Nicaragua

La Tierra de Dinosaurios y Volcanes

La magia de Nicaragua atrapó a un niño de cuatro años

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La Tierra de Dinosaurios y Volcanes |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Paige R. Penland es una escritora freelance especializada en turismo y viajes, sobre todo en América Latina.

A continuación, publicamos un escrito suyo sobre el impacto que provocó en su hijo de cuatro años la visita a la “Tierra de Dinosaurios y Volcanes”:

Justamente como le había prometido a mi hijo de cuatro años de edad, una docena de enormes dinosaurios se levantaron majestuosamente sobre un paisaje tropical en el Parque Central de Nindirí. Él tomó su propio dinosaurio de plástico, y antes de correr hacia un bebé brontosaurio dijo: “Esto es mucho mejor que Ometepe”.

Visitamos Nicaragua por sus volcanes. Él ha estado obsesionado con ellos desde que vio por primera vez una de sus caricaturas de dinosaurios favorita. He escrito tres libros de guía sobre Nicaragua, y le he contado a mi hijo sobre esta exótica tierra, con loros y monos en los árboles y que había muchos volcanes.

Finalmente estábamos allí, esperando a escalar al Volcán Masaya. Una mujer que disfrutaba un hot dog se detuvo para hablarnos sobre el Parquesaurio en Nindirí. Ella quería hacer feliz a mi hijo y funcionó. Incluso la lava, las erupciones y el brillo del volcán no podían sacar a ese parque de su mente.

Visitamos el impresionante Momotombo y toda la amigable Managua, con todo y su parque acuático. Nadamos en la Laguna de Apoyo, una hermosa laguna cratérica a pocos minutos de Granada, la más antigua ciudad europea de América. Desde allí pudimos observar el Volcán Mombacho. Contemplamos escalar el Mombacho, pero decidimos dirigirnos a San Juan del Sur.

Estuve contenta de que llegamos a Nicaragua durante un fin de semana, cuando las familias salen a disfrutar estas playas. Me encantó ver a los niños enseñarle a mi hijo a jugar en las olas. Terminamos viajando a la Isla de Ometepe, creada por dos volcanes en el Lago de Nicaragua. Mi hijo se impresionó por la vista, pero cuando llegamos, se enamoró de las “vacas de la jungla” y las urracas que jugaron con él durante el desayuno.

En nuestro camino de regreso al aeropuerto, le pregunté al taxista si podíamos pasar por Nindirí, unos pocos minutos fuera de Managua, para visitar el Parquesaurio. “¿Conoce ese lugar?”; preguntó sorprendido. “Es hermoso, yo llevo a mi hijo a visitarlo a veces”. Mi niño todavía le cuenta a sus amigos acerca de Nicaragua: “La Tierra de Dinosaurios y Volcanes”. Me hizo prometerle que debo llevarlo de nuevo el próximo año.



ale/ele

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