Nicaragua

Cardenal Obando felicitó a Daniel, Rosario y al Gobierno por la labor realizada

Soy testigo de las obras que han llevado a cabo tanto en la ciudad como en el campo y hemos visto nuevos hospitales, clínicas y centros de salud, en lugares que nunca antes habían tenido acceso a la medicina

Cardenal Miguel Obando y Bravo felicita
Soy testigo de las obras que han llevado a cabo tanto en la ciudad como en el campo y hemos visto nuevos hospitales, clínicas y centros de salud, en lugares que nunca antes habían tenido acceso a la medicina | el19digital

Redacción Central |

Soy testigo de las obras que han llevado a cabo tanto en la ciudad como en el campo y hemos visto nuevos hospitales, clínicas y centros de salud, en lugares que nunca antes habían tenido acceso a la medicina

Al dirigirse a la enorme multitud que abarrotó la Plaza de la Fe y sus alrededor, el Cardenal Miguel Obando y Bravo felicitó a Daniel, Rosario y al Gobierno Sandinista por la labor realizada.

Soy testigo de las obras que han llevado a cabo tanto en la ciudad como en el campo y hemos visto nuevos hospitales, clínicas y centros de salud, en lugares que nunca antes habían tenido acceso a la medicina, afirmó

A continuación, el texto íntegro de las palabras de Su Eminencia Reverendísima durante el acto efectuado en la Plaza la Fe:

Señor Presidente de Nicaragua, comandante Daniel Ortega Saavedra; señora Rosario Murillo, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía; honorables miembros de la mesa que preside; excelentísimos presidentes y miembros de los distintos poderes del Estado; autoridades del Ejército y la Policía; invitados especiales; damas y caballeros de los medios de comunicación social, hermanos todos en Cristo.

La promoción de la paz en el mundo es parte integrante de la misión con que la Iglesia prosigue la obra redentora de Cristo sobre la tierra. La promoción de la verdadera paz es una expresión de la Fe Cristiana, en el amor que Dios nutre en cada ser humano.

De la Fe liberadora en el amor de Dios se desprende una nueva visión del mundo y un nuevo modo de acercarse a los demás, tanto a una sola persona como a un pueblo entero. Es una Fe que cambia y renueva la vida inspirada por la paz que Cristo ha dejado a sus discípulos.

La Iglesia enseña que una verdadera paz es posible sólo mediante el perdón y la reconciliación. No es fácil perdonar a la víspera de las consecuencias de la guerra y conflictos, porque la violencia, especialmente cuando llega a los límites de lo humano y de la aflicción, deja siempre como herencia una pesada carga de dolor que sólo puede aliviarse mediante reflexión profunda, leal, valiente y común entre los entendimientos de los contendientes capaz de afrontar las dificultades del presente con una actitud purificada por el entendimiento.

El peso del pasado que no se puede olvidar, puede ser aceptado solo en presencia de un perdón recíprocamente ofrecido, se trata de un camino largo, difícil… pero no imposible. El perdón recíproco no debe anular las de la justicia, ni mucho menos el camino que conduce a la verdad.

Justicia y verdad representan, en cambio, los requisitos concretos de la reconciliación.

La verdad y la buena voluntad son la condición primera y básica para la paz, tanto en la vida social como en la vida de cada individuo. La autodestrucción no es el destino de la humanidad. Los conflictos ideológicos, las aspiraciones y necesidades pueden y deben ser resueltos y eliminados por métodos que no sean la guerra y violencia.

La verdadera paz nace en el espíritu y en el corazón, en la voluntad y en el alma humana, ya que tiene su origen en el verdadero amor hacia los otros.

San Agustín ha recordado que la paz, a la cual debemos tender todos, consiste en la tranquilidad, en orden. La paz al igual que el amor nace de un corazón provocado por el don divino de la conciliación, ese mismo corazón renovado constituye el verdadero fundamento de la paz en el mundo.

La Iglesia lucha por la paz con la oración. La oración abre el corazón no solo a una profunda relación con Dios, sino también al encuentro con el prójimo y es cuidado por sentimientos de respeto, confianza, compresión, estima, amor.

La oración infunde valor y sostiene a los verdaderos amigos de la paz, a los que tratan de promoverla en las diversas circunstancias en que viven. La paz se afianza solamente con la paz, la paz no separada de los deberes de justicia sino alimentada por el propio sacrificio, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad.

Los cristianos deben ser sal y luz del mundo, como dijo Jesús, pero el mundo reclama testigos y no sólo maestros, aunque éstos también son necesarios sobre todo cuando sus enseñanzas van acompañadas con el testimonio.

Por ejemplo, se conoce poco del pensamiento de Madre Teresa de Calcuta, que fue más bien reacia a hacer declaraciones y escribió muy poco. A pesar de esto su ejemplo ha iluminado a muchas conciencias y ha sacudido más que los mil sermones a tantas personas que vivían confortablemente instaladas en su mediocridad .

Y lo mismo que decimos de esa gran mujer podemos decir de tantos otros, que más desconocidos, son una verdadera antorcha que brilla en la oscuridad, que lleva la esperanza a quien la ha perdido, jovialidad y alegría a los que pasan malos momentos, pan a los que tienen hambre y siempre el rostro hermoso de Dios a los que no lo conocen.

Quiero felicitar al Gobierno del Presidente Daniel Ortega y a Doña Rosario Murillo, por la labor que han realizado durante este periodo.

Yo he tenido la oportunidad de recorrer estos últimos meses por gran parte del territorio nacional y soy testigo de las obras que han llevado a cabo en los diferentes departamentos de Nicaragua, tanto en la ciudad como en el campo, hemos visto nuevos hospitales, clínicas y centros de salud, en lugares que nunca antes habían tenido acceso a la medicina, hoy nuestros campesinos tienen acceso a la atención médica.

Igualmente se le ha dado importancia a la educación, creando y modernizando escuelas e institutos para la formación de muchachas y muchachos que serán el día de mañana la esperanza de nuestra patria.

En el atardecer de la vida seremos juzgados por el amor, el amor a Dios y el amor al prójimo.

Señor Jesús, Tú eres nuestra esperanza, nuestra paz y nuestro Creador, Hermano y Amigo, nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives siempre intercediendo por nosotros. Queremos sentir como Tú, y valorar las cosas como las valoras Tú, y apoyados en esta esperanza queremos vivir en el mundo los valores del evangelio. AMEN.

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