Nicaragua

Sandino, patriota leal y sincero

El General de Hombres y Mujeres Libres siempre demostró que su amor a la Patria era superior a cualquier otro, por lo que a su total independencia dedicó todo su empeño

Augusto C. Sandino
Augusto C. Sandino | lavozdelsandinismo.com

Redacción Central |

Enfrascados en la construcción de una Patria mejor, más justa y próspera, los nicaragüenses rendimos homenaje permanente al General Augusto C. Sandino, el humilde campesino para el que no hubo interés mayor que la causa de su pueblo.

“El amor a mi patria lo he puesto sobre todos los amores y tú debes convencerte que para ser feliz conmigo, es menester que el sol de la libertad brille en nuestras frentes”, escribió el luchador a su amada Blanca Araúz, manifestando su decisión de ir hasta el final contra el ultraje a la Patria.

Y así lo dejó constar con su ejemplo inquebrantable hasta aquel 21 de febrero de 1934, cuando inútilmente quisieron apagar su voz que hoy renace multiplicada en toda una nación.

Desde muy joven encaró Sandino las injusticias, pobreza y trabajos a los que estaba sometido el país por la injerencia yanqui, siendo testigo de acontecimientos que marcarían su rumbo revolucionario, como la intervención estadounidense de 1912.

“Personalmente miré el cadáver de Benjamín Zeledón, que fue sepultado en Catarina, pueblo vecino al mío. La muerte de Zeledón me dio la clave de nuestra situación nacional frente al filibusterismo norteamericano; por esa razón, la guerra en que hemos estado empeñados, la consideramos una continuación de aquella”, testimonió el luchador  años después de aquellos acontecimientos, ocurridos cuando era solo un adolescente.

Cuentan que a su regreso a Nicaragua en 1926, tras ejercer diferentes trabajos en varios países del área y nutrirse con corrientes vanguardistas de liberación, partió a Bluefields para integrarse al Ejército Liberal Constitucionalista y posteriormente a las selvas de Nueva Segovia, desde donde dejó claro que nunca entregaría sus armas y que prefería morir como rebelde que vivir como esclavo.

Esa fue su respuesta tras enterarse de la negociación del enviado norteamericano con los títeres del país para pagar una indemnización por el desarme de las fuerzas nacionales.

“No me importa que se me venga el mundo encima, pero cumpliremos con un deber sagrado. Por todo lo dicho protestaré por mi propia cuenta, si es que no hay quien me secunde…”, declaró.

Durante más de seis años combatió contra las tropas de diferentes gobiernos apoyados por Estados Unidos, reuniendo a miles de hombres humildes bajo su mando en el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, al que jamás pudieron rendir.

Sus acciones le hicieron valer el respeto de combatientes nacionales y extranjeros, y también el sobrenombre con el que pasaría a la posteridad: General de Hombres Libres.

En su primer manifiesto, escrito en Mineral de San Albino, Nueva Segovia, el primero de julio de 1927, dejó como legado a las futuras generaciones su fidelidad y grito inquebrantable de lucha por una Nicaragua libre de vasallaje.

“Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera, la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser patriota leal y sincero”, afirmó entonces.

Así de grande era el amor de nuestro Sandino por la tierra pinolera, de la que dijo sentirse orgulloso de ser hijo y a la que dispuso siempre corazón y espada, para defender su decoro.

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