Nicaragua

Daniel: Cardenal Obando sigue siendo símbolo de Reconciliación y Paz

Rosario: Su Eminencia ha pasado a ser y hacer Historia Sagrada en estas Tierras mesoamericanas

Redacción Central |


Rosario: Su Eminencia ha pasado a ser y hacer Historia Sagrada en estas Tierras mesoamericanas

Un emotivo y solemne acto constituyó el homenaje rendido al Cardenal Miguel Obando y Bravo con motivo de arribar a sus 85 años de fructífera vida, dedicada a fomentar y defender  la Reconciliación entre los nicaragüenses.

Al hablar en el acto, el Presidente Daniel Ortega destacó los históricos episodios en los cuales fue decisiva la intervención de Su Eminencia para lograr el objetivo de detener enfrentamientos y facilitar entendimientos y señaló que, en la actualidad, el Cardenal  sigue siendo símbolo de Reconciliación y Paz.

La compañera Rosario Murillo, Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, refutó los ataques que algunos hacen al Cardenal Obando queriendo atribuirle opiniones políticas a su prédica diaria y permanente y sentenció que ha pasado a ser y hacer Historia Sagrada en estas Tierras mesoamericanas

 

 

La compañera Rosario dio inicio a la ceremonia señalando:

Hemos estado pendientes de las Declaraciones de la Comunidad religiosa nicaragüense que celebra al Primer Cardenal de Nicaragua, festejando sus 85 años de vida. Mujeres y hombres de distintas Órdenes, Iglesias, y hasta Representantes de otros Credos, hablan de usted, Eminencia Reverendísima, como el Pastor por excelencia. Se refieren a su labor entre los humildes

Cuentan que siempre estuvo y está, al lado de los humildes.  Con los humildes.  Porque usted viene, Eminencia, del seno del pueblo trabajador. Como Cristo.  A nadie extraña, pues, que ese pueblo humilde, laborioso, esperanzado, que habita en esta Tierra Prometida, le proclame a usted, Pastor de todas sus Causas, y sobre todo, de la Causa Suprema: la Paz, la Armonía, la Reconciliación, y la Unidad por el Bien Común… El Bien Común que hemos aprendido en todas las Escrituras Sagradas, como objetivo y meta final de nuestra Misión en la Vida. Usted, Eminencia, encarna ese apostoladodesinteresado, desapegado, esa Misión Espiritual de instalar en el corazón de las personas, el ideal y el afán del Bien Común.  Con esto quiero decir, que usted encarna la realización del Ser Humano que, cuando se lo propone, trasciende el egoísmo, habita la comunidad, y así conoce, sólo así, la verdadera felicidad.

 

 

Cardenal Miguel: unos dicen que usted es Príncipe de la Iglesia… se lo escuché al Padre Neguib Eslaquit, y me pareció un título ilustre, noble, más que merecido. Pero conociéndole, sé que usted prefiere, como Cristo, montar en humilde cabalgadura para avanzar como Quijote, sólo con flores y palmas, no con lanza o escudo, proclamando la Verdad Superior… Podemos perdonarnos, perdonar y ser perdonados. Podemos y debemos abrir el corazón al Amor.

Podemos y debemos dejar atrás el odio, la competencia infructuosa, estéril.  Podemos y debemos encontrar caminos de construcción, de colaboración, de complementariedad, a través de las Alianzas, que son Arcas de Entendimiento y Buena Voluntad.

Podemos y debemos reunir las propuestas e intereses, y hacer el balance de las bondades y bendiciones, de lo bueno que hay en cada uno de nosotros, y proponernos mejorar todavía más, para compartir, celebrar, y abrir los brazos en Solidaridad, Bondad, Cariño, comprendiendo que no hay cristiano sin Amor, y no hay Amor sin Cristo. Sin sus Enseñanzas!

Aún cuando respeto, por real y por legítima, la Proclamación que usted hace, Padre Eslaquit, creo que al Cardenal le gustaría ser conocido como Apóstol del Amor, Misionero de la Causa del Prójimo, Guía de esa Ley del Amor, que debemos trabajar en nuestros corazones, sin imponer, y más bien buscando promover y alcanzar una conciencia que sabe que en la felicidad del otro, está la propia; que en el Bienestar del otro, está el propio, y que no hay alegría o satisfacción posible en el individualismo, porque somos Comunidad Humana, y estamos frente a la realidad de un Mundo que, sin comunicación o entendimiento, entre nosotros, Humanidad, y entre nosotros, Humanidad y Planeta; un Mundo donde la pobreza extrema y la destrucción, son resultado del consumismo irracional y del derroche; un Mundo que, sin cambios profundos, no tiene probabilidad alguna de sobrevivencia.

Escuché a más de alguno decir que usted, Cardenal Miguel, ha escrito su vida, en sudor de multitudes, y en letras Sagradas. Quiero decir, que usted ha pasado a ser y hacer Historia Sagrada en estas Tierras mesoamericanas. Escuché que su biografía no pertenece a este mundo nuestro, de complejidades no resueltas. Sobre todo, complejidades de nuestra, a veces, tan precaria condición humana.

Que usted, a sus 85 venturosos y tan bien cumplidos años de servicio, es más un Santo, que un caminante por estas sendas polvosas de la mundana gloria… ¡cuánta razón tienen quienes le ven a usted más allá del fango, del iluso trajinar por desmedidas atracciones! ¡muchísimo más allá del precario, ínfimo y efímero aturdimiento de la política, como se conoce, o como quieren que la conozcamos…!

