Nicaragua

Rubén Darío: Historia de mis libros

“Si Azul simboliza el comienzo de mi primavera, y Prosas profanas mi primavera plena, Cantos de vida y esperanza encierra las esencias y savias de mi otoño” Descargue aquí Historia de mis libros

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Rubén Darío |

Lucía Oliveira |

El Príncipe de las Letras Castellanas, nuestro poeta Rubén Darío, estuvo siempre dispuesto a explicar su obra, fuera “para defenderla de la crítica roedora, fuera, con miras de mayor altitud, para justificar su estética”, expresó el teórico Fidel Coloma González en su compilación Historia de mis libros, publicada por Editorial Nueva Nicaragua.

Precisamente en Historia de mis libros, Coloma reúne tres relevantes artículos donde Darío ilumina mu­chos aspectos de su obra, cuenta de su experiencia como creador y ofrecen una visión de lo  que podríamos denominar «La poética de Rubén Darío».

Estos artículos, dedicados a los mundialmente representativos libros: Azul, Prosas profanes y Cantos de vida y esperanza, fueron inicialmente publicados por el poeta en el periódico La Nación, de Buenos Aires, y en ellos se detiene en el análisis de cada composición y resume el sentido de cada libro.

Como homenaje a nuestro principal escritor de todos los tiempos, La Voz del Sandinismo quiere hacer llegar a los lectores las valoraciones de Darío sobre su propia obra en Historias de mi vida.

Comenzamos con sus comentarios de Azul, no solo porque abre la edición de Coloma González, sino también porque su aparición, en 1888, dio inicio a la renovación de la literatura en lengua española y al movimiento del Modernismo.

Entonces, en su exposición y recordando a Azul (impreso en Val­paraíso bajo los auspicios del poeta de la Barra y de Eduardo Poirier), expresó Darío: “Esta mañana de primavera me he puesto a hojear mi amado viejo libro, un libro primigenio, el que iniciara un movimiento mental que había de tener después tantas triun­fantes consecuencias; y lo hojeo como quien relee antiguas cartas de amor, con un cari­ño melancólico, con una «saudade» conmo­vida en el recuerdo de mi lejana juventud”.

Luego hace un análisis detallado sobre el estilo: En una época en que predominaba la afición por la «escritura artística», y el dilettantismo elegante. En el cuento El rey burgués, creo reconocer la influencia de Daudet. El símbolo es claro, y ello se resume en la eterna protesta del ar­tista, contra el hombre práctico y seco, del soñador contra la tiranía de la riqueza ig­nara. En El sátiro sordo, el procedimiento es más o menos mendesiano, pero se impo­ne el recuerdo de Hugo y de Flaubert. En La ninfa, los modelos son los cuentos pari­sienses de Mendés, de Armand Silvestre, de Mezeroi, con el aditamento de que el me­dio, el argumento, los detalles, el tono, son de la vida de París, de la literatura de Pa­rís. Demás advertir que yo no había salido de mi pequeño país natal, como lo escribe Valera, sino para ir a Chile, y que mi asun­to y mi composición eran de base libresca. En El fardo triunfa la entonces en auge es­cuela naturalista. Acababa de conocer al­gunas obras de Zola, y el reflejo fue inme­diato; mas no correspondiendo tal modo a mi temperamento ni a mi fantasía, no volví a incurrir en tales desvíos. En El velo de la reina Mab, sí, mi imaginación encontró asunto apropiado.

El deslumbramiento shakespeareano me poseyó y realicé por primera vez el poema en prosa. Más que en ninguna de mis tentativas, en ésta perse­guí el ritmo y la sonoridad verbales, la tras­posición musical, hasta entonces -es un hecho reconocido- desconocida en la prosa castellana, pues las cadencias de algunos clásicos son, en sus desenvueltos períodos, otra cosa.

(…)

El rubí es otro cuento a la manera pari­siense. Un mito, dice Valera. Una fantasía primaveral, más bien; lo propio que El pa­lacio del sol, donde llamara la atención el empleo del leitmotiv. Y otra narración de París, más ligera, a pesar de su significa­ción vital, El pájaro azul. En Palomas blancas y garzas morenas el tema es auto­biográfico y el escenario la tierra centroa­mericana en que me tocó nacer. Todo en él es verdadero, aunque dorado de ilusión ju­venil. Es un eco fiel de mi adolescencia amorosa, del despertar de mis sentidos y de mi espíritu ante el enigma de la universal palpitación. La parte titulada En Chile, que contiene En busca de cuadros, Acuare­la, Paisaje, Aguafuerte, La Virgen de la pa­loma, La cabeza, otra Acuarela, Un retrato de Watteau, Naturaleza muerta, Al carbón, Paisaje, y El ideal, constituyen ensayos de color y de dibujo, que no tenían anteceden­tes en nuestra prosa”.

Después de estas valoraciones del propio Darío, comprendemos que todo tenía cabida en estas formas, pero debían ser provocadoras y  sorprendentes.

Como expresó el argentino Jorge Luis Borges: “Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado ni cesará. Quienes alguna vez lo combatimos comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar libertador”.

Finalmente en su artículo Darío expresa su pasión por uno de sus primeros libros: “Tal fue mi primer libro, origen de las bre­gas posteriores, y que, en una mañana de primavera, me ha venido a despertar los más gratos y perfumados recuerdos de mi vida pasada, allá en el bello país de Chile. Con todos sus defectos, es de mis preferidas. Es una obra, repito, que contiene la flor de mi juventud, que exterioriza la íntima poesía de las primeras ilusiones y que está impregnada de amor al arte y de amor al amor”.

Descargue aquí «Historia de mis Libros»

noa/luc

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