Nicaragua

¡Paz y Desarrollo son inseparables!

Foro en conmemoración del XX Aniversario de los Acuerdos de Paz de Esquipulas II Organizado por la Universidad Católica Redemptoris Mater, UNICA

Presidentes de Centroamérica - Esquipulas 1987
Presidentes de Centroamérica firmantes de los Acuerdos de Esquipulas en Agosto de 1987. De derecha a izquierda, Daniel Ortega Saavedra (Nicaragua) Rafael Azcona Hoyos (Honduras) Vinicio Cerezo (Guatemala) José Napoleón Duarte (El Salvador) y Oscar Arias (Costa Rica) |

Redacción Central |

Foro en conmemoración del XX Aniversario de los Acuerdos de Paz de Esquipulas II Organizado por la Universidad Católica Redemptoris Mater, UNICA
» Daniel recibe titulo honorífico por impulsar la paz en Centroamérica
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» Pobreza amenaza a la paz, coinciden firmantes de Esquipulas

21 de Agosto de 2007

Maestro de Ceremonia

Señor Presidente de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega Saavedra, y Primera Dama Rosario Murillo; su Vicepresidente, señor Jaime Morales Carazo; el señor Presidente de Costa Rica, Oscar Arias Sánchez; Su Eminencia Reverendísima Cardenal Miguel Obando y Bravo, Presidente Fundador de la Universidad Católica, UNICA; el Señor Presidente Vinicio Cerezo Arévalo, y el señor Presidente Rafael Leonardo Callejas, quien se integrará más tarde.

Se encuentran presentes los Cancilleres de Esquipulas II; Representantes de los Poderes de Estado, del Ejército y Policía; Representantes de organismos nacionales e internacionales; personalidades de los distintos sectores sociales; nuestras autoridades académicas, catedráticos y estudiantes.

Su Santidad el Papa Juan Pablo II en la Carta a los Artistas, expresa… «¿Cuál es la diferencia entre creador y artífice? El que crea, da el ser mismo, saca alguna cosa de la nada y esto, en sentido estricto, es el modo de proceder exclusivo del Omnipotente. El artífice, por el contrario, utiliza algo ya existente, dándole forma y significado. Dios ha llamado al hombre a la existencia, transmitiéndole la tarea de ser artífice. Según la expresión del Génesis, a cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida, y en cierto modo debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra.»

En su mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz en 1979, con el lema «Para lograr la Paz, Educar para la Paz,»… educar para la Paz es por tanto formar al hombre, en otras palabras, formar artífices de Paz, cualificados y competentes.

Estas dos citas son la razón por las que este Foro, se denomina, «A 20 Años de Esquipulas II, la Historia narrada por sus artífices.»

Los señores Presidentes Centroamericanos, cumplieron con el mandato transmitido por el Creador y dieron a la Paz, forma y significado para nuestros pueblos. La señora Rectora de la Universidad Michelle Rivas Reyes, dice las palabras de inauguración.

Palabras de Michelle Rivas Reyes

Rectora de la UNICA

Bienvenido Presidente de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega Saavedra; señora Rosario Murillo; Señor Presidente de la República de Costa Rica, doctor Oscar Arias Sánchez; Su Eminencia Reverendísima, Cardenal Miguel Obando Bravo; señor Vicepresidente de la República de Nicaragua, doctor Jaime Morales Carazo; señor Presidente Vinicio Cerezo Arévalo; señores Cancilleres de Esquipulas II.

Honorables Miembros de los Poderes de Estado; del Gabinete de Gobierno; del Ejército Nacional de Nicaragua; de la Policía Nacional de Nicaragua; Miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en Nicaragua; de las Delegaciones internacionales; del Consejo Superior de UNICA; autoridades académicas y administrativas; Rectores de Universidades, catedráticos, estudiantes; medios de comunicación, invitados todos.

En nombre de la Universidad Católica Redemptoris Mater, los saludo con toda voluntad, respeto, simpatía y agradecimiento al dar inicio a este acto académico, «A 20 Años de Esquipulas II, La Historia Narrada por sus Artífices.»

El asunto es para mí, gratísimo, y nuestro deseo es que al final lleven ustedes el cariño y el recuerdo de Nicaragua, que es de gente sencilla, honrada, laboriosa, amante de la luz, del cielo y de la libertad, como felizmente son también, nuestros hermanos centroamericanos.

¿A qué hemos venido y por qué nos encontramos aquí? La hospitalidad que ofrecemos, es de un pueblo que ama los cantos y las danzas. En el interior de este país nos encontramos entre amigos, en la propia casa, «bajo el nicaragüense sol de encendidos oros;» que es el mismo sol que alumbró la frente de los Presidentes que cumplieron con la providencial misión de tomar en la mano el ramo precursor que trajo la paloma de la Paz.

¿A qué se ha venido, sino para celebrar un hecho histórico que significó un punto de inflexión, el comienzo de la esperanza con la aurora a la vista, y un viento nuevo se sintió soplar, que llenó de aliento? Se trata de ahondar la mina de los archivos y poner el tiempo pasado de forma correcta… ¿Y qué mejor manera de hacerlo que con las propias personas, que no escriben historia, pero que hacen historia y que la historia hablará de ellas? Todo lo que el hombre hace, vive más que él, lo efímero crea lo duradero.

La jornada de la mañana está dedicada para que los señores Presidentes, expongan sus experiencias y sus vivencias, sobre lo que significaba la situación de los años 80. La necesidad de buscar la pacificación hasta llegar a la firma de los Acuerdos; así como sus criterios en lo que fueron y siguen siendo válidos dichos Acuerdos. Estamos plenamente seguros, que reinará la armonía y la paz.

Contamos con la presencia de tres de los cinco Presidentes firmantes de los acuerdos, el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua; el Presidente Oscar Arias de Costa Rica, y el Presidente Vinicio Cerezo de Guatemala. Dos de ellos, el de Nicaragua y el de Costa Rica, con la casualidad, que tiene algo de misterioso y divino, son Presidentes en ejercicio.

Nos acompaña también el Presidente Rafael Callejas, que se integrará al Foro en breve, fiel intérprete y continuador de la puesta en práctica de los acuerdos. Dos Presidentes, José Napoleón Duarte de El Salvador, y José Azcona Hoyos de Honduras, siguieron el camino de la misteriosa eternidad, con la majestad luminosa de un sol que se pone. Nuestros volcanes son digna pira, para alumbrarles la senda, como la gran pira de Patroclo.

Si el sepulcro es la Paz, paz inacabable, tengan con la cabeza coronada con frescos laureles, y que exige a los de aquí el relieve de la medalla, el bronce cincelado y la consagración del mármol.

Igualmente se encuentran con nosotros los señores Cancilleres, Padre Miguel d Escoto Brockman de Nicaragua; Ariel Rivera de Guatemala; Carlos López Contreras de Honduras, y Ricardo Acevedo Peralta de El Salvador. Ellos también son coartífices de los Acuerdos, y conocen muy bien todas las peripecias, hasta lograr la firma.