Le acusan a usted, Eminencia, de hacer política. ¡Cuán equivocados están, quienes llenan su boca de epítetos! ¡Cuán infames y erráticos, quienes ven en usted lo que, a lo mejor anida todavía en sus corazones sin cambio! Nosotros, que le conocemos luchando con toda su energía vital por lo que usted cree, por Principios Cristianos, por la Fé, por las prácticas propias de nuestra idiosincrasia y cultura; por la transformación de la conciencia, de acuerdo a nuestra idiosincrasia y cultura, sin alteraciones o imposiciones que violenten nuestra manera de ser y de pensar y vivir nuestra historia, nuestra  memoria…

Nosotros, que le conocemos adversando lo que había que adversar, y reivindicando lo que había que reivindicar, cuando era necesario; nosotros sabemos, Eminencia, que usted ha sido fiel a su Misión Pastoral, que es fiel a su Misión Pastoral y que nos ha acompañado a todos los nicara-güenses, nos acompaña en cada momento; nos ha iluminado e ilumina a todos en cada momento, y nos ha ayudado, en cada momento, a comprender, recapacitar, ver claro, y reemprender rumbos de Justicia Social, de ese genuino Cristianismo de donde todos venimos, para asumir Amor, Solidaridad y Principios, que para nosotros, en este Gobierno, en nuestra óptica de vida, también son Principios Socialistas, que hoy reivindicamos con Fuerza, con Fé, con Esperanza, porque de verdad buscamos trabajar Con [email protected], y por el Bien de [email protected]

Cardenal Miguel, Eminencia Reverendísima, Pastor de la Paz, la Reconciliación y la Unidad por el Bien Común, a nombre de todos los que creemos en la Libertad con Justicia, con Fé, con Valores Humanos, en la Democracia con Solidaridad y Caridad; a nombre de todos los que queremos ser Hermanos en Cristo, y en el afán cotidiano de servir, le saludamos en este 85 Cumpleaños, deseando que el Señor nos permita tenerle por mucho tiempo más, como Guía Espiritual de [email protected] [email protected] nicaragüenses.

Con usted, todos los días aprendemos a reivindicar como fundamento de Resurrección, Recons-trucción y Vida, en Nicaragua, el Amor, la Paz y el Bien… la Suma Feliz de la Vida, según Cristo, y ojalá, algún día, signo de toda la Humanidad! Gracias por vivir y por estar con nosotros, con su pueblo, Cardenal Miguel.

 

 

Seguidamente, usó de la palabra el Cardenal Miguel Obando y Bravo, quien señaló:

Excelentísimo señor Presidente de la República, Comandante Daniel Ortega Saavedra; doña Rosario Murillo, Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía; Excelentísimo Monseñor Jorge Solór-zano, Obispo de Granada; Doctor Roberto Rivas, Presidente del Consejo Supremo Electoral; Coman-dante en Jefe del Ejército de Nicaragua, General de Ejército Julio César Avilés; Directora General de la Policía Nacional, Primera Comisionada doña Aminta Granera Sacasa; Doctora Michelle Molina; Ilustrísimos Monseñores, Reverendos Padres Reli-giosos, hermanos todos en Cristo Nuestro Señor.

Esta mañana, pensando en los 85 años que cumplí, pensé, hay que darle, en primer lugar, gracias a Dios Nuestro Señor que nos ha dado la Vida, y agradecerle todos los beneficios que me ha conce-dido. Agradecerle en primer lugar, que nací en una familia que creía en Cristo; familia que estaba convencida que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Sabemos que es en la familia donde se fragua el porvenir de la Humanidad. La familia es la primera célula de la sociedad, y doy gracias a Dios que ha sido una familia que me enseñó a amar a Cristo y a María, y me apoyó, en la medida de sus posibilidades, para que pudiera ser Sacerdote del Altísimo.

Quiero también externar mi agradecimiento, a la Congregación Salesiana donde me formé, creo que pasamos 16 años de estudio, creo que eran cinco años de latín, griego, un año de Noviciado, tres de Filosofía, tres de Tirocinio que le llamamos, Maestría, y cuatro de Teología; agradecerles toda la labor que ellos realizaron en mi formación. Me ordené en Guatemala, en el año 1958; después de mi ordenación, pasé a trabajar en el Seminario Menor del Aspirantado que llamamos nosotros; estuve ahí dos años de Consejero, o sea, Encar-gado de la Disciplina y los Estudios, y luego estuve 10 años como Rector de ese Seminario.

Después de estar de Rector, recibí, de parte del señor Nuncio Apostólico de Nicaragua, una carta donde me proponía ser Obispo Auxiliar de Mata-galpa. La carta la leí, francamente, creo que era la 1:00 de la madrugada, porque yo había estado en Nicaragua, me fui por tierra en bus a El Salvador, y llegué noche al Instituto Rinaldi, donde yo era Rector; leí la carta a esa hora, donde me anunciaba que si aceptaba ser Obispo Auxiliar de Matagalpa.

No pude dormir esa noche por la preocupación; me quedé pensando, creo que pensé 15 días… a los quince días llegó un señor vestido de negro, en un carro negro, preguntó por el Padre Miguel Obando y Bravo, y los muchachos le dijeron: está en la Dirección; llegó, me saludó y me dice: tengo días de haberle escrito una carta donde le propongo que usted acepte ser Obispo Auxiliar de Su Excelencia Monseñor Calderón y Padilla, y ¿qué ha pasado?

