Nicaragua

El mal hábito de comparar

Práctica donde el individuo anda a la caza de defectos y fallas en los otros

Comparaciones
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B. García |

Desde que nacemos los demás nos enseñan a tomar a otros como puntos de referencia para construir nuestra propia identidad.

-Al nacer, pesaste más que tu hermano

-Creciste más rápido que el chico del vecino

-Tienes más…que el chico de…

En la escuela el asunto se pone más difícil. Las calificaciones son una manera visible y contundente de ponernos en comparación directa con los demás chicos de la clase. Muchos maestros también utilizan el recurso de poner como modelo a algunos alumnos, para que los demás los rivalicen.

Parecemos destinados a crecer siempre en función de lo que otros son y no de lo que nos hace únicos.

La comparación con otros es inevitable. Somos seres sociales y resulta imposible concebirnos como islas, que ignoran a los demás como puntos de referencia. Ese contraste que hacemos entre nosotros mismos y los otros puede ser muy positivo: nos permite entender que cada cual es diferente. De ese reconocimiento nace la virtud de la tolerancia.

Lo malo es que la comparación también incluye elementos muy negativos para nuestro bienestar. Especialmente cuando tenemos dificultades para aceptarnos o una mala opinión sobre quienes somos.

En esos casos, la comparación se convierte en una práctica que nos atormenta. No nos contrastamos con los demás para definir nuestras propias particularidades, sino que lo hacemos para descalificarnos o descalificar a otros. Se trata de una práctica vertical en la que siempre hay alguien que sale perdiendo.

En esa lógica, una persona solo termina sintiéndose bien si los demás están mal y al contrario, si los demás están bien.

Es una práctica en la que la persona anda a la caza de defectos y fallas. A veces las encuentra en otros y otras veces en sí mismo, pero en ambos casos, el punto central es el elemento negativo. Esa forma de ser en el mundo propicia una serie de sentimientos y emociones tormentosas: rencor, envidia, resentimiento, celos, ira, frustración, etc.

Cada persona es única. Tiene genes diferentes; una historia de vida que muchas veces no tiene nada que ver con la de los demás, una formación distinta, habilidades disímiles y formas de sentir divergentes

Si elige poner más énfasis en percibir lo mejor de usted y de las demás personas, notará que se vuelve más creativo y feliz. Dejará de lado una carga pesada, que finalmente solo es un peso muerto que hace más difícil avanzar.

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