Agradecemos el valioso trabajo y entusiasmo para la celebración de este acto, de los señores Embajadores de Centroamérica. Igualmente, nuestros agradecimientos al Excelentísimo señor Embajador de la República de China Taiwán, quien al conocer el proyecto, no dudó en brindar su apoyo desinteresado. También agradecemos la presencia de todos cuantos nos visitan y que son sujetos de la historia, en cuanto que formamos parte de la misma familia de naciones.

La magnificencia de este acto se corresponde con la magnitud de la intención de porqué celebrarlo. ¿Se requiere más aún, justificación que el de gozar de paz real y durable? Una grande paz que cubre a toda Centroamérica, pero ciertamente, todavía falta, además de los rayos del sol, hay que dar al pobre su poesía, y la poesía del pobre es el pan y la parte de dicha que le corresponde. El presente está encinta, es el tiempo del advenimiento de la justicia social.

Con vivo interés deseo hablarle a los jóvenes, a nuestros estudiantes y a los de otras universidades que nos visitan. De ustedes, dice el Papa Juan Pablo II… que la paz y los jóvenes caminan juntos. ¡Cuánta verdad! ¿Quién sino ustedes con su entusiasmo, mantienen la temperatura del mundo? Ustedes dentro de pocos años, lo tendrán en sus manos.

Muchos por sus años mozos, sobretodo los de primer ingreso, no habían nacido cuando se firmó el Documento de Esquipulas II; su participación en este Foro, es importantísima porque tienen el prestigio de estudiar la historia, de los propios protagonistas. Ellos fueron lo que ustedes son, y ellos son, lo que ustedes serán.

Y conociendo la historia, sepan encontrar los caminos de la verdad y la justicia hacia un humanismo, según el plan de Dios. Para ustedes también va dedicado el mensaje de Esquipulas al expresar: «Dedicar a las juventudes de América Central, cuyas legítimas aspiraciones de paz y justicia social, de libertad y reconciliación, han sido frustradas durante muchas generaciones, estos esfuerzos de paz.» Ánimo, no tengan miedo de su propia juventud.

Nicaragua es tan buena clienta de sus hermanos, que nosotros tenemos interés en que se enriquezcan, y nuestras naciones vecinas son tan buenas clientas de Nicaragua, que Nicaragua no puede menos que desearlas muy prósperas.

El unionista nicaragüense Máximo Jerez dijo: «para realizar la Unión Centroamericana, vigorízate, aliéntate con el trabajo, y lucha por unirte a tus cinco hermanas.» Esto mismo vale como mandato para cada una de nuestras naciones.

Ante todo, estas cinco patrias pequeñas, han sido y tienen necesariamente que volver a ser, una sola Patria Grande. Dios confirme la obra comenzada en Esquipulas, y que la Madre del Redentor adelante la hora de su Hijo. Muchas gracias.

Palabras del Cardenal Miguel Obando

Señor Presidente de la República de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega Saavedra y señora Rosario Murillo; señor Presidente de la República de Costa Rica, doctor Oscar Arias Sánchez; señor Vicepresidente de la República de Nicaragua, doctor Jaime Morales Carazo; señor Presidente Vinicio Cerezo Arévalo.

Señores Cancilleres de Esquipulas II; Honorables Miembros de los Poderes del Estado; del Gabinete de Gobierno; del Ejército de Nicaragua; de la Policía Nacional de Nicaragua; del Cuerpo Diplomático acreditado en Nicaragua y de las delegaciones internacionales.

Honorables Miembros del Consejo Superior de la UNICA, autoridades académicas y administrativas; Rectores de universidades; catedráticos y estudiantes; medios de comunicación; invitados todos.

Su Santidad Pablo VI decía: «Nuestro anuncio es tan sencillo como un axioma… la paz es posible.» Yo pregunto ¿qué es lo que hace posible la paz? La respuesta la encontramos en el anuncio gozoso del Ángel, proclamado en la aurora de la Redención y que es también sencillo como un axioma, «Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.»

Y ¿qué hombre de buena voluntad, no desea la paz? Nuestro poeta Rubén Darío decía… si los hombres guerrean, es porque nadie escucha los clarines de paz, que suenan en el cielo.

Deseo presentar nuestro saludo, felicitación y agradecimiento a Sus Excelencias los señores Presidentes de Centro América, firmantes de los Acuerdos de la Paz de Esquipulas II, el 7 de agosto de 1987, y que a 20 años de su firma realizamos este acto académico, por la importancia y lo decisorio que fue para lograr la paz, la pacificación.

Al señor Presidente de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega Saavedra; al señor Presidente de Costa Rica, doctor Oscar Arias Sánchez; al señor Presidente de Guatemala Vinicio Cerezo Arévalo; al señor Presidente de Honduras Rafael Callejas, continuador de la obra. Ya se encuentran en la Casa del Padre, el señor Presidente de El Salvador, José Napoleón Duarte y el señor Presidente de Honduras, José Azcona Hoyos.

Dios nuestro Señor les haya dado el triunfo completo y el premio prometido a los que trabajan por la paz. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados Hijos de Dios. ¡Descansen en paz!

También presentamos nuestras felicitaciones y agradecimiento a los señores Cancilleres que acompañaron a los señores Presidentes y que indudablemente, fueron factor esencial en los trabajos para llegar a la firma de los Acuerdos.

Al señor Canciller Miguel d Escoto Brockman, de Nicaragua; al señor Canciller Ariel Rivera Irías, de Guatemala; al señor Canciller Carlos López Contreras, de Honduras y el señor Canciller Ricardo Acevedo Peralta, de El Salvador. Igualmente, saludo de manera muy especial al señor Bruno Stagno, actual Canciller de Costa Rica y que hoy nos honra con su presencia.

A todos los felicitamos, y no solamente por el éxito de los Acuerdos que lograron la pacificación, sino también por la obra misma. Es decir, por haber logrado la firma en medio de múltiples diferencias, situaciones conflictivas y condiciones difíciles. Asumieron plenamente el reto histórico de forjar un destino de paz, para Centro América.

Los Presidentes de las Repúblicas de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, reunidos en la ciudad de Guatemala el 6 y 7 de agosto del año 1987, alentados por la visionaria y permanente voluntad de Contadora, y el Grupo de Apoyo a Favor de la Paz, robustecidos por el apoyo constante de todos los gobernantes y pueblos del mundo, de sus principales organizaciones internacionales y de Su Santidad Juan Pablo II, inspirados en Esquipulas I, y juntos en Guatemala, para dialogar en torno al Plan de Paz, presentado por Costa Rica, dieron una lección al mundo de unir esfuerzos por terminar con la guerra y hacer posible la Paz, que actualmente estamos respirando.

Pedimos, dijeron, respeto y ayuda a la comunidad internacional, para que nuestros esfuerzos sean realidad; tenemos caminos centroamericanos para la paz, pero necesitamos ayuda para hacerlos realidad. Pedimos un trato internacional que garantice el desarrollo, para que la paz que buscamos sea duradera; reiteramos con firmeza que paz y desarrollo, son inseparables.