Excelencia, le digo: He estado pensando, esto es un asunto serio, yo creo que las cosas hay que pensarlas. Pero ya usted pensó 15 días, ¡ya es suficiente! ¡Haga la carta! me dice. En aquel tiempo no existían las computadoras, tenía una máquina de aquellas que sonaban bastante fuerte, y en presencia de él, hice la carta aceptando ser Obispo Auxiliar de Monseñor Calderón y Padilla. Propiamente anunciaron mi nombramiento de Obispo un 31 de Enero, Fiesta de San Juan Bosco, el Padre y Maestro de la juventud, el hombre que según Pío XI, trabajó con tanto entusiasmo, para salvar a la niñez y a la juventud.

Pasé a Matagalpa, y durante ese tiempo que estuve ahí, creo que fueron dos años, tuve la dicha de trabajar en la Ciudad, y también de recorrer las montañas de Matagalpa y Jinotega. El primer año, con Monseñor Vílchez tomamos una mula, dejamos el jeep en cierto punto, y me dijo Monseñor Vílchez: este jeep lo vamos a ver aproximadamente dentro de un mes, cuando volvamos de dar la vuelta. Tenía mucho tiempo de no montar a caballo, la última vez que lo había hecho fue cuando viajé de La Libertad a Juigalpa, que ocupamos, creo que dos días, porque la bestia se cansaba, y hubo que dormir por ahí. Hoy lo hice en 45 minutos, en la carretera hecha por el Excelentísimo señor Presidente y la Primera Dama; creo que lo hice en 45 ó 40 minutos la semana pasada, pero esa vez la hicimos casi en dos días, y para llegar a Granada, ocupamos 15 días, con todas las esperas y dificultades que encontramos, siempre con el deseo de ser Sacerdote.

Trabajé con Monseñor Calderón, hice los primeros viajes; ya tenía años de no montar a caballo, puedo asegurarles que la primera semana me pare-cía que estaba como con fiebre, porque había que viajar hasta 6 horas a caballo, y después llegar a aquel lugar, quitarnos las botas y ponernos unos zapatos un poco livianos, y comenzar a pre-dicarle a la gente, y después a confesar en una pata de gallina, no sé si saben lo que es la pata de gallina… sentado muchas veces hasta la 1, 2 de la madrugada, y trabajar al siguiente día en la misa, organizar la Acción Católica, y a las 12 del día, tomar otra bestia para seguir, y así durante un mes.

Puedo asegurarles que la primera semana me sentía como con fiebre, pero pasada la primera semana, me sentí perfectamente bien. Así que tuve la ocasión de tratar con el campesinado de Matagalpa y también, el siguiente año, tuve la oportunidad de recorrer las montañas de Jinotega. Yo ya sabía que iba a ser el Arzobispo, pero el señor Nuncio me había dicho que guardara el secreto, y le dije: sí, le agradezco, después de exponerle todos mis motivos, pero me he comprometido con la gente de las montañas de Jinotega, y le agrade-cería, señor Nuncio, que me permita seguir esa gira. También estuve un mes en Jinotega, traté con esa buena gente, acompañado de un Sacerdote, en la primera con Monseñor Vílchez, después con Monseñor Baltodano. Esas montañas de Jinotega donde tuve contacto con la gente pobre, gente muy cariñosa, gente que sabe dar Amor.

Estando en Wiwilí, para no alargarme tanto, anunciaron mi nombramiento de Arzobispo de Managua. En ese momento, me recuerdo que había más de 100 campesinos, y en aquel tiempo los campesinos usaban su revólver, sacaron el revólver, y todos descargaron su revólver… ¡hasta el Cura Párroco tenía una 38! Y también sacó su 38 ¡y la disparó! y andando en mula, la mula se pone un poquito más briosa y lo sacude.

Llegamos, realmente nos encaminamos, me fue a recibir el señor Obispo, Monseñor Calderón y Padilla que estaba enfermo, pero hizo un esfuerzo, me fue a saludar y me dijo: me traicionó usted. ¿Por qué Excelencia? Porque yo le había dicho a la Santa Sede que me lo dejara siempre de Obispo Auxiliar, que me ayudara hasta que yo muera.  Pero le digo: bueno, pues, la obediencia.

Llegué a Jinotega, me recibieron con mucho entu-siasmo, después hicieron un acto multitudinario, y un orador me dijo: «hoy es su Domingo de Ramos, pero le vendrá muy pronto su Viernes Santo». Me hicieron una fiesta, una acogida, y el siguiente día me trasladé a Matagalpa, ya los matagalpinos me esperaban para darme la despedida. Me pidió Monseñor Calderón que le celebrara la Semana Santa, porque él no podía; me quedé celebrando la Semana Santa, y hubo una gran despedida de parte de los matagalpinos, para llegar, en el año 1970 de Arzobispo de Managua, donde tuvimos realmente nuestras alegrías, porque creo que la Vida se compone de alegrías y también de dificultades.

