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Primero de Mayo, el legado de los Mártires de Chicago

La fecha establecida desde 1889 se recuerda en muchos países

1ro de Mayo de 1886 en Chicago
Acto en Chicago en 1886 |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

El Día Internacional de los Trabajadores quedó establecido desde 1889 para celebrarse cada 1 de mayo por acuerdo del Congreso Obrero Socialista celebrado en París.

Desde entonces en muchos países es motivo de festividades, en tanto para otros es oportunidad de manifestaciones y luchas por los derechos elementales de la clase obrera.

Era el año 1886 y el proletariado estadounidense se movilizaba en una huelga general, con mucho más fuerza en la ciudad de Chicago, para en las calles exigir la reducción de la jornada laboral, que en aquella época duraba entre 10 y 16 horas, pese a la proclamación de la ley Ingersoll, que establecía la jornada de ocho horas.

El 1 de mayo de 1886, 200 mil personas iniciaron la huelga, en Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país, las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo.

El parque Haymarket fue el escenario de un acto organizado el día 4 de mayo, los miles de asistentes fueron reprimidos por más de un centenar de uniformados. Durante la revuelta estalló un artefacto explosivo y los policías dispararon a quemarropas contra la multitud.

Estos hechos suscitaron una causa judicial contra ocho trabajadores que luego de un proceso plagado de irregularidades resultaron condenados tres a prisión y cinco a muerte en la horca. Hoy son conocidos como los Mártires de Chicago.

A Prisión:

Samuel Fielden, inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil, condenado a cadena perpetua.
Oscar Neebe, estadounidense, 36 años, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados.
Michael Schwab, alemán, 33 años, tipógrafo, condenado a cadena perpetua.

A muerte:

George Engel, alemán, 50 años, tipógrafo.
Adolf Fischer, alemán, 30 años, periodista.
Albert Parsons, estadounidense, 39 años, periodista, aunque se probó que no estuvo presente en el lugar, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente.
August Vincent Theodore Spies, alemán, 31 años, periodista.
Louis Lingg, alemán, 22 años, carpintero para no ser ejecutado se suicidó en su propia celda.

Las condenas fueron ejecutadas el 11 de noviembre de 1887.

José Martí, que en ese tiempo era corresponsal en Chicago para el periódico argentino La Nación escribió:

(…) salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro… Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: “la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora”. Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable (…)

Los sucesos de Chicago además costaron la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales; no existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados.

mem/nda

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