Dada la realidad del pecado, ya desde los orígenes de la humanidad, la Paz siempre será una construcción dolorosa. Para ir superando las divisiones del corazón y de la sociedad, ni el pacifismo ni la violencia construyen la Paz. Cuando se rompe la unidad interna y externa, amenaza la guerra y la violencia, por esto se puede afirmar, que el corazón dividido, es la causa de los males de la sociedad y las guerras.

El objetivo de la Encarnación del Hijo de Dios, es el de establecer la Paz o comunión con Él, y una fraterna sociedad entre los hombres; es la paz mesiánica del Canto de Navidad, ¡gloria a Dios en las Alturas y en la tierra, paz a los hombres! en quienes Él se complace.

La Paz, es la aspiración fundamental de cada hombre y de toda la humanidad, hasta el punto que su concepto casi se confunde con la felicidad. La Paz social sólo puede resultar de una relación entre personas, grupos y naciones, basada en la justicia, la lealtad y en el Amor. Sólo esta relación constituye propiamente un orden, del cual la Paz es la resultante más auténtica.

En otro tiempo, las clases políticas, culturales, vivían una Paz aparente, porque decían, o trataban de convencerse, de que la condición miserable de las masas, formaba parte inexorable de un orden universal e inmutable. Actualmente, la humanidad va aprendiendo que mientras existan el hambre y la miseria, persistirá un desorden radical, fruto del egoísmo de los individuos y de las naciones, y así, es imposible conquistar una Paz duradera.

No puede haber Paz, mientras no haya para todos, condiciones concretas para alcanzar niveles de vida compatibles con la dignidad humana; no puede haber Paz construida sobre frustraciones de millones de seres humanos, iguales en dignidad a los que disfrutan de todos los detalles de la cultura.

Crece en la humanidad la conciencia de esta verdad y por eso, vemos que se multiplican los organismos supranacionales, dirigidos, no tanto a imponernos una falsa Paz mediante la fuerza, sino para combatir las causas radicales de la intranquilidad que son, la injusticia social, la injusticia en la participación de las riquezas, en una palabra, el desorden.

Pío XII, que asume su Pontificado bajo el horizonte sombrío de la Segunda Guerra Mundial que se aproximaba, adoptó como lema, «Opus Iustitiae Pax» la Paz es Obra de la Justicia. Dedica al tema de la Paz, Encíclicas, alocuciones, radio mensajes y especialmente, la Encíclica Summi Pontificatus, sobre la situación de la humanidad lacerada por la tragedia de la guerra.

Juan XXIII, que sentía el riesgo creciente de un desenlace nuclear, por la escalada armamentista, dedica a la Paz, su Encíclica Testamento Pacem in Terris. Ante la explosión de guerras en varias regiones del mundo, Pablo VI vuelve a tratar el tema en su Encíclica Populorum Progressio, e inaugura la práctica de la alocución en el Día Mundial de la Paz, práctica seguida por Juan Pablo II y por Benedicto XVI.

El mismo Papa Juan Pablo II, ante el terrible impasse de la Guerra del Golfo Pérsico, dirige a los responsables, la más grave advertencia: «la guerra es una aventura sin retorno. En las condiciones actuales una guerra no resolvería los problemas, sino que los agravaría.» Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, sea sinónimo de una Paz duradera; no hay verdadera Paz, sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, desarrollo y solidaridad.

El desarrollo integral de las personas debe de ser la meta y la medida de todo proyecto de desarrollo. La persona, hombres y mujeres, han de ser el punto de referencia de todo lo que se hace para mejorar las condiciones de vida; las personas deben de ser agentes activos de cualquier verdadero proceso de desarrollo.

Hay que ayudarles a descubrir los valores que les permitan construir una nueva vida y, ocupar con dignidad y justicia su puesto en la sociedad. Negar los medios para el pleno desarrollo de un sector de la sociedad, o nación determinada, sólo puede conducir a la inseguridad y a la agitación social, además de que fomenta el odio, la división y destruye toda esperanza de Paz.

En el contexto de una verdadera solidaridad, no existe peligro de explotación o de mal uso de los programas de desarrollo en beneficio de unos pocos; por el contrario, el desarrollo viene a ser, de esta manera, un proceso que compromete a los diversos miembros de la familia humana.

Los derechos humanos se violan no sólo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza o de estructuras económicas injustas, que originan grandes desigualdades. Cuando se satisfacen las necesidades básicas, se puede decir que hay un sistema adecuado y humano, de organización política, social y económica.

He aquí el proyecto del Mundo Nuevo. La tarea es ingente, pero todos los hombres y mujeres están convocados, porque la solidaridad es un deber. No puede haber verdadera Reconciliación entre las personas y los pueblos, si la conciencia contrita del pecado no se proyecta positivamente en una actitud de solidaridad; donde hay solidaridad, ahí hay también Reconciliación. Ambas se necesitan mutuamente.

La Paz sólo se obtiene creando un orden nuevo, que comporte una justicia más perfecta entre los hombres. En este sentido, el desarrollo integral del hombre, el paso de condiciones menos humanas a condiciones más humanas, es el nombre nuevo de la Paz.

La solidaridad humana, no puede realizarse verdaderamente, sino en Cristo, quien da la Paz que el mundo no puede dar. La Paz mis buenos hermanos, es un don de Dios, pero ella también depende de nosotros, en nuestras manos está la llave para abrir con ella, la puerta de la Esperanza.

En Esquipulas II encontramos un tesoro de entusiasmo, una corriente que debe de ser bien encausada, que debe de seguir fluyendo con el apoyo de los dirigentes de los destinos de nuestros pueblos, para que pueda convertirse en el impulso dinámico que transforma el alma de cada una de nuestras naciones. Impulso que hará que los países adelanten el progreso y los frutos se viertan hacia abajo. Muchas gracias.

Palabras de Vinicio Cerezo Arévalo

ExPresidente de Guatemala

Estimados amigos; amigos Presidentes en funciones; señor Vicepresidente; señora Rosario de Ortega; Excelentísimo Monseñor, querido amigo también, y gran artífice de los Acuerdos de Esquipulas II; Rafael Callejas, Oscar, Daniel.

Estimados amigos, yo creo que Esquipulas II debe de convertirse en un punto de partida, para el orgullo y la confianza de los centroamericanos en la posibilidad de construir un futuro mejor.

Si recordamos los años 80, 1986, definitivamente estábamos ante los ojos del mundo como una región en conflicto, donde se estaban resolviendo los problemas Este y Oeste, y como un lugar, en donde los intereses de los Estados Unidos y la Unión Soviética se estaban discutiendo para establecer una hegemonía, que nos afectaba a nosotros y favorecía a alguno de ellos.

El conflicto centroamericano se había convertido en un punto de partida, para poder vislumbrar lo que hubiera sido… lo que se llamaba en aquella época, la solución de conflictos locales para poder mantener el control de la hegemonía de cada una de las grandes potencias en el mundo… los americanos tenían el descaro de llamarle a eso, «guerras de baja intensidad.»

Eran de baja intensidad porque, los que se estaban muriendo eran las personas de otras partes del mundo, y no los americanos ni los soldados de estos países hegemónicos. Por lo tanto, se convertía para los centroamericanos y los Presidentes de aquella época, en un reto histórico que ponía en juego y ante los ojos del mundo, un reto a los Presidentes centroamericanos para poder decidir, qué era lo que se tenía que hacer: si ser los sujetos de su propia historia, o ser los objetos de la historia de otros países del mundo.

