiasco.

Mel/Bga

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