Nicaragua

Patrimonio Cultural en la Revolución del Amor

El valor de nuestro Patrimonio Cultural en la construcción del futuro justo y solidario de Nicaragua...

Redacción Central |

El valor de nuestro Patrimonio Cultural en la construcción del futuro justo y solidario de Nicaragua…

Un pueblo se identifica, entre otras cosas, por valores comunitarios que lo caracterizan de otros pueblos hermanos, dándole aquello que denominamos «Identidad Cultural».

La identidad cultural de un pueblo constituye en gran medida su Patrimonio Cultural, el que podemos entender en dos dimensiones: Como expresión espiritual reconocida legítimamente por los pueblos y como parte de la legislación positiva de un país, sancionada por sus representantes en los Poderes Legislativo y Ejecutivo.

La legitimidad de la identidad cultural constitutiva del Patrimonio Cultural, se la dan las personas que conforman un núcleo de la población, no la Ley. Siendo ésta última, la expresión más calificada en materia jurídica de aquello que la población ha asumido con la categoría de «su» patrimonio cultural.

De lo anterior concluimos que no todo aquello que los pobladores de una región consideran que es parte de «su» patrimonio cultural, es jurídicamente hablando, patrimonio cultural.

Nos sorprenderemos de saber -a manera de ejemplo-, que el Nacatamal con todo y su apetitoso gusto con aroma tradicional ancestral, desde un punto de vista estrictamente jurídico, no constituye parte del patrimonio cultural de Nicaragua; aunque desde un punto de vista popular, sí lo es.

La explicación es muy fácil de comprender: El Nacatamal no tiene una expresa ley o resolución de la autoridad competente, por medio de la cual se le otorgue la declaratoria necesaria con el titulo o categoría legal de patrimonio cultural de Nicaragua.

Este principio de legalidad, que crea el bien jurídico denominado «patrimonio cultural» por medio de una declaración expresa, es válido para cualquier objeto, costumbre, tradición, lengua, expresión artística, conjunto urbano histórico, entre otras; diferente a los objetos paleontológicos (fósiles de animales o plantas extinguidos) y a los objetos arqueológicos (evidencias materiales de culturas desaparecidas).

Los fósiles y la arqueología (cerámica, líticas y otras), constituyen por sí mismos, conforme la legislación patrimonial vigente, patrimonio cultural protegido por el Estado, sin importar quién sea su dueño o poseedor. Estas dos categorías patrimoniales no requieren de más declaratoria que la ley de patrimonio cultural vigente.

Sin embargo, tanto el patrimonio legitimado por la población, como aquél otro legalizado por el Estado en sus instancias creadoras de las normas, son parte esencial del alma y nervios de las gentes como entidades sociales con personalidad propia.

Por eso resulta fácil comprender que el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de Nicaragua, presidido por el Presidente Comandante Daniel Ortega Saavedra y el FSLN, le den especial importancia al rescate y revalorización de los iconos representativos de la identidad cultural del pueblo Nicaragüense, que expresan su patrimonio cultural.

La oposición libero-conservadora acusa al gobierno de «manipulación» de los «símbolos cristianos», manifestados en las imágenes religiosas de la Virgen María y árboles navideños; así como la utilización de un lenguaje «religioso» en sus discursos y propaganda oficial; pero la oposición lo que ataca realmente es la presencia comprometida y honesta del Gobierno en aquello que los libero-conservadores consideran «su» campo de dominio tradicional (el religioso).

Para el Gobierno, se trata más bien de una política de respaldo a las tradiciones culturales, inevitablemente religiosas en nuestro país, devolviéndole al pueblo, desde el poder, su iconografía revestida de colorido y brillo; de abundante solidaridad y de convicción respetuosa de la Fe religiosa del pueblo.

El proyecto revolucionario del Siglo XXI, impulsado por el FSLN con el Presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, tiene como fundamento social a los pobres, a las mujeres y a los jóvenes, en los ejes fundamentales de su acción económica y política; por lo que la orientación de las políticas referidas al patrimonio cultural de Nicaragua, van dirigidas precisamente a rescatar la memoria histórica de cada una de estos segmentos sociales, con la participación de ellos y para devolvérselas a ellos.

Rescatar y revalorizar aquellos rasgos característicos del pueblo de Nicaragua, que lo definen como un pueblo solidario y amistoso, justo y combativo, generoso y propuesto a salir de la pobreza. Un pueblo libre, que nunca ha sido sometido el suficiente tiempo como para olvidar su dignidad y levantarse en armas si es necesario, para liberarse del yugo opresor.

Pero no puede haber rescate y revalorización del patrimonio cultural, si no hay un esfuerzo por alfabetizar a los creadores de este patrimonio, de aquí que la lucha tenaz del Gobierno por liberar y declarar realmente a Nicaragua, país libre del analfabetismo, es esencial en la coherencia que debe tener una política patrimonial. Lo contrario sería demagogia.

Ciertamente, cuando se habla del Poder Ciudadano como proyecto y planteamiento estratégico de la actual administración gubernamental del FSLN, el tema del patrimonio cultural adquiere ribetes de mayor alcance, pues solamente con la participación decidida de la población, nuestro patrimonio cultural adquirirá la dimensión legítima y jurídica suficiente para su protección, conservación y promoción.

Un ejemplo real de esta práctica gubernamental del rescate participativo del patrimonio cultural de la población, lo representa el esfuerzo municipal por redactar las historias de los barrios populares de Managua: Ya están en proceso editorial, la historia del populoso barrio Monseñor Lezcano y de la Colonia Morazán (Distrito II de Managua).

Otro ejemplo, es el proceso de restauración y revitalización de los monumentos populares construidos después de la insurrección de 1979, en homenaje a los cientos de jóvenes asesinados, martirizados o muertos heroicamente en combate contra la genocida Guardia Somocista.

Sin embargo, cuando hablamos del rescate y revalorización del patrimonio cultural de los Nicaragüenses, no solamente estamos volviendo la vista hacia atrás, hacia el pasado; sino que estamos sobretodo poniendo la vista hacia el futuro, pues no hay diseño de futuro, sin conciencia y conocimiento del pasado del cual venimos.

La experiencia histórica del FSLN acumulada por casi 50 años de existencia (de la guerrilla al partido gobernante), le facultan con la suficiente autoridad moral para plantear el diseño de una sociedad Nicaragüense justa, solidaria, participativa, equitativa, revolucionaria, donde todos estos valores esencialmente Cristianos, sean parte sustancial de la agenda del poder.

Es la herencia legada por los héroes y mártires, a quienes lo menos que se les puede retribuir es el rescate de sus memorias colectivas e individuales. Una herencia que soporta el entarimado de una nueva, pero continuada, revolución de valores fundamentados en el amor; no a partir del concepto burgués de amor (egoísta), sino a partir del concepto Cristiano de amor, que implica la entrega total a los demás, como ellos lo hicieron: Camilo, Gaspar, Arlen, Claudia, Edwin, Germán, Carlos, Sandino…

Una nueva revolución, continuación de la iniciada en 1979, donde la nueva generación de sandinistas, está asumiendo con responsabilidad sus papeles en el liderazgo del Estado; apoyados por los «veteranos» revolucionarios que desde los años 60, 70 y 80, están comprometidos con el sueño de construir en Nicaragua una sociedad justa, donde el Reino de Dios sea más que la petición: «venga a nosotros tu Reino», que clama la oración del «Padre Nuestro»; sino que sea un acción comprometida y liderada por el FSLN, en la búsqueda histórica de ese Reino del Amor.

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