Como mencionábamos en uno de los discursos que yo dije cuando iba a tomar posesión: «que la guerra no era un buen negocio para los centroamericanos, porque nosotros poníamos los cadáveres y otros vendían las armas.» Era un buen negocio para los países que querían utilizarnos a nosotros para sus negocios y sus propios intereses.

Se puso realmente a la vista del mundo, que los Presidentes centroamericanos tenían una misión histórica y un compromiso con sus propios países, porque antepusieron los intereses de la región y de los pueblos centroamericanos, a sus propios planteamiento ideológicos, a sus propios Partidos políticos, a sus propios Gobiernos; y, antepusieron el interés de la región, la vida de los pueblos en lugar de jugarse al enfrentamiento y la confrontación.

Pero las cosas y los hechos históricos no suceden por casualidad; generalmente, son el fruto de procesos que se han venido desarrollando a lo largo de los tiempos. Porque hay una cosa que se tiene que afirmar y es una de las lecciones más importantes de Esquipulas II: los hombres no producimos los milagros; los hombres producimos hechos históricos que son la consecuencia de una visión correcta, de un esfuerzo continuado y de un compromiso con las causas que van más allá de los intereses personales de cada uno de los hombres y mujeres del mundo.

Esquipulas II en principio, es la consecuencia de Contadora, en donde los Presidentes latinoamericanos habían decidido hacer un esfuerzo para que Centroamérica no fuera el campo de batalla de los intereses norteamericanos y de la Unión Soviética, sino que fuera el resultado de un esfuerzo de América Latina. Contadora sienta las bases, inspira y conduce a los principios que hicieron que Esquipulas II fuera exitosa.

No podría haber existido Esquipulas II, sin los antecedentes de Contadora, sin la visión de los Presidentes mexicanos, venezolanos, panameños y de todo el Grupo de Apoyo. No hubiera existido Esquipulas II, si ellos no hubieran insistido en que la solución del conflicto centroamericano debería de ser una solución ¡de los centroamericanos, por los centroamericanos! y fuera de los intereses de otras partes y regiones del mundo.

Inspirados en Esquipulas II, cuando tomamos posesión de la Presidencia algunos, porque, fíjense cómo son las coincidencias históricas, y aquí es donde la Mano de Dios juega un papel importantísimo… ese año estaba el Presidente Ortega solo, en Nicaragua, frente a los intereses del mundo; y fueron electos el Presidente Vinicio Cerezo, el Presidente Azcona y el Presidente Arias, que acompañaron posteriormente al Presidente Ortega, para poder sacar adelante el Proceso de Esquipulas II.

Fue un hecho milagroso que, al mismo tiempo se escogieran dirigentes políticos, que pudieron darse cuenta de su tarea y de su deber histórico.

Vinicio Cerezo, servidor de ustedes, toma posesión el 14 de Enero de 1986 y en ese discurso argumentamos una cosa fundamental: Que no se podía construir la Paz, si no estábamos sentados en la mesa de discusiones, todos los comprometidos en la posible guerra que se iba a realizar. Que era necesaria ¡la unidad total de Centroamérica! en busca de los compromisos de Paz.

Que no podía haber una democracia, ni un desarrollo sostenido en ninguno de los países, en una región en conflicto, y que por lo tanto, era fundamental que nos convirtiéramos en los sujetos de la historia y no en los objetos de la historia de otros países del mundo.

Por esa razón, al día siguiente de la Toma de Posesión se invita a los Presidentes que estaban ya electos y, entre ellos al Presidente Ortega y, en contra de todo lo que se podía haber pensado en aquella época… Daniel Ortega y Napoleón Duarte se sientan en la mesa de discusiones y acordamos esperar que llegue la elección del Presidente Arias en Costa Rica, para hacer una reunión, en donde íbamos a tomar decisiones definitivas en la búsqueda de la Paz.

Esta es una anécdota interesantísima. Yo recuerdo que el primer problema que tuvimos en el Acto de Toma de Posesión fue, que Napoleón Duarte no se quería sentar a la par de Daniel Ortega, porque ambos estaban metidos en un conflicto que los involucraba, y porque se creía que sus ideologías eran totalmente contradictorias.

Logramos convencerlos de que se sentaran juntos y ellos, en un acto de amistad a la inauguración de la etapa democrática en Guatemala, no sólo aceptaron sentarse juntos, sino que se comprometieron a estar al día siguiente, en el primer almuerzo que sienta las bases del proceso que se iba a desarrollar posteriormente.

En esa reunión del día siguiente, tomamos conciencia de que no podíamos hablar con los Presidentes que estaban saliendo en ese momento del poder, sino que teníamos que esperar la presencia del Presidente de Honduras que había sido electo, que llegó como Presidente Electo y tomaba posesión en Febrero de ese año; y que teníamos que esperar al nuevo Presidente de Costa Rica, y ya el Presidente Monge de Costa Rica, nos había advertido que podría ser el Presidente Arias, porque tenía la mayor cantidad de posibilidades de acuerdo a las encuestas de votación.

Por lo tanto, en Junio de ese año, nos reunimos en la Ciudad de Esquipulas, porque Esquipulas es de alguna manera, un centro de inspiración espiritual, un centro de creencias y, es un centro de convicciones de que las cosas, con ayuda de Dios y la fuerza y voluntad de los seres humanos, se pueden conseguir en la Tierra y no sólo en el Cielo.

En la reunión de Esquipulas, escogimos un lugar especial, un centro de oración, de claustro religioso, porque en ese centro de claustro religioso, sólo se podían reunir los Presidentes y, por normas eclesiásticas no podía entrar ninguna otra persona, que no fueran los Presidentes o los Reyes al claustro de oración.

Eso fue lo que hizo factible que tomáramos decisiones sin la presión internacional de las potencias en juego. Porque ahí, no podían haber micrófonos, no podían haber espías, no podía haber gente que se enterara de las decisiones y de la voluntad de los Presidentes; podíamos tomar decisiones que sólo nos comprometieran a nosotros y no al resto del mundo, para evitar las presiones que se podían hacer y rompieran el acuerdo que habíamos adoptado.

Se inicia a partir de Junio un trabajo, en el que por lo menos 200 personas, entre dirigentes políticos, técnicos de las Cancillerías y los Presidentes fundamentalmente, se hicieron una cantidad de reuniones, que yo, ¡ya ni si quiera recuerdo cuántas fueron!

Le comentaba al Presidente Daniel Ortega, que eran tan frecuentes las reuniones, que nos sabíamos de memoria los himnos de todos los países de América Central, porque los oíamos constantemente. Ya era casi una rutina, el himno de Nicaragua, el de Costa Rica, el de Guatemala. Pero de alguna manera, los himnos, las reuniones constantes, fueron creando entre nosotros una amistad ¡que superó todas las diferencias!