Nos encontrábamos en aquel momento en la Toma de los Templos. Después, por desgracia vinieron… ¡dos guerras tuvimos! Y algunas veces, examinándome, yo digo que hubiera podido morir en estas mediaciones. ¡Cuántas veces me salvé…! de un árbol que caía, por ejemplo, recuerdo que me impresionó un poco… fui a decir misa a Masa-tepe, ya viniendo para Managua solo, manejando mi vehículo; la misa se tardaba más de dos horas por el saludo de la gente y las fotografías, ya re-gresando, creo que el Señor todavía quería que yo siguiera viviendo. Regresando por la carretera que va de Masatepe a Masaya, me pasa un jeep de la Guardia, estaba un árbol caído, y en ese momento se oyeron granadas y bombas de contacto, y todos los que venían en el jeep perecieron.

Se ve que el Señor quería que yo siguiera vivien-do, porque yo iba adelante, no sé cómo me pasó. Lo que hice fue regresarme para atrás con mi vehículo, para dar la vuelta por El Crucero. Digo que el Señor todavía quería que yo siguiera viviendo, porque en lo oscuro no hubieran distin-guido quién era. Pero pasó el Jeep de la Guardia, y quedó destrozado completamente. No sé si eran granadas o bombas de contacto, el caso es que, lo que hice yo fue frenar mi carro y venir para atrás y volverme. El Señor quería que yo siguiera viviendo, y le agradezco.

Estuvimos en Managua mucho tiempo, hubo momentos de alegría; pero también vino el terremoto que destruyó nuestra Ciudad Capital. Le pedí fuerzas al Señor, porque, alguien dijo por la radio: los Pastores se fueron al mar… ¡imagínense que un Pastor se va a ir al mar, mientras su gente está golpeada! Yo recuerdo, estaba joven, recorrí toda la noche y tres días recorrí a pie, auxiliando a nuestra gente, con la ayuda de Dios.

Tuvimos el terremoto, después vino la guerra, y el Señor me salvó de muchos peligros… porque mediamos en Estelí, donde estaban los tanques de Somoza, ahí llegué a mediar; después mediamos… no es que yo sea amigo de las mediaciones, solamente las circunstancias… en Matagalpa decían: que venga a mediar el Cardenal Obando, pero yo me quedé pensando: ahí hay un señor Obispo.  Pero después de 15 días, digo: voy a ir. Y al señor Obispo le digo: acompáñeme en la mediación… Monseñor Barni, que en Paz descanse, porque teníamos que parar el combate, ahí ya estaban peleando. Les pedí a los muchachos que pararan el combate durante dos horas, para tratar de mediar en Matagalpa.

Quería que me acompañara Monseñor Barni, pero no fue posible, porque, realmente algunos no estuvieron de acuerdo con que me acompañara. También ahí casi perecemos, porque, no sé cómo la ametralladora, creo que rozó un poco… íbamos pasando con don Ismael Reyes en el vehículo, y en la pasada, estaba la ametralladora en la parte alta, casi morimos, pero se ve que el Señor dijo: que sigan éstos viviendo para que den guerra. Agradecemos al Señor esta fineza.

Después vinieron todas las mediaciones que ustedes conocen, invitado siempre por el Frente Sandinista creo yo, porque, me llamó el Presidente Somoza una mañana, me parece que marcaba mi reloj las 4:05 minutos. Hacía mucho que no hablábamos, porque él había querido que yo le pronunciara un discurso en la Plaza el día que tomaba Posesión, pero yo no vine, me quedé en Roma; él estaba un poco disgustado conmigo.

Me llamó y me dijo: venga usted aquí, hay un asunto gravísimo. ¿Qué asunto gravísimo? No puedo decirlo, venga usted que es gravísimo esto, le mando el vehículo. Le digo, yo tengo vehículo… nos fuimos, creo que manejó el Magistrado Roberto. Fuimos allá, donde encontramos al Presidente Somoza rodeado de los diplomáticos, y me explicó brevemente en qué consistía. Y a usted lo están pidiendo, no sé si usted es de ellos… algo así me dijo al oído.

Pero realmente, le digo, si yo voy a mediar, voy a tratar de ser recto, evitar que se derrame sangre. Y en efecto, gracias a Dios así fue. Costó un poco esa mediación, para mí, ha sido una de las mediaciones más complicadas, porque el señor Presidente Somoza no estaba acostumbrado a esas cosas… ¡fue duro! Hubo un momento en que él me dijo: vea, yo saco a estos muchachos con 40 hombres con chalecos de acero ¡y los saco! Yo le dije: yo no soy militar, usted es de la West Point, pero no haga eso, porque va a matar a tanta gente, y probablemente van a matar a su cuñado… Estaba ahí también el cuñado de él. Yo creo que sería mejor que agotemos los cauces civilizados, es mejor para usted, porque con esto se va a desprestigiar.

Costó un poco, ¡pero se logró! De esta mediación, creo que llegamos a Cuba. ¿Usted iba señor Presidente? Sólo recuerdo que aquí, mi buen amigo Lenín… ¿cuento la historia o no la cuento? Él iba a la par mía y le habían dado una ametralla-dora, no sé si era ametralladora, en eso yo soy poco experto, pero él llevaba dos granadas, y las tiraba hacia arriba… Y es buen beisbolista porque las cogía en la mano, pero yo no sé de esas cosas, él sabe más que yo, le digo, ¿no hay peligro que esta cosa estalle y vaya…? No sé si a la granada si no le quita talvez el seguro ¿no estalla? La cosa es que a mí me dio miedo, y le dije: mejor guarde eso… y la guardó.

