Nicaragua

Grandes latinos en las Grandes: Roberto Clemente

El jonrón más largo del boricua tuvo a nuestra Nicaragua como protagonista

Roberto Clemente
Roberto Clemente | ESPN

LA VOZ DEL SANDINISMO |

El terremoto de Managua, aquel fatídico  23 de diciembre de 1972, fue solo sombras, terror, muertes. La capital quedó devastada. Entre las tinieblas surgieron manos amigas. Varios países del mundo dieron el paso al frente y contribuyeron a la causa.

Socorristas, medicinas, alimentos enlatados, agua, frazadas y ayuda económica llegaron a nuestro territorio. Sin embargo, existió un gesto de emotiva recordación que traspasó los límites del internacionalismo. Un pelotero, boricua, que no dudó y se montó en un avión cargado de esperanzas y buena vibra.

El después Miembro del Salón de la Fama, Roberto Clemente, aunó esfuerzos y organizó el auxilio. Corría el 31 de diciembre de ese año cuando abordó en San Juan, Puerto Rico, el aeroplano. Otras cuatro personas lo acompañaban.

Quiso la vida –tal vez el azar, el concurrente azar- que el artefacto se desplomara en las aguas del Mar Caribe. Dicen que la causa del accidente resultó el sobrepeso, y se entiende. La recolecta era una obra de infinito amor, millones de toneladas de puro aliento. Hoy, nuestra Nicaragua, tiene en Clemente a un hombre por el cual luchar, seguir adelante y ser mejor cada día, con el aliento del Presidente Daniel y la Compañera Rosario.

Ese fue uno de los mayores jonrones del puertorriqueño. Su grand slam, su indiscutible número 3001, su paso a la inmortalidad. Ese fue el legado más inmenso que dejó, la voluntad de ayudar a sus semejantes, con su amplia sonrisa y el deseo de ver a una región libre de decepciones.

Nació en 1934, el 18 de agosto, en el Barrio San Anton en Carolina. Desde pequeño destacó por su pasión por el béisbol, aunque antes practicó el atletismo. Igual, el deporte de las bolas y los strikes después estuvo satisfecho por haber acogido a un hijo tan ilustre.

Comenzó su andar en las Grandes Ligas de los Estados Unidos en  1954, cuando los Piratas de Pittsburgh lo reclutaron. Nunca más vistió otro uniforme durante sus 18 años de trayectoria. Jugó dos Series Mundiales, donde acumuló promedio ofensivo de .310 en 1960 y .414 en 1971.

También desde el punto de vista individual, fue Campeón de Bateo de la Liga Nacional (LN) en cuatro ocasiones y alcanzó 12 Guantes de Oro. Asimismo fue seleccionado como el Jugador Más Valioso de la LN en 1966 y el MVP en la Serie Mundial de 1971.

Su indiscutible 3000 (una de las míticas cifras en el béisbol norteño) aconteció el 30 de septiembre de 1972. Ese sería su último estacazo en las Mayores. Llegaba así al reino de los inmortales, colocándose donde solo los grandes tienen espacio.

Su muerte, tres meses luego, llenó de consternación al planeta. Se iba uno de los ídolos, de pequeños y grandes, un atleta todo pasión que se entregaba en cuerpo y alma en el terreno. Dejó datos magníficos. Average de por vida de .317,  240 jonrones y 1,305 impulsadas.

Su admisión al Salón de la Fama fue realizada de manera expedita con la venia del Comisionado de la liga en ese entonces, Bowie Kuhn. Las reglas indicaban que se debía esperar cinco años después del retiro o la muerte para ser elegible. Sin embargo, su actuación fue tal que hicieron la excepción (segunda de la historia).

Un 8 de agosto de 1973 se convirtió en el primer latinoamericano en obtener tal distinción. Con el 92.63 por ciento de los votos se ganó la placa que lo consagró oficialmente como miembro del Salón de la Fama del Béisbol. Su esposa Vera Clemente recibió el reconocimiento.  Simplemente héroes de siempre de la talla de Ty Cobb, Babe Ruth, Honus Wagner, Bobo Feller, Ted Willians y Stan Musial habían alcanzado hasta ese momento tantos votos a favor para sus inserciones.

A pesar de su muerte prematura, este caribeño hoy día es mencionado y recordado a diario. La conclusión es fácil: uno de los mejores atletas y humanitarios de todos los tiempos. Hoy nos toca a nosotros continuar la obra que hemos comenzado, junto al Gobierno Sandinista… es la única manera de ser fieles a las ideas de quien perdió su vida en busca de la felicidad de los nacidos en esta bendita tierra.

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