Una amistad que nos llenó de convicciones y de fe; una amistad que nos dio la fuerza, la energía y el compromiso suficiente, para que, corriendo todos los riesgos en cada uno de los países… en Guatemala hay golpe de Estado de los militares; en Nicaragua la pérdida de las elecciones de parte del Presidente Ortega; para el Presidente Azcona, la posibilidad que los norteamericanos lo forzaran a renunciar porque quería sacar a los Contras de Honduras; y al Presidente Napoleón Duarte, de perder la ayuda militar y económica de los Estados Unidos de Norteamérica, que lo sostenían ante el embate de la lucha armada que se estaba librando dentro de El Salvador.

Pero, a pesar de todos esos riesgos y, aquí hay otra anécdota verdaderamente interesante… un poco antes de firmar el Acuerdo para la Paz en Nicaragua, el Presidente Ortega me decía: «mirá Vinicio, yo voy a jugármela, pero tenés que darte cuenta de una cosa, con la ayuda norteamericana, los Partidos de la oposición me pueden ganar las elecciones, y manejarlas de tal manera que yo las pierda.»

Yo recuerdo que le dije, no sé si el Presidente Ortega lo recuerda: «pero, si perdés la guerra no tenés posibilidades de regresar. En cambio, si perdés las elecciones, vas a volver a ser Presidente electo, en un sistema que vos vas a inaugurar, de apertura y de pluralismo.» ¡Y aquí lo tenemos en este momento!

Pero fíjense, cómo los hechos históricos son los que van demostrando que los resultados son efectivos. En esta mesa tenemos al Presidente Ortega, que era el Comandante Presidente del Gobierno sandinista y, al que luchaba contra él en la montaña, ahora como Vicepresidente de la República… ¡ambos son la prueba perfecta de que el plan de paz fue un éxito rotundo, para superar los problemas ideológicos y de pluralismo en el país!

¡Esto me ha alegrado profundamente! porque el retorno de Daniel, es el retorno y la confirmación de la Esperanza, de la Fe y la confianza en que los centroamericanos ¡podemos realmente ser sujetos de nuestra historia! y no objetos de la historia de otras personas del mundo.

Los antecedentes fueron, el compromiso de los Presidentes con su propio país, el compromiso con la historia, y tenemos que reconocer, lo digo con toda franqueza, que todos fuimos visionarios ante lo que podía haber sucedido en el mundo y, en América Central en particular.

Lo que tenemos que ver de Esquipulas II, son las lecciones que se tienen que aprender de ese proceso. La primera, es que los intereses de los pueblos y de la nación, se deben de anteponer y superar a los intereses particulares, a los intereses partidarios y a los intereses de grupo, que podría ser lo que esté creando ahora las condiciones para terminar con las democracias centroamericanas.

Tenemos que superar los intereses de los pequeños grupos que imponen sus decisiones políticas, para que no se resuelva la Agenda pendiente de Esquipulas II que, como decía Monseñor, es la discriminación y la marginación económica y social.

Cuando discutimos Esquipulas II, nosotros estábamos conscientes que eran tres las causas de la guerra. La primera, el conflicto Este-Oeste; la segunda, la intolerancia política; y la tercera, la pobreza, la marginación social y la injusticia existente en Centroamérica.

Esas fueron las causas para la guerra; esa intolerancia y esa injusticia, condujeron a muchos a irse a las armas y a otros a resistir, en una resistencia prolongada, por la democracia, para que se estableciera definitivamente la Paz en nuestros países y este sistema que nos permite el pluralismo y la participación de todos los grupos.

Por eso, establecimos una norma. Y fíjense ustedes, el Acuerdo dice: Para establecer una Paz firme y duradera. Es un acuerdo para empujar un proceso que establezca una paz firme y duradera; no fue acto milagroso, una inspiración mágica; fue un esfuerzo sistemático de los Presidentes, para aprobar cada una de las palabras que se estaban discutiendo para los Acuerdos de Paz.

Un esfuerzo sistemático, una disección permanente, una solicitud sistemática de los que tenemos fé y creemos en Dios, pedirle sistemáticamente que nos inspirara, que llegara el Espíritu Santo para darnos la orientación correcta y tomar las decisiones acertadas, en función de los intereses de todas las naciones… ¡y lo logramos!

Pero es un proceso… un proceso que a estas alturas de la historia, tiene una agenda pendiente, porque aquí, institucionalizamos la democracia; establecimos la institucionalización de los procesos; logramos que se terminara la guerra, que se terminara el conflicto entre las naciones y entre los pueblos mismos, pero, no hemos resuelto el problema de la justicia social, ¡no hemos resuelto el problema de la pobreza!

Al contrario, América Central es un ejemplo en este momento, en donde existen mayores niveles de concentración de las riquezas en pocas manos y, mayores niveles de pobreza en la mayoría de la población. Eso hay que resolverlo ¡esa es la agenda pendiente!

¡Esta es la agenda pendiente! porque ahora ya no va a haber una guerra ideológica, política, o el conflicto Este-Oeste, sino que hay una guerra sorda provocada por las condiciones de injusticia social que están sufriendo las mayorías de la población. Las maras, los pequeños grupos de criminales, el crimen organizado, la falta de oportunidades; esas son las causas que van a conducir a un enfrentamiento que nos podría situar en una posición muy difícil… volver a establecer Gobiernos represivos, para acallar la protesta sorda o indirecta por la injusticia social.

La única manera de consolidar el Proceso de Esquipulas II, y esa es la lección fundamental… es trabajar y tomar las decisiones para terminar con la injusticia social, con la pobreza, y con la ausencia de oportunidades de todas las personas que emigraron a los Estados Unidos. Esa es la lección.

Por supuesto, es una gran ventaja en este momento en América Central, que haya dos Presidentes de aquella época, electos de nuevo, para dirigir sus Gobiernos. Porque ellos deben de tomar ahora el liderazgo, no sólo para resolver los problemas económicos y sociales, sino para cumplir con otro punto de la agenda de Esquipulas II… la Integración Centroamericana, para que ratifiquemos definitivamente que ¡Centroamérica unida, jamás será vencida! ¡Y ésa es la verdad!

La Integración Centroamericana debe ser una integración política, no una integración de los Bancos, de las compañías de aviación; no integración solamente de las empresas, que quieren hacer integración sin control de los Gobiernos, sin control de la ley, sin control de los Presidentes de las Repúblicas, que quieren que ellos se enriquezcan, pero también, deban de favorecer en oportunidades y riqueza a las mayorías de la población. ¡Por eso debe ser una integración política!

Se ha comprobado con claridad, que la integración económica sólo favorece a los grupos que tienen el poder económico y desfavorece a las grandes mayorías. Ni las mujeres, ni los jóvenes, ni los indígenas, ni los pobres, tienen oportunidad si sólo hay integración económica; pero sí, tienen oportunidad de incorporarse a esta sociedad y a este proceso, si hay una integración política, en donde los objetivos los establezcan los que piensan en las mayorías, en el bienestar de la nación, en el bienestar de la región y por supuesto, en hacer de Centroamérica una región desarrollada, ejemplo ante los ojos del mundo, como lo fuimos en 1987.