Iba usted señor Presidente en ese viaje; los dejamos en el avión, se fueron, y después no los volvimos a ver, y nosotros nos quedamos ahí. El señor Fidel Castro me dijo: sabemos que a usted le gusta el fumado, me mandó una caja de puros; pero yo, realmente, en mi vida nunca he fumado. Pero le agradecí la caja de puros que me mandó por ahí.

Para no alargarme, quiero agradecer las amables palabras de la Primera Dama, doña Rosario Murillo ¡qué bonitos conceptos! Ella es muy optimista, le agradezco esta muestra de fineza; y agradezco al señor Presidente que hayan tenido esta iniciativa de hacer este Acto; y no sé, parece que en seguida nos van a obsequiar una cena, esperamos que el Señor los bendiga.

Pero quería terminar con esto, a mí me nombró el señor Presidente, Miembro de la Comisión de Reconciliación, Justicia y Paz; aunque con él habíamos conversado antes de lograr la Paz, ¿se acuerda? Usted nombró la Comisión de Reconciliación, Justicia y Paz en ese tiempo también, y estuve mediando muchas veces… 14 días en Washington, también estuvimos en República Domi-nicana, en Guatemala, en Nueva York. Me faltó contar esto, vamos a mediar a República Dominicana, y me habían dicho, ¿usted qué avión quiere? Yo dije: como tiene más petróleo Venezuela, denme el de Venezuela que no le faltará combustible… pero resulta que el avión donde iban los otros llegaba dos horas antes, el nuestro era más lento.

El avión era de hélice, y a la vuelta, como voy a la orilla de la ventana veo que se para la hélice y les digo: ¡se paró la hélice! Monseñor Bosco sacó su rosario inmediatamente, y yo también saqué el mío, y sale el mecánico y dice: ¡nos morimos! El mecánico que sabe de esas cuestiones, pero gracias a Dios el avión se mantuvo un poquito, como a 100 metros al nivel del mar, y pudimos llegar nuevamente a República Dominicana.

Hemos tenido que viajar después en la noche, en un avión de carga hasta Panamá, yo llevaba 50 dólares en la bolsa, y me dicen los acompañantes, había un equipo de varios… estaba Monseñor Bosco, el Padre Ariel, Monseñor Sancti y yo; me dicen, vamos a comer, tuvimos que buscar un hotel, y yo pensando: con 50 dólares ¡estamos muertos! Después me dicen aquellos: vamos a desayunar, pero yo ya no desayuné por la preocu-pación de, cómo pagamos el hotel y cómo pagamos la comida.

Pero tenía los 50 dólares, tomé un taxi, y me fui donde los Salesianos, y les digo: me encuentro en un apuro, préstenme ustedes el dinero para pagar el hotel, si no, nos van a echar presos. Pagamos el hotel, después yo traté de pagarles, pero ellos me prestaron el dinero. Son aventuras que hemos tenido, pero siempre con alegría, con la intención de servir.

Y termino con esto, para no alargarles… en el servicio que nos ha encargado el señor Presidente y la Primera Dama, de ayudar a los pobres, yo acepté porque me parece que debemos hacer una opción preferencial por los pobres… 154,000 familias han recibido el Título de Propiedad, aquí está la Doctora Yara que trabaja con todo un equipo; 85,000 mujeres beneficiadas con el Bono Solidario; más de 200,000 mujeres han recibido créditos en el Programa de Usura Cero; al fina-lizar el año 2011, 253,000 familias habrán recibido el Plan Techo.

Felicitamos al señor Presidente, a la Primera Dama y a todo el equipo, porque ellos son el alma que empujan esto; han proporcionado grandes cantidades de láminas de zinc, más de un millón de láminas que han ido, sobre todo, a la gente pobre, la gente que tiene menos recursos. Que siga señor Presidente trabajando por el bien de los pobres, y doña Rosario también. Sabemos que en el atardecer de la Vida, el Señor nos va a premiar, y nos va a juzgar solamente por el Amor, y me parece que interesarse por los más pobres es también una muestra de Amor.

Que sigan ustedes trabajando, construyendo siempre una Paz que esté apoyada en la Verdad, en el Amor, la Justicia y la Libertad, y reitero mis agradecimientos a usted señor Presidente y a doña Rosario, por ese bonito discurso, esas palabras tan bonitas que me ha dicho usted. Muchas gra-cias, que el Señor los bendiga.

 

 

El resumen del acto fue hecho por el comandante Daniel Ortega, quien afirmó:

Queridos hermanos nicaragüenses, queridas familias nicaragüenses, hoy nos sentimos honrados de estar en esta Casa de los Pueblos, haciendo un más que merecido reconocimiento, en el 85 Aniver-sario de su Natalicio, a Su Eminencia Cardenal Miguel, Príncipe de la Iglesia, Príncipe de la Paz, porque el Rey es Cristo, y él es Príncipe de la Iglesia, Príncipe de la Paz, Príncipe del Amor.

Compañera Rosario, Compañero General de Ejército, Julio César Avilés, Compañera Primera Comisionada Aminta Granera; Monseñor Jorge Solórzano, Obispo de Granada, pero todavía trabajando en Matagalpa, trabaja doble en estos momentos Monseñor Solórzano; Doctora Michelle Rivas, Rectora de UNICA; Doctor Roberto Rivas, Presidente del Consejo Supremo Electoral; Sor Martha Jerez, Sor Mireya Méndez, Sor Brenda Somoza… Somoza la buena; Sor Francisca Lazo. Querido hermano Padre Eslaquit, Cura Párroco de Dolores… recordamos ese encuentro histórico en ese lugar tan lindo que tiene, Betania, y esperamos visitarlo nuevamente, si Dios quiere. Querido hermano Monseñor Bismarck Carballo, querido hermano Monseñor Eddy Monte-negro y querido hermano Monseñor Francisco Castrillo.

