Nicaragua

Cada julio Nicaragua es una fiesta

El pueblo nicaragüense fue protagonista de una de las más épicas batallas libradas en América Latina

36/19
Vista aérea de la Plaza de la Fe San Juan Pablo II | Jairo Cajina

Redacción Central |

Cada 17 de julio Nicaragua se vuelve una fiesta hasta el último rincón de su geografía, porque es la fecha que recuerda el día de 1979 que huyó definitivamente el tirano Somoza y llegó a su fin la sangrienta dictadura que impuso por más de cuatro décadas en el país.

El pueblo nicaragüense fue protagonista de una de las más épicas batallas libradas en América Latina al vencer a un orden represivo y sanguinario, apoyado tácitamente por el entonces Gobierno de Estados Unidos y todo lo que esto significaba en materia de apoyo logístico y entrenamiento.

Pero se logró revertir un final que podía antojarse previsible cuando el país, fundamentalmente su juventud, se implicó en la lucha revolucionaria enarbolando las banderas que antes había sostenido Sandino con una sola convicción: ¡Patria Libre o Morir!

Y a pesar de que en esa primera etapa la joven Revolución Popular Sandinista no pudo lograr construir en paz un futuro de prosperidad y dignidad para el pueblo nicaragüense como era su propósito por la acción injerencista del imperialismo yanqui, que empleó para derrocarla desde los métodos más violentos hasta el hostigamiento económico, así como la complicidad de no pocos gobiernos sumisos del área, las fuerzas revolucionarias no claudicaron.

De esa manera el Sandinismo supo regenerarse desde sí mismo y consolidarse en un movimiento aglutinador, movilizador, capaz de convocar a los nicaragüenses a luchar otra vez contra los flagelos que los años de neoliberalismo habían entronizado en el país: la pobreza, el analfabetismo, las desigualdades sociales, la supremacía del mercado, los altos índices de desempleo, la inseguridad social, entre otros desmanes.

Volvieron a vencer los revolucionarios que nunca dejaron de creer que Nicaragua era capaz de forjarse un futuro diferente. Volvieron a ondear las banderas rojinegras del Frente Sandinista de Liberación Nacional y con ellas todas las apuestas de una vida mejor, más digna, construida entre todos.

Entonces el 17 de julio se convierte en una celebración de alcance multitudinario que se reconoce como el Día de la Alegría, porque la dignificación de la vida humana que impulsa con denuedo el Gobierno Sandinista bien vale una fiesta de dimensiones nacionales.

En todos los municipios del país se organizan disímiles actividades que involucran desde niños y jóvenes hasta los adultos mayores, pues todos los nicaragüenses tienen hoy responsabilidades en los nuevos rumbos de la Patria libre.

Y alegra encontrar este día, lo mismo en las calles de Nicaragua que en los barrios más humildes, las sonrisas de un pueblo que ha aprendido a trabajar unido.

también te puede interesar