Porque hemos sido invitados a muchas reuniones, para discutir, para analizar, porqué el Proceso de Paz de Esquipulas II tuvo éxito, y en cambio, otras regiones del mundo firman procesos de Paz, firman acuerdos de Paz y siempre entran de nuevo en conflicto. El secreto está ahí, que nosotros nos comprometimos con la historia, nos comprometimos con los pueblos, nos comprometimos con el bienestar de la nación y no con el beneficio para pocos; nosotros nos comprometimos con sentar las bases de una nueva Centroamérica.

En este mundo globalizado, los países de nuestro tamaño, con economías pequeñas, que no pueden competir con las grandes economías del mundo, no pueden salir adelante, ni resolver los problemas del desarrollo, ¡si no se integran! Y el ejemplo es Europa.

Allí está, en Europa, una de las economías más grandes del mundo que es Alemania, y la misma Alemania tuvo que reconocer que ante Japón, los Estados Unidos y China, era imposible salir adelante, ni competir en ese mundo globalizado, sino se unificaban; y ellos, ¡que tenían diferencias, que tuvieron guerras donde murieron 20 millones de personas! que tuvieron guerras de enfrentamiento histórico, por siglos y siglos.

Y nosotros… ¿por qué no? Hablamos el mismo idioma, tenemos el mismo origen cultural, tenemos los mismos objetivos y, en Esquipulas II demostramos que si unificamos nuestras fuerzas, nuestro pensamiento, nuestra ideología y nuestra manera de ver el futuro, ¡podemos lograr éxitos en beneficio del pueblo y no sólo en beneficio nuestro!

Mis excusas para los organizadores, porque yo no quise hablar sólo de lo que sucedió; es una mala práctica latinoamericana, estar viendo sólo para el pasado. Por bueno o malo que haya sucedido, el pasado debe ser un punto de referencia para el futuro… si tuvimos éxito en Esquipulas II, ¿por qué no vamos a tener éxito en una Esquipulas III?

¿Por qué no podemos soñar que dentro de 20 años, estemos aquí reunidos…? Porque yo voy a estar vivo, activo en política, para sacar adelante a Centroamérica. ¿Por qué no podemos soñar que dentro de 20 años, ya no pongan en los titulares de los periódicos o de las revistas, la región subdesarrollada de Centroamérica?

Que ya no pongan que somos ejemplo de pobreza, de marginación, y de reconcentración de riqueza, y que digan, la Centroamérica desarrollada, gracias al proceso de Esquipulas II y III, que pone como ejemplo ante el mundo, que sí podemos salir adelante, porque aquí hay recursos; hay hombres y mujeres capaces; hay políticos comprometidos con la historia y, por supuesto, hay voluntad y decisión de sacar adelante a nuestras naciones centroamericanas.

Así que estimados amigos, en los libros vamos a escribir nuestras experiencias personales, pero lo que yo les quiero dejar a ustedes aquí, es mi confianza, mi fe en que, si hay políticos visionarios comprometidos con su nación y con la historia, Centroamérica es capaz de convertirse en ejemplo de desarrollo en el mundo; ejemplo de paz, de igualdad, de democracia y de respeto a los derechos fundamentales de los seres humanos que en ella viven. Muchas Gracias.

Palabras de Oscar Arias

Presidente de la República de Costa Rica

Amigas y amigos, vuelvo a Nicaragua siguiendo la senda que a lo largo de toda mi vida, tanta veces he recorrido, como quien vuelve a pisar el camino que lo lleva a la casa de una amiga de infancia.

Vuelvo a Nicaragua la hermosa, la revolucionaria, la que en la cintura de América, lanza siempre un canto de Esperanza. Vuelvo a Nicaragua, la libre, la democrática, la que abrazó la vida y cultivó la frágil semilla de la tolerancia.

Vuelvo a encontrar a esta amiga, y con ilusión paso revista de sus rasgos y sus facciones, buscando algún indicio que me relate los dolores y alegrías vividos desde la última vez que nos vimos.

Tengo que admitir, que la encuentro hoy, más bella que hace 20 años, y que me asombra cuánto han cicatrizado las heridas, que durante tanto tiempo recorrieron su rostro. Para confirmar ese milagro, vuelvo hoy a mi amiga Nicaragua.

Quiero agradecer profundamente al Presidente Daniel Ortega por recibirme en su país y, al Cardenal Miguel Obando y Bravo, por invitarme a este Foro «A 20 años de Esquipulas II, la Historia narrada por sus Artífices.»

Sin embargo, considero que narrar Esquipulas II desde sus artífices, es comenzar el cuento por su final. Para narrar la historia de Esquipulas II, hay que empezar por contar la historia de sus víctimas; la historia de sus precursores, de sus aliados, y de sus detractores.

Porque los cinco Presidentes que firmamos los Acuerdos de Paz en aquellos días de 1987, no fuimos sino los últimos relevos de una carrera por la supervivencia de Centroamérica. Nos fue entregado un relevo de sangre, de muerte y de dolor; un relevo de odio, de intolerancia y de desesperación.

Es cierto que fuimos los artífices de la paz en el istmo, pero también es cierto que sin la guerra, sin el caos, sin la macabra aniquilación, nuestro protagonismo nunca hubiera sido necesario, porque, como bien afirmara Bertolt Brecht: «no es desdichado el pueblo que carece de héroes, sino el que los necesita.»

¿Quiénes fueron las víctimas de la guerra centroamericana? Un militar les diría que los muertos o heridos que dejó el bando contrario; un estadístico les diría que los muertos, sus heridos civiles de ambos bandos; un ciudadano común les diría que los muertos, heridos y desplazados de ambos bandos, así como también sus familias; pero un pacifista, les diría que fueron víctimas, todas las personas involucradas en la guerra.

Desde el más inocente niño que murió alcanzado por una bala, hasta el más cruel soldado; fueron víctimas los jóvenes reclutados del Ejército o guerrillas, cuyos lemas apenas comprendían; fueron víctimas los Comandantes y Generales, que les aleccionaron en el odio y la intolerancia.

Fueron víctimas los hombres y mujeres que abandonaron sus hogares y tuvieron que darles, entonces, asilo; fueron víctimas los que enterraron a sus familiares, así como también quienes fueron enterrados. Fueron víctimas, los líderes políticos, religiosos, académicos y culturales, que vieron fracasar un intento tras otro, de alcanzar el diálogo. Todos fuimos víctimas, aunque unos en mayor escala que otros.

Costa Rica, ciertamente fue una víctima menor de los conflictos armados centroamericanos, pero conoció de sobra los horrores que padecieron sus vecinos. Aprender sobre la guerra a partir de un libro de historia, es un verdadero privilegio; un privilegio del que gozan ustedes, los estudiantes que hoy nos acompañan, talvez incluso, sin percatarse de ello.

No es lo mismo leer que más de 300 mil personas murieron en las guerras civiles centroamericanas, que observar las filas de muertos, alineados en el suelo, descomponiéndose al aire libre, mientras viudas o huérfanos revisan cada cuerpo, buscando el rostro de su ser querido.

No es lo mismo leer que las potencias extranjeras enviaban a la región, cientos de millones de dólares en armamento militar; que respirar el aíre cargado de polvo y pólvora; sentir la tierra temblar por el paso de un tanque, o escuchar la balacera sin pausa, como lluvia que anuncia una muerte inminente.