Querido hermano Tomás Borge, Fundador del Frente Sandinista, con Carlos y otros hermanos sandi-nistas; nuestros saludos para Chepita, aquí está siempre al lado de Su Eminencia, trabajando las 24 horas del día.

Su Eminencia nació el 2 de Febrero del año 1926. Cuando usted nacía, Eminencia, Nicaragua se convulsionaba política y socialmente; en esa época había un índice de escolaridad, un índice de alfabetismo mínimo totalmente… el 90 por ciento de los nicaragüenses eran analfabetos, estaban empobrecidos y, una vez más… habían pasado las oleadas de guerra, de violencia en nuestro país, que culminaron con aquellos hechos históricos, aquellas batallas históricas de San Jacinto, en el Siglo anterior, en 1854, 55, 56.

Cuando estaba naciendo Su Eminencia, ya nueva-mente, buques de guerra de los Estados Unidos de Norteamérica, cuyo Gobierno delegaba en el Brigadier General Logan Feland, de la Armada Norteamericana, la misión de encabezar las Fuerzas Navales y las tropas que invadirían nuestra tierra, una vez más. Una invasión que había sido iniciada por los años 1912, y que prácticamente había sido ininterrumpida, y se reforzaba más bien en ese año, en esos meses en que nacía Su Eminencia. Estallaban las batallas una vez más en nuestra Patria, entre hermanos nicaragüenses… Conservadores por un lado, en ese momento en el Gobierno, en la Presidencia, después de «El Lomazo» del General Chamorro y, los liberales por otro lado. Y vino la famosa Guerra Constitucionalista.

 

 

Recuerdo esto, porque a Su Eminencia, como nos lo mencionaba en su intervención, que realmente fue muy breve… ¡tanto tiene que decir, tanto tendría que decir! Él, como que lo dispuso Dios para contribuir, de forma determinante, a un proceso muy complejo, que culminaría finalmente, con el fin de las guerras en Nicaragua. Porque la historia de Nicaragua estaba llena de guerras… desde que vinieron los españoles empezó la guerra; luego, Liberales y Conservadores, y los norteamericanos que querían adueñarse de Nicaragua, metiéndose con sus tropas continuamente.

Y él nació en ese pueblito humilde de La Libertad. Yo lo conocí a él a través de mi madre, ella fue la primera que me habló de Su Eminencia, ¡y me hablaba con orgullo! En ese entonces, él no era muy conocido en nuestro país, sí era un orgullo, o sea, un pueblo que daba un Sacerdote era un orgullo ¡y sigue siendo un orgullo para el pueblo! Tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en El Salvador, cuando yo estaba estudiando en el Colegio Salesiano, en Santa Cecilia, y como nos recordaba, él estaba al frente del Seminario.

Le tocó a él irrumpir en un proceso muy violento, sangriento, que nos polarizó en diferentes momentos a las familias nicaragüenses… le tocó realmente, pasar por un largo viacrucis, y continuar todavía en ese largo vía crucis, simplemente, porque se comprometió con el pueblo, se comprometió con la Reconciliación, con la Paz. Y en medio de las contradicciones que vivimos, donde no escapamos nosotros a esas contrdicciones, a esa falta de comprensión, en determinados momentos, de lo que significaba el aporte que él venía brindando para ahorrar baños de sangre en nuestro país.

Él mencionaba uno de estos hechos, luego fue la Toma del Palacio, luego fue el momento de la rendición de la Guardia… la mediación de Su Eminencia ¡fue determinante para que no se produjera un baño de sangre en nuestro país! Él fue el que intermedió entre el Frente Sandinista y los mandos de la Guardia, ya cuando Somoza había huido, para lograr que los Guardias que todavía no se rendían, lo hicieran; y eso lo llevó a correr riesgo bajo las balas.

Pero no culminó ahí esa lucha de Su Eminencia, por la Reconciliación, por la Paz, sino que tuvo que continuarla. Y continuó esta lucha, que se volvió más dura, más polarizada durante ese largo período de guerra que tuvimos… bloqueo, guerra, y, donde Su Eminencia, siempre le abrió las puertas, le abrió su corazón a todos los nicaragüenses, sin distingo de colores políticos, ideológicos, sociales, económicos, ¡a todos! Aún cuando había momentos difíciles, nunca, de nuestra parte, perdimos la comunicación con Su Eminencia.

No podemos ocultar que se dieron situaciones dolorosas, duras, pero eso, no nos llevó a romper la comunicación, sino que siempre la mantuvimos, y cuando le pedíamos a él que aportara, como aportó en el Proceso de Paz que se inició en la Región Centroamericana, en Esquipulas, inmediata-mente aceptó ser el Presidente de la Comisión Nacional de Reconciliación aquí en Nicaragua, ¡y estaba la guerra todavía! la otra guerra… Ya no era la guerra contra Somoza, sino que era esa guerra alimentada por los Estados Unidos, y que nos llevaba a matarnos entre hermanos… ¡una verdadera locura!

