Nicaragua

Cardenal Miguel: Debo agradecer que el Señor me haya hecho nacer en esta querida Nicaragua

Su Eminencia agradeció a Dios, luego de recibir de Daniel la orden Independencia Cultural Rubén Darío, que le permitió trabajar por Nicaragua desde los 28 años

Redacción Central |


Su Eminencia agradeció a Dios, luego de recibir de Daniel la orden Independencia Cultural Rubén Darío, que le permitió trabajar por Nicaragua desde los 28 años

La emoción no pudo quebrar la voz de Su Eminencia Reverendísima Cardenal Miguel Obando al recordar, en un rápido vuelo a través del tiempo, de los últimos 40 años, la suma de hechos en la historia de Nicaragua en que le tocó participar y por lo que fue distinguido por el Presidente Daniel Ortega con la orden Independencia Cultural Rubén Darío.

Dirigida la Orden a personas que dieron grandes aportes a la cultura, a valores en la nación, el Cardenal Obando al dirigirse a una Plaza de la Revolución llena de jóvenes, dijo «quiero agradecer al señor Presidente, Comandante Daniel Ortega Saavedra y doña Rosario Murillo por las muestras de fineza que tienen para con mi persona».

A la par, emocionado añadió «debo agradecer al Señor que me ha dado 86 años de vida, agradecer al Señor que me permitió nacer en una familia católica donde aprendí a amar a Cristo que es el camino, la verdad y la vida y a su santísima madre la Virgen María».

«Debo agradecer que el Señor me haya hecho nacer en esta tierra bendita, en esta querida Nicaragua», continuó Su Eminencia Reverendísima, quien agregó que por una feliz equivocación entró al colegio Salesiano donde sus educadores le enseñaron a amar al padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco.

El Cardenal Miguel Obando a su vez agradeció a Dios que le permitió trabajar por Nicaragua desde los 28 años, cuando le tocó regresar para servir a la juventud salesiana como profesor de matemáticas en el Colegio Salesiano de Granada.

Recordó que a los 42 años trabajó con los campesinos del norte cuando fue nombrado obispo auxiliar de Matagalpa y que en 1970 fue nombrado Arzobispo de Managua y desde ese cargo eclesial compartió las tristezas y la sabiduría del pueblo.

Aún con emoción y tristeza en su voz recordó que comenzó su arzobispado en la vieja catedral de Managua hasta que vino el terremoto de diciembre de 1972, sismo que destruyó totalmente el centro de la capital.

«Recuerdo que el día antes del terremoto invité a Monseñor Bosco Vivas, actualmente Obispo de León, a caminar por la avenida Roosevelt, nunca imaginé que una horas después aquella capital bonita, llena de luces preparada para celebrar la Navidad, iba a estar completamente destruida», continuó Su Eminencia.

El Cardenal dijo «sentí mucha tristeza en mi corazón de ver a mi pueblo sufriendo, niños, madres, padres sufriendo las consecuencias de la furia de la madre naturaleza, me queda la impresión del mercado de Managua, donde yo iba todas las semanas a oficiar la santa misa, verlo después completamente destruido».

Ante el asombro de los jóvenes en la plaza por la crudeza del relato, el Cardenal dijo que vio personas que él conocía, prensadas por vigas y vio que el fuego avanzaba a pasos de gigantes.

Dijo el prelado que le acompañaban algunos bomberos, que con las manos vacías no podían hacer nada porque sus unidades habían sido también sepultadas y que fue triste ver a la gente morir, pidiendo auxilio y no poderles ayudar, solo podía darles la absolución porque estaban debajo de los escombros y algunos casos solo sacaban las manos.

Recordó su eminencia que después sirvió como mediador en la toma de la casa del doctor José María Castillo en 1974 y posteriormente medió con otros obispos en la toma del Palacio Nacional.

«Después vinieron las guerras, me pidieron mediar, fui a Estelí, Matagalpa, Monimbó para tratar de mediar en la medida de mis posibilidades y tratar de conseguir la paz» recordó señalando que en 1987 el Presidente Daniel Ortega le pidió presidir la Comisión Nacional de Reconciliación para dar continuidad a los acuerdos de paz firmados en Guatemala por todos los presidentes centroamericanos.

Su eminencia reconoció que el Presidente Daniel Ortega demostró una gran madurez política y vocación de paz al dar cumplimiento a todos los puntos que Nicaragua se había comprometido en los acuerdos de paz y señaló que hoy al frente de la Comisión de Reconciliación, Justicia y Paz, ha tenido la oportunidad de recorrer gran parte del territorio nicaragüense.

«Me llena de satisfacción ver a la gente sencilla, humilde, recibir con alegría el plan techo, los títulos de propiedad, disfrutar de escuelas dotadas dignamente para una buena educación, centros de salud, hospitales en algunos lugares recónditos», destacó su eminencia.

El Cardenal finalizó su discurso con una breve oración pidió «Que el Señor Jesús derrame sobre el Señor Presidente y doña Rosario Murillo y todo el pueblo de Nicaragua copiosas bendiciones par que nuestro país siga trabajando por afianzar la paz que está basada en la verdad el amor, la justicia y la libertad».

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