Nicaragua

El Repliegue, el tiro de gracia a la dictadura somocista

La astucia revolucionaria de los sandinistas al utilizar esa táctica de combate derrotó a los somocistas y los ayudó a conquistar el poder

Repliegue a Masaya
Repliegue a Masaya |

Aurora Rondón |

Nicaragua celebra por estos días el aniversario 35 de la epopeya que constituyó el repliegue a Masaya y a otras ciudades del país, acción que fortaleció la táctica de enfrentamiento de las tropas guerrilleras, en el combate contra los opresores.

En la lucha por la conquista de su independencia, los pueblos manifiestan toda su pujanza y obligan a sus mejores hijos a poner en práctica con inteligencia la táctica que los conduzca al triunfo definitivo, son gestas heroicas que siempre debemos recordar.

Uno de los períodos más combativos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para llegar al poder lo constituyó el Repliegue, que fue el tiro de gracia que silenció para siempre a la dictadura somocista.

En su largo recorrido, la lucha no estuvo ajena a reveses y victorias, a la incomprensión y puntos de vista diferentes sobre las acciones más adecuadas, enfrentó la pérdida de compañeros valiosos y los ataques y desmanes de la Guardia Nacional.

En el transcurso de los años 70, el combate estuvo marcado por el rol de las ideas socialistas, la labor de los movimientos gremial, campesino y estudiantil, el accionar de los grupos religiosos y la labor de las células del FSLN.

Fueron los representantes del FSLN quienes prepararon a los revolucionarios en las escuelas guerrilleras y promovieron que el Centro Universitario Regional de Carazo se convirtiera en espacio de denuncia y debate de los problemas nacionales.

Asimismo, el movimiento revolucionario se vio fortalecido con la labor conspirativa y la organización de las primeras hormiguitas sandinistas, que se reunían en los cafetales caraceños, labor comparaba con la que realizaba el ejército de Sandino en el área rural.

Acciones como las de Carazo, Jinotepe, Diriamba, Santa Teresa y San Marcos, donde había condiciones propicias para la lucha, permitieron el estallido insurreccional en la población, que sin armas desafiaba a la dictadura en pleno día.

También se destacaban la rebeldía de los sindicatos de orientación socialista, la lucha de los maestros por un salario digno, la huelga de los trabajadores de la salud y el respaldo de los médicos y periodistas a la Revolución.

No faltaba en las acciones el apoyo popular, de los colaboradores con la causa justa, en las que iban las madres a acompañar a sus hijos, junto a los jóvenes y otros pobladores, pese a que las marchas y jornadas de protestas eran reprimidas de forma violenta.

La ofensiva de los revolucionarios cada día dejaba menos espacio a los somocistas, quienes arremetían contra miembros del FSLN, de los cuales muchos dirigentes tuvieron que pasar a la clandestinidad, otros cayeron muertos o prisioneros, pero la lucha avanzaba.

En 1979, el plan general del Frente incluía acciones militares contra las posiciones de la Guardia Nacional, la construcción de barricadas, el apoyo social a combatientes y el levantamiento popular con la expulsión de los soldados de Somoza.

Tras la toma de los cuarteles, las guerrillas debían controlar el pueblo o la ciudad. Era difícil para los combatientes, con pocas armas, detener el avance de los efectivos somocistas, más numerosos y con mejor armamento, a veces hasta con tanquetas.

Es en esa coyuntura en la cual se pone en marcha el repliegue, una táctica inteligente que demostró la astucia revolucionaria de los dirigentes del FSLN, quienes con esa acción hicieron confiar a los efectivos de  la Guardia Nacional en su supremacía.

En la aparente retirada los guerrilleros se reorganizaban, para luego retornar al combate con más fuerza ante el asombro enemigo. Por eso, el repliegue fue el tiro de gracia que sepultó a la dictadura y la acción que llevó al poder a la Revolución Popular Sandinista.

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