Nicaragua

Rubén Darío: Historia de mis libros III

“El mérito principal de mi obra, si alguno tiene, es el de una gran sinceridad, el de haber puesto mi corazón al desnudo”, expresó Rubén Darío en el “Prefacio” a Cantos de Vida y Esperanza

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Lucía Oliveira |

El tercer y último artículo de la compilación Historia de mis libros es el “Prefacio” a Cantos de Vida y Esperanza, publicado en 1905 y considerado por muchos como el mejor libro de Rubén Darío.

Al igual que en Prosas profanas, predomina la elegancia en el lenguaje, pero se evidencia la madurez del poeta, que vuelve a las preocupaciones sociales reflejadas en Azul, a los temas políticos, a la exaltación de América, a los valores morales, al arte, al amor y la religión.

En cuanto a esto último, en su análisis incluido en la compilación de Coloma, el Padre del Modernismo lo hace evidente con referencias a algunos de sus poemas: “En ¨Canto de esperanza¨ vuelvo mis ojos al inmenso resplandor de la figura de Cristo, y grito por su retorno, como salvación ante los desastres de la tie­rra envenenada por las pasiones de los hombres; y, más adelante, de nuevo hago vislumbrar a los meditabundos pensado­res, a los poetas que sufren la transfiguración y la final victoria. «Helios» proclama el idealismo y siempre la Omnipotencia infinita; «Spes» asciende a Jesús, a quien se pide «contra el sañudo infierno, una gracia lustral de iras y lujurias».

Como el propio Darío señala en su “Prefacio”, también está dedicado a la latinidad: “Al escribir Cantos de vida y esperanzayo había explorado no solamente el campo de poéticas extranjeras, sino también los can­cioneros antiguos, la obra ya completa, ya fragmentaria de los primitivos de la poesía española, en los cuales encontré riqueza de expresión y de gracia que en vano se buscarán en harto celebrados autores de siglos más cercanos.

(…)

Hay, como he dicho, mucho hispanismo en este libro mío; ya haga su salutación el optimista, ya me dirija al rey Óscar de Suecia, o celebre la aparición de Cyrano en Es­paña, o me dirija al presidente Roosevelt, o celebre al Cisne, o evoque anónimas figu­ras de pasadas centurias, o haga hablar a don Diego de Silva Velázquez y a don Luis de Góngora y Argote, o a Cervantes, o a Goya, o escriba la Letanía de Nuestro Señor Don Quijote. ¡Hispania por siempre!”.

En su introducción, como en las anteriores, el Príncipe de las Letras Castellanas al analizar las composiciones que conforman Cantos de Vida y Esperanza recurre a sus recuerdos y a su experiencia como creador.

“El título —Cantos de vida y esperanza— si corresponde en gran parte a lo contenido en el volumen, no se compadece con algu­nas notas de desaliento, de duda, o de temor a lo desconocido, al más allá.

En Los tres reyes magos se afianza mi deísmo absoluto. En la «Salutación a Leonardo» —escrita en versos libres franceses y publicada hacía tiempo en el Almanaque de Peuser de Buenos Aires— hay juegos y enigmas de arte, que exigen para su comprensión, naturalmente, «ciertas iniciaciones”, explica Darío.

Otros poemas fundamentales resultan “A Roosevelt”, donde se “preconizaba la solidaridad del alma hispanoamericana ante las posibles tentativas imperialistas de los hombres del norte”; “La dulzura del ángelus” y “La Marcha triunfal”.

En su introducción el bardo universal también recrea a los lectores con anécdotas, como la referida al soneto “Melancolía”, dedicado a un pobre pintor colombiano que tenía el apellido del Libertador y a quien Darío conoció en París.

Son muchos los poemas a los que Darío se refiere en “Prefacio” y muchas sus propias impresiones que el lector puede encontrar en Historia de mis libros, y en los que siempre sobresale como mérito, de acuerdo con sus palabras, ser una obra “de gran sinceridad”, de haber puesto su “corazón al desnudo, de haber abierto de par en par las puertas y ventanas de mi castillo interior para ense­ñar a mis hermanos el habitáculo de mis más íntimas ideas y de mis caros sueños. He sabido lo que son las crueldades y locuras de los hombres”.
mem/luc

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