Él fue determinante ¿para qué? Para acercarnos ¡a los que no podíamos ni vernos! Para que nos acercáramos, los que ni siquiera estábamos dispuestos a respirar el mismo aire. En una reunión en la que estuvo presente Su Eminencia, ahí estaba la Delegación del Gobierno, y cuando sale la Delegación del Gobierno del Frente Sandinista, iba a entrar la Delegación de la Resistencia; y ellos no querían entrar, porque decían que no querían respirar el mismo aire que habían estando respirando los sandinistas.

Y por otro lado, nosotros, en ocasiones anteriores habíamos afirmado y asegurado que no dialogaríamos jamás, que no negociaríamos jamás… eran posiciones, resultado de un conflicto violento, duro, pero al final, ¡alcanzamos la Paz! Al final, cesó la guerra en Nicaragua. Y yo puedo afirmar con toda seguridad, que fue determinante esa disposición de Su Eminencia, el Cardenal Miguel, de estar dispuesto a propiciar el entendimiento, el diálogo, la Reconciliación entre los nicaragüenses.

Pero claro que culminar el Proceso de Paz en 1990, no significaba que ya los nicaragüenses nos íbamos a entender de la mejor forma, de la mejor manera; quedaron focos de violencia, incluso generados por los problemas de orden económico y social, por los compromisos que se habían asumido en ese Proceso de Paz con los desmovilizados del Ejército, del Ministerio del Interior y de la Resistencia Nicaragüense.

Estaban todos esos compromisos, miles de familias con las cuales teníamos esos compromisos. Y que todavía, hasta hace pocos años, teníamos zonas de enfrentamientos armados entre hermanos, disputándose propiedades. Ese es un problema que no ha desaparecido totalmente, pero ahora, la disputa no se da a balazos, ahora se va buscando solución al problema, a través de la Comisión de Reconciliación, Paz y Justicia que preside Su Eminencia.

Esto ha permitido lograr tener un ambiente de Paz, un clima de Paz, en comunidades, comarcas, Municipios donde, cuando nosotros llegamos al Gobierno en el 2007, había violencia, había guerra focalizada, muy focalizada; ya aquella guerra extendida en el país había desaparecido, pero estaba la guerra focalizada alrededor del tema de la propiedad.

El tema de la propiedad tiene que ver con una demanda justa de los campesinos que se convirtieron en combatientes del Ejército, del Ministerio del Interior, o de la Resistencia, y que luego esperaban un pedazo de tierra para trabajarla, como decía Sandino: «un pedazo de tierra para trabajarla». En esto, ha venido contribuyendo Su Eminencia, y tiene demandas que desbordan las capacidades de poder dar una res-puesta en el corto plazo.

Lo importante es que se va avanzando, que se están entregando ¡miles de Títulos de Propiedad! ya lo mencionaba Su Eminencia. Lo importante es que se está entregando este Plan Techo, para miles de familias en el campo. Lo importante es que se está incorporando a las actividades productivas, a miles de familias campesinas, a miles de mujeres campesinas, a mujeres que también trabajan en los barrios, en labores artesanales.

Esta es una lucha, una batalla que hoy estamos librando todos los nicaragüenses, la estamos librando ¿para qué? Para alcanzar la Paz, en el orden económico y social. Porque se pueden lograr  y hemos logrado grandes avances en el campo polí-tico institucional.

En Nicaragua, desde 1984 con la Constitución, se ha cumplido al pie de la letra con el Mandato Constitucional de elegir Presidente, Diputados, Diputados al Parlamento Centroamericano, de elegir Alcaldes, Vicealcaldes y Concejales, y de elegir Autoridades Regionales en las Regiones Autónomas del Atlántico Norte y el Atlántico Sur… ¡eso es un avance enorme en este país! Eso no era posible antes.

El problema está en el orden económico-social… tenemos un potencial bien grande en nuestro país, mucha riqueza, tierras fértiles, hombres y mu-eres dispuestos a trabajarlas, trabajándolas. Hemos logrado construir una alianza trabajadores-empresarios-campesinos, todos los nicaragüenses; independientemente que cada quien tenga su opción política, ideológica, a la hora de elecciones.

Mientras tanto, cuando se trata de trabajar por el país ¡vamos todos juntos! y hemos logrado avanzar en esa dirección, a pasos, diría yo, mucho mayores, que lo que han logrado avanzar en los hermanos países centroamericanos, en medio de una crisis económica global; en medio de un encarecimiento del precio de los alimentos a nivel mundial. O sea, nosotros tenemos que correr a producir más, y no vernos obligados a importar, porque la importación de alimentos cada día va a ser más cara; el precio de los alimentos cada día va a ser más caro, cuando se tienen que importar. Si los producimos, lógicamente podemos mantener un precio justo para las familias nicaragüenses.

Hoy, en estos días en que estamos Conmemorando el 85 Aniversario del Natalicio de Su Eminencia, los problemas en el mundo nos están afectando a todos. Hablaba del problema alimentario, pero es que también tenemos situaciones en estos momentos, en el Medio Oriente, que, aunque estemos a miles de kilómetros de distancia de esos pueblos hermanos, lo que allá acontece también repercute en la economía global, y repercute en la economía nicaragüense.