No es lo mismo leer que más de 3 millones de personas, se vieron obligadas abandonar sus hogares y emigrar a otros países o ciudades, que recorrer los pueblos fantasmas, en donde nadie habitaba las casas teñidas de sangre, o ver las olas de refugiados que el tormentoso mar de la guerra dejaba de costa en costa, de ciudad en ciudad.

Estas eran las anécdotas que se narraban cuando realicé mi primera campaña política en el año 1985. Eran anécdotas que nos relataban los hermanos centroamericanos que habían venido a buscar refugio a mi tierra, mi Patria Costa Rica, o que diariamente veíamos en los noticieros.

Durante mucho tiempo fuimos observadores pasivos de los conflictos centroamericanos, pero, ya para 1985 era evidente que no podríamos permanecer así durante mucho tiempo. La noticia de que algunas partes del norte de Costa Rica estaban siendo utilizadas como frente sur de la lucha centroamericana, y que oficiales del ejército estadounidense estaba entrenando soldados de la contra nicaragüense en suelo costarricense, nos dieron el primer campanazo de alerta sobre una realidad innegable.

Costa Rica no podía permanecer durante mucho tiempo, como simple espectadora de la contienda centroamericana, porque, más temprano que tarde, los contendientes empezarían a luchar también en nuestro propio territorio. Frente a este panorama, a nuestro país se le presentaban dos posibilidades, o se sumaba a la guerra escogiendo uno u otro bando, o luchaba intensamente porque toda Centroamérica alcanzara la Paz.

El otro candidato de la campaña política de 1985, quien luego fue Presidente de la República, Rafael Ángel Calderón Fournier, escogió la primera alternativa. Pregonó en su campaña que Costa Rica debía abandonar su neutralidad. Yo en cambio, estaba convencido de que nuestra única opción era intentar lograr un acuerdo de paz en la región, que en ese momento se vislumbraba como una posibilidad, gracias al apoyo de lo que se denominó Grupo de Contadora, una alianza entre México, Colombia, Panamá, y Venezuela para alcanzar la pacificación del Istmo.

A esta iniciativa, se sumó posteriormente lo que se llamó el Grupo de Apoyo, que incluía el respaldo de las naciones de Argentina, Brasil, Perú y Uruguay. Entre la opción militar y la diplomática, Costa Rica eligió mantenerse alejada de las armas.

En febrero de 1986, fui electo Presidente de la República por el voto de las mujeres y los jóvenes, que temían como yo, que nuestro país se sumara a la lista de naciones centroamericanas, en donde las madres enterraban a sus hijos, y no a la inversa.

En mi discurso inaugural manifesté lo siguiente: cumpliremos fielmente el compromiso de defender y robustecer la paz y la neutralidad. Mantendremos a Costa Rica fuera de los conflictos bélicos centroamericanos, y lucharemos con medios diplomáticos y políticos para que en Centroamérica, no sigan matándose los hermanos.

Obedeciendo a esta promesa, advertí a los miembros de la contra que vivían en Costa Rica, que a menos de que abandonaran su participación en la guerra, serían expulsados de nuestro país. Siempre creí que la contra no era parte de la solución, sino el problema.

Esta decisión fue tomada, por supuesto, con mucho disgusto en Washington, y fue el inicio de un período de enorme tensión en las relaciones diplomáticas entre Costa Rica y los Estados Unidos. Mientras tanto, el Grupo de Contadora y el Grupo de Apoyo, que incluyo entre los precursores de Esquipulas II, topaban con fuertes objeciones y prórrogas constantes que los llevaron a fracasar, a mediados de 1986.

Centroamérica quedó entonces, de vuelta, en la más devastadora orfandad, mientras que las presiones externas para que Costa Rica se sumara la guerra y la ayuda internacional en armamentos, dinero y entrenamiento militar para los contendientes, continuaba aumentando.

No podíamos seguir esperando que las potencias extranjeras decidieran si querían que nuestros conflictos se resolvieran por la vía militar o por la diplomacia, porque los conflictos ¡que eran nuestros! estaban cobrando ya, demasiadas vidas con balas ajenas.

Por eso tomé la decisión en enero de 1987, de redactar un plan de paz, una solución centroamericana para los centroamericanos. Este plan de paz, contenía diez acciones prioritarias, una de las cuales generó muchas críticas y dudas, y decía lo siguiente: «simultáneamente, con el inicio del diálogo, las partes beligerantes de cada país, suspenderán las acciones militares.» La tendencia mundial en solución de conflictos en ese entonces, y aún ahora, indica que las negociaciones se llevan a cabo, precisamente, para lograr el cese de fuego.

El plan de paz, por el contrario, proponía el cese de fuego como una de las condiciones necesarias para poder dialogar sin presiones, y en un ambiente verdaderamente propicio para una paz que fuera más que un armisticio temporal. El cese al fuego, se constituía entonces, en algo así como la obertura de los acuerdos de paz. Su leit motiv, en cambio, era la democratización de la región.

Todo el espíritu del plan de paz, estaba inspirado en la convicción de que ninguna pretensión de paz tiene sustento, si no va acompañada de una garantía de respeto a los derechos humanos, y al Estado de derecho; si no va acompañada de la certeza de que los ciudadanos podrán manifestar su conformidad o disconformidad con las políticas de Gobierno a través de elecciones periódicas y pluralistas; si no va acompañada de la existencia de instituciones democráticas fuertes, que garanticen la estabilidad social; si no va acompañada, en fin, de los rasgos distintivos de la democracia.

El plan de paz fue enviado a todos los Presidentes centroamericanos para su estudio y análisis. Yo visité personalmente al Presidente Cerezo de Guatemala; al Presidente Duarte de El Salvador; al Presidente Azcona de Honduras, y al Presidente Ortega, aquí en Managua, para discutir sobre los alcances de nuestra iniciativa de paz, y fijar una fecha para una reunión de los cinco Presidentes, que tendría lugar en la ciudad de Guatemala, en vista de que ya nos habíamos reunidos en junio del 86, en la ciudad de Esquipulas.

Recuerdo como ahora, mi reunión en Managua con el Cardenal Miguel Obando y Bravo, y el apoyo incondicional que recibí de él en esa ocasión. Pero también era vital que los Presidentes que nos preparábamos para asistir a Esquipulas II, lo hiciéramos convencidos de que contábamos con el apoyo de la comunidad internacional, porque sabíamos de sobra, que contábamos con la férrea oposición de los Estados Unidos, de Cuba y de la Unión Soviética. Todos, convencidos de que la única salida a los problemas centroamericanos, era una salida militar.

En vista de las circunstancias, realicé un viaje a Europa en mayo y junio de 1987, promoviendo el plan de paz, y solicitando el apoyo internacional a nuestra iniciativa. Cuando los cinco Presidentes centroamericanos nos sentamos a negociar en Ciudad de Guatemala, ya contábamos con el apoyo del Vaticano, de Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, España, Portugal, Bélgica, así como con el respaldo de los países que formaron el Grupo de Contadora y el Grupo de Apoyo.

