Nicaragua

Managua celebró sus 160 años como capital

Rotondas y avenidas mostraron singular belleza e iluminación

Redacción Central |

Rotondas y avenidas mostraron singular belleza e iluminación

Managua, ciudad de lagos y volcanes, celebró 160 años como capital nicaragüense colmada de luces de colores en todas sus rotondas y avenidas principales.

En 1852, Managua fue declarada capital administrativa del país con la intención de acabar con una vieja disputa entre los dos primeros asentamientos coloniales: León, de afiliación liberal, y Granada, conservadora.

A la decisión del nombramiento ayudó la posición geográfica intermedia entre ambas ciudades, y el nombre, de origen náhuatl, indica «donde existe una extensión de agua», en clara alusión al lago Xolotlán, punto de referencia para todas las direcciones en esta ciudad.

En torno al embalse comenzó el desarrollo de la urbe que actualmente alberga a casi la mitad de la población nacional, aunque según historiadores el salto a la modernidad lo dio durante la presidencia de José Santos Zelaya (1893-1909), quien introdujo numerosos avances.

Construcciones aisladas, escasos y pequeños edificios y grandes extensiones de áreas verdes, le confieren a Managua un aspecto de ciudad despoblada.

Dos terremotos determinaron tal fisonomía: uno en 1931 y otro en 1972 que terminó por dejar la arquitectura sin memoria.

Tras el sismo del 23 de diciembre de 1972, que con magnitud de 6,2 en la escala Richter destruyó casi entera la ciudad, esta capital nunca volvió a ser la misma y los nicaragüenses decidieron construir desordenadamente más allá de la laguna volcánica de Tiscapa, marca en esa época del límite urbano.

Centros comerciales, diversidad de carteles publicitarios, empresas de cristales ahumados, hoteles y sencillos restaurantes componen las avenidas principales que por estos días animan la vista de noche gracias al tejido de guirnaldas en árboles, vallas, postes y barandas.

Entre los sitiales históricos figuran la loma de Tiscapa, donde radicó la Casa Presidencial de la familia de dictadores apellido Somoza, lugar donde capturaron al general Augusto C. Sandino, Héroe Nacional cuya silueta metálica hoy contempla desde la cima de la montaña a la capital.

Uno de los lugares más atractivos para los turistas es la Plaza de la Revolución, constituida entre la Casa de los Pueblos, el Palacio de Cultura, en tiempos pasados sede del gobierno, y la antigua catedral que desde el sismo de 1972 exhibe sus entrañas quebradas y la hora exacta de la tragedia.

A escasos metros de la vieja catedral, el Teatro Nacional, uno de los pocos sobrevivientes de aquel terremoto, lleva el nombre de la más ilustre figura de las letras nicaragüenses, Rubén Darío.

Frente a ese templo, la Plaza de la Fe, denominada así en honor a las dos visitas realizadas allí por el papa Juan Pablo II, sirve de escenario de recreo a las familias nicaragüenses en los meses de fin de año con la instalación de un gigantesco parque de diversiones de entrada gratis.

Aunque el lago Xolotlán se encuentra altamente contaminado pues el sistema de alcantarillado de la ciudad se comenzó a construir en 1927 en dirección al embalse, el Ejecutivo sandinista intenta rescatarlo como símbolo con la construcción de un pequeño puerto turístico.

La historia de Managua no puede repasarse sin mencionar sus lagos, lagunas, volcanes y terremotos, tampoco sin hablar de la Revolución Sandinista que marcó un cambio social para bienestar de las mayorías con frutos palpables y otros en proceso de maduración.

(Redacción Central La Voz del Sandinismo-Prensa Latina)

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