El petróleo, por ejemplo, que es algo fundamental para la actividad económica, productiva, para el transporte, cuando se presentan situaciones como éstas, a la par de la devaluación del dólar, entonces se incrementa el precio del petróleo, y esto tenemos que administrarlo con mucho cuidado, porque somos un país que no produce petróleo; que tenemos una Cooperación muy Cristiana, muy Solidaria, muy Socialista, de parte del hermano pueblo venezolano. Precisamente un día como hoy, se inició en Venezuela el Proceso Bolivariano, encabezado por el Presidente Hugo Chávez; un Proceso de cambio, en favor de los pobres, y que luego se multiplicó en toda América Latina, en Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, ¡por todos lados! o sea ¡cambió América Latina!

Pero cuánta falta hace en estos momentos en Egipto, por ejemplo, el Cardenal Miguel… ¡es terrible lo que está aconteciendo en Egipto! Una zona altamente volátil, que ha estado bajo el control de los Estados Unidos y bajo el control de los europeos, con Gobiernos que ellos han armado, han financiado. El Gobierno egipcio, por ejemplo, ha recibido un financiamiento de más de 1,300 millones de dólares por año, solamente para armamento… ¡imagínense! Mientras tanto, en Egipto hay pobreza.

Si en lugar de entregar esos 1,300 millones para armas, en Egipto, hubieran entregado 300 millones para armas, y mil millones para combatir la pobreza, seguramente no estaría la gente, en estos momentos, protestando y reclamando en la forma que lo está haciendo. Esas son formas de dominación que han establecido ahí los europeos, con sus ex-colonias… Egipto fue colonia de Inglaterra. Ahí hubo una lucha progresista, nacionalista, encabezada por Abdel Nasser. Pero luego murió Nasser, se traicionó el Proyecto, y se instalaron estos Gobiernos, con todo el res-paldo de Europa y los Estados Unidos.

Ahora hay una crisis ahí y, los Estados Unidos y los europeos, queriendo resolverla a control remoto…  no se dan cuenta que esa crisis la van a resolver los pueblos, la va a resolver el pueblo egipcio, el pueblo tunecino, el pueblo jordano ¡son los pueblos los que tienen que resolverla! Por mucho que el Presidente Obama esté llamando al Presidente egipcio, Mubarak, eso no va a resolver la crisis. Porque ahí se combinan diferentes factores, económicos, socia-les, represión… o sea, fuerzas políticas que discrepan de las políticas establecidas por los Estados Unidos a través de estos gobernantes, ¡van a la cárcel! Ya han estado en la cárcel. Ahí no hay libertades políticas, ni hay libertad de comunicación, de prensa.

Aquí en Nicaragua, los medios de comunicación dicen lo que quieren, ¡está bien! que digan lo que quieran y que sigan diciendo lo que quieran, no hay ningún problema en eso… ¡hay absoluta libertad de comunicación! Aún cuando a veces dicen que no hay libertad de prensa, que está amenazada la libertad de prensa, pero es que, basta leer, basta ver por la televisión, basta escuchar por la radio, para darse cuenta que en Nicaragua hay una libertad de prensa, mucho mayor que en los Estados Unidos, mucho mayor que en Costa Rica.

En Costa Rica, en las últimas elecciones, le levantaron juicio y sancionaron a unos sacerdotes, porque estaban opinando de política; en la cuestión electoral, estaban hablando, como Pastores, ¡tienen su derecho! pero los enjuiciaron, los procesaron. Aquí no… ¡aquí hay la más absoluta libertad para todo el mundo! Y esto es un compromiso que tenemos. Ya pasaron aquellos momentos difíciles que obligaban a restricciones en ese campo.

Ahora estamos en un período de Paz, de Reconciliación; un período y una etapa en el país, en que estamos buscando el entendimiento entre todos los nicaragüenses. Pero, como decía, también hay tendencias a polarizar el país, son minoritarias, no veo que tengan mayor acogida… Siento que la inmensa mayoría de los nicaragüenses están a favor de la estabilidad y la Paz… Estabilidad y Paz con Trabajo, lógicamente; Estabilidad y Paz con tierra para los campesinos; Estabilidad y Paz con Educación; Estabilidad y Paz con Salud, si no, no puede haber Estabilidad y Paz, ¡no puede haber libertad!

En todo este Proceso que ha vivido Nicaragua, desde aquel momento en que Su Eminencia anduvo recorriendo las montañas de Matagalpa y Jinotega, acompañando a esos campesinos, llevándoles el Mensaje de Esperanza, de aliento, de Cristo, hasta el día de hoy, Eminencia, usted ha sido el Pastor que ha continuado de forma invariable, defendiendo el Derecho de los nicaragüenses, a la Reconciliación y a la Paz.

Esto se lo reconocemos, sabiendo que siempre estas tareas nobles, se ven sometidas a la incomprensión… a la incomprensión de quienes en otros momentos buscaron a Su Eminencia. Aquí deberíamos de entender que nadie puede lanzar la primera piedra… ¡todos hemos buscado a Su Eminencia en momentos difíciles! Él sigue siendo un símbolo de Reconciliación, de Paz, que debemos continuar construyendo todos los nicaragüenses… Paz con Justicia, Paz, sacando a Nicaragua de la pobreza.

Quiero agradecerle y reconocerle, en nombre del Gobierno y pueblo de Nicaragua, y estoy seguro que la inmensa mayoría de nicaragüenses lo com-parte, reconocerle a Su Eminencia, ese trabajo pastoral, esa disposición permanente, donde, a sus 85 años, Eminencia, usted sigue estando en la primera línea de lucha por la Paz, por la Reconciliación de los nicaragüenses. Gracias Eminencia.

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