Nicaragua

Sandino vive en cada nicaragüense

A 81 años del paso a la inmortalidad del General de Hombres y Mujeres Libres

Augusto C. Sandino
Niquinohomo rinde homenaje al General de Hombres Libres |

Manuel Segovia |

No podían resignarse a que un “pequeño ejército loco”, encabezado por un joven de procedencia indígena, pobre y con escasa preparación militar, Augusto C. Sandino, los echara del suelo patrio que pretendían ocupar. Tampoco pudieron capturar a su principal enemigo, y mucho menos vencerlo. Así que debían eliminarlo de cualquier manera, y la sentencia de muerte ya estaba firmada en la Casa Blanca. Solo había que esperar el momento adecuado.

Desconocedores de la Historia aquellos que pretenden justificar la retirada de las tropas yanquis de Nicaragua con el descalabro de la Bolsa neoyorquina en aquellos años, a la crisis económica por la que atravesaba Estados Unidos, o a la inventada política del “Buen Vecino” del presidente Franklin Delano Roosevelt.

Muchos años antes de que todo esto ocurriera, las fuerzas militares estadounidenses sufrieron serias derrotas ante el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. A tal punto se sintieron incapaces de vencer a Sandino que decidieron emplear una táctica que usarían siempre, más adelante, en los conflictos en que se veían perdidos, como en Vietnam, casi 30 años después. La “vietnamización” de la guerra no fue más que echar a pelear a los vietnamitas entre sí. Lo mismo hicieron en aquel entonces. Se dedicaron a preparar a la Guardia Nacional, entrenándola, equipándola y financiándola, e incluso estuvo comandada por oficiales norteamericanos.

Al retirarse, las tropas estadounidenses dejaron dos malas hierbas sembradas en suelo nicaragüense: Anastasio Somoza García, en el cargo de Jefe Director de la Guardia Nacional, y Arthur Bliss Lane, como Ministro (embajador) de los Estados Unidos de América. Ambos, en contubernio, planearon la manera de ejecutar aquella sentencia.

Por eso de nada hubiera servido que intentaran localizar desesperadamente, tan pronto se supo la noticia de que habían sido apresados los generales revolucionarios, a Somoza ni al Bliss. No iban a dar la cara ante lo que estaba por ocurrir. Pero, ¿alguna vez los cobardes han dado la cara a la traición por ellos urdida? Los hechos se conocen.

Sandino y sus cercanos colaboradores, amigos y compañeros de armas sabían a qué se exponían. “Ya los están matando”, dijo uno de ellos al escuchar, a lo lejos, los disparos.

Y ahí es donde se equivocó esta persona, y se equivocaron los Somoza, Bliss, los gringos. No solo hubo una continuidad física al escapar a puro balazo un joven coronel, Santos López, de la emboscada traicionera que les tendieron. Esa historia que enlaza al General con Carlos Fonseca Amador y con el Frente Sandinista ocupa muchísimas otras bellas páginas ya escritas.

Además de aquella continuidad de carne y hueso, quedó la más perdurable continuidad, la de las ideas, la del antiimperialismo sin mancha de la estirpe nicaragüense, la de la lucha sin descanso si la patria fuera amenazada o invadida por un poder extranjero hasta expulsar al último insolente.

Así que ahí está, más alto que cualquier silueta, más rojo y más negro que los propios colores, con su sombrero, su canana de balas, su revólver y su mirada inteligente y seria, convocándonos a la unidad, a la defensa de nuestra Patria y de nuestra soberanía. Sandino, lo sabemos, verdaderamente no murió, vive hoy en cada nicaragüense digno.

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