Nicaragua

Nicaragua, su turismo y la defensa de la paz

La atractiva vida turística nicaragüense constituye hoy poderoso argumento contra aquellos que quieren lacerar la paz

Nicaragua, su turismo y la defensa de la paz
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Oliverio Celaya |

El turismo constituye un arma verdaderamente eficiente contra la guerra y las incomprensiones que generan conflictos. Esta afirmación la sustentan en la actualidad muchos expertos en la industria de los viajes y se aplica de excelente manera a nuestra Nicaragua.

Paz y turismo frente a acciones de terrorismo y desestabilización son dos palabras y hechos que son necesarios tener en cuento.

En su momento, el presidente de la Asociación Internacional de Periodistas y Escritores Latinos de Turismo (VISIÓN), el uruguayo Julio César Debali, señaló que los viajes y el conocimiento de otras formas de ver el mundo constituye herramienta importante para potenciar la amistad y enfrentar los conflictos.

Dijo para ese entonces que en medio de un mundo cada vez más convulso por los aires de guerra, los periodistas latinos de turismo buscan un escape, identidad común que blasone la amistad como fundamento y los viajes como la manera de intercambiar cultura, ideas y futuro.

Editor de la revista digital Viajes y Turismo del Mercosur siempre defendió el criterio de que conocerse entre sí permite una mayor tolerancia que beneficia la paz.

Tales reflexiones vienen a colación ahora con la situación que viste nuestro país, y por tanto es apropiada una mirada al turismo a las bellezas del país y a todo lo que esas personas violentas ponen en peligro, al eludir un diálogo productivo que resuelva las diferencias.

Nicaragua, su turismo y la defensa de la paz

Nicaragua constituye orgullo y atractivo, melodía, poesía y respeto por la naturaleza, de ahí que cada año aumente su turismo, y lleguen al país más personas interesadas en comprender las tradiciones y cultura.

Ubicado al norte de Costa Rica y al este de Honduras, todo el territorio está repleto de colorido, tanto en los trajes típicos, en las comidas tradicionales y en el motivo divino de la espiritualidad del nicaragüense, su fortaleza y lucha, sus miradas al futuro.

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El apelativo de Nicarague proviene del Náhuatl, dialecto hablado por sus primitivos pobladores en épocas precolombinas: Nic-atl-nahuac: la expresión significa “Aquí junto al agua”.

Nicaragua posee los dos Lagos más grandes de Agua Dulce de Centroamérica: el de Managua o Xolotlán, y el de Nicaragua o Cocibolca. El lago de Nicaragua es el mayor de América Central, su superficie sobrepasa los ocho mil kilómetros cuadrados.

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También tiene muchos volcanes y lagos en la zona oeste; por esto, es conocida como: “Tierra de Lagos y Volcanes”.

Y como estamos hablando de colorido, pues podemos mencionar a la flor nacional, un heliotropo llamado Sacuanjoche. Esta nación es la mayor de Centroamérica, con 130 mil 700 kilómetros cuadrados.

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Nicaragua tiene 58 formaciones volcánicas de las cuales seis son volcanes activos, como el Telica (1061 metros), San Cristóbal (1745), Cerro Negro (675), Momotombo (1258), Masaya (635) y Concepción (1610).

El Lago de Nicaragua es una reserva ecológica, pues constituye el hábitat de especies raras de peces, y allí viven los únicos tiburones de agua dulce del mundo, además de la gran variedad de pájaros que le habitan.

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El quetzal era el ave sagrada de los Mayas, y que vive en los países centroamericanos. Y también se encuentra en las selvas nicaragüenses, de conjunto con diversas especies de otras aves.

En las junglas de la costa del Caribe, en Nicaragua, crecen árboles que llegan a medir hasta 60 metros de altura, por demás completan ese colorido mencionado y repetido un paraje sumamente atractivo, pues reciben el nombre de Las Isletas, un grupo de 356 islas pequeñas en las costas de Granada, en el Lago de Nicaragua.

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Su capital es Managua, el gentilicio es nicaragüense, la moneda el Córdoba y por si fuera poco, sus habitantes son firmes y preocupados por un futuro que se gesta día a día. De ahí que los extranjeros amen a este país y regresen una y otra vez para descubrir sus bellezas y comprender mejor a sus moradores.

Sin embargo, las acciones desestabilizadoras ponen en peligro que muchas personas visiten nuestro país y que las familias de nicaragüenses puedan disfrutar en tranquilidad de las bellezas mencionadas.

Entonces, si esas personas miraran a su derredor y se detuvieran a meditar un tanto de la condición humana de la cordialidad y la comunicación, otra sería la situación, o por lo menos podríamos tener esa máxima de los expertos de que el turismo constituye una herramienta de paz.

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mem/rfc

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