La presión de las superpotencias continuaba aumentando, pero no estuvimos dispuestos a aceptar sus imposiciones. Después de varios cambios de fecha, Esquipulas II se llevó a cabo el 6 y 7 de Agosto de 1987. Encerrados en un cuarto de hotel, hasta no ponernos de acuerdo y contra todos los pronósticos, logramos firmar la paz.

Una paz que no fue producto de presiones extranjeras, sino todo lo contrario… fue un producto que obtuvimos, ¡a pesar de esas presiones! Fue el segundo grito de Independencia centroamericano, y lo dimos todos los Presidentes del Istmo, hablando entre nosotros y viéndonos a los ojos.

Sin embargo, la oposición de las grandes potencias internacionales continuó incluso después de que firmáramos la paz. Una partida de más de 100 millones de dólares para la contra nicaragüense, se encontraba lista para su aprobación en el Congreso de los Estados Unidos, cuando visité la capital estadounidense en septiembre de 1987.

Después de que se me invitara a hablarle a una reunión conjunta de Congresistas, Diputados y Senadores en ese Congreso, les solicité a los representantes populares de la nación norteamericana, que ¡por favor, le dieran una oportunidad a la paz! Dije entonces también, frente a la Organización de los Estados Americanos: «algunos dicen que la batalla por la paz en Centroamérica debe de ganarse aquí en Washington; otros dicen que la batalla por Washington, hay que ganarla en Centroamérica. Yo afirmo que la batalla por Washington, hay que ganarla aquí en Washington con los caminos propios del pueblo norteamericano; la batalla por la paz en Centroamérica, debemos ganarla allá, por los caminos propios de los centroamericanos.»

Fue en medio de esa intensa lucha porque se respetara internacionalmente el Acuerdo que habíamos alcanzado los Presidentes centro americanos, cuando se anunció el Premio Nobel de la Paz en octubre de 1987. Un premio que representa el apoyo de la comunidad internacional a todos los esfuerzos centroamericanos por la paz, y que sirvió para presionar a Estados Unidos, a Cuba y a la Unión Soviética, para que dejaran de intervenir en nuestras políticas internas.

Por eso manifesté, en mi discurso de aceptación del Premio Nobel: «¨La paz no es un asunto de premios, ni de trofeos; no es producto de una victoria o de un mandato; no tiene fronteras, no tiene plazos, no es inmutable en la definición de sus logros. La paz es un proceso que nunca termina, es el resultado de innumerables decisiones tomadas por muchas personas, en muchos países. Es una actitud, una forma de vida, una manera de solucionar problemas y de resolver conflictos; no se puede forzar en la nación más pequeña, ni puede imponerla la nación más grande.»

Gracias al apoyo de la comunidad internacional y a la estoica perseverancia de los Presidentes de Centroamérica, las presiones extranjeras disminuyeron y la construcción cotidiana de la paz pudo empezar. Esa construcción sin embargo, no ha concluido todavía; a pesar de que ya no se matan los jóvenes guerrilleros, sí se matan los jóvenes pandilleros; a pesar de que ya no lloran las madres, porque sus hijos están en la guerra, sí lloran porque no están en el colegio. A pesar de que ya no emigran los pueblos por causa de la violencia, sí emigran por hambre y por falta de oportunidades.

Seguimos construyendo la paz, queridos estudiantes y ése es un proceso en que ustedes están llamados a participar; un proceso en que recibirán muy pronto el relevo. Recibirán un relevo de paz, pero de hambre; un relevo de paz, pero de inseguridad; un relevo de paz, pero de injusticia; un relevo de paz, pero de enfrentamiento social. Ustedes son los herederos de la paz en Centroamérica, les toca ser ahora los artífices de todo lo que resta por hacer.

Nos queda todavía mucha senda por transitar, les pido que por favor, escojan para el viaje el equipaje correcto. No lleven en sus valijas el odio, ni el dogmatismo, la intolerancia y el enfrentamiento, la desesperación y el miedo; lleven en sus valijas, solamente el espíritu de Sandino, el espíritu de la Libertad, el espíritu de la incansable defensa de los propios ideales.

Los costarricenses llevaremos en nuestras valijas, el espíritu de José Figueres, el espíritu de nuestra paz y de nuestra democracia. Espero que juntos, nicaragüenses y costarricenses, podamos caminar lado a lado, y compartir la carga.

No caeré jamás en la trampa de quienes han querido enfrentar a nuestras dos naciones. Nos costó demasiado tiempo, sangre y dolor, alcanzar el respeto en Centroamérica como para jugar a perderlo. Nicaragua no es sólo el país con el que compartimos nuestra frontera norte, es también el país con el que compartimos la frontera de nuestros sueños, la meta que se presenta al final de esta histórica carrera de relevos.

Costa Rica quiere a Nicaragua, la admira, y necesita a Nicaragua para alcanzar sus sueños. Cada uno de los nicaragüenses, a este lado de la frontera y, cada uno de los nicaragüenses del lado de mi tierra, son nuestros compañeros de viaje en la ruta hacia un mayor desarrollo para nuestros pueblos. Esto es algo que cada vez comprenden mejor los costarricenses, y espero que ustedes también sepan comprenderlo.

Amigas, amigos, y queridos estudiantes. Cuando estaba pequeño, mi papá fue un fiel admirador del increíble Rubén Darío y me leía sus poesías por la tarde; sultanes, princesas, personajes mitológicos poblaron siempre mi infancia. Cuando crecí, me di cuenta de que Darío no sólo acompañaba con fábulas y fantasía mis días de niñez, sino que también llenaba de poesía mis días de lucha, entonces, por la paz.

Leí entonces la palabra del poeta, cuando nos dijo: «La tierra está preñada de dolor tan profundo, que el soñador, imperial meditabundo, sufre con las angustias del corazón del mundo. Verdugos de ideales afligieron la tierra, en un pozo de sombra la humanidad se encierra con los rudos molosos del odio y de la guerra.»

Así fueron los días que vivía nuestra Centroamérica, pozos insondables donde se perdía la esperanza, abismos de dolor y de tristeza. En aquellos días, no había espacio en el mundo para los soñadores. Su Darío me enseñó que un verdadero soñador no vive en el mundo que existe, sino en el que, en sus sueños, se inventa.

Ese fue el impulso que yo necesitaba para redactar el plan de paz y, para convertirme en Embajador de ese mundo que soñaba junto con millones de personas. Tanto y tan intensamente lo soñamos, que hoy el sueño es la vigilia y, la guerra ha pasado a ser nada más que nuestra más horrible pesadilla del pasado.

Atrévanse ustedes, queridos estudiantes, a soñar de la misma manera, y nuestras dificultades de ahora, serán el mal sueño del que despertaremos a la Centroamérica de la Paz, la Justicia, y la Democracia. Muchas gracias.

Palabras de Rafael Callejas

ExPresidente de Honduras

Queridísima Eminencia, Cardenal Miguel Obando y Bravo; señores Presidentes y Ex Presidentes de nuestra querida Centro América; aprovecho este momento para agradecer muy enfáticamente, la invitación que se me ha hecho a venir a compartir con ustedes, algunos de los hechos y consecuencias que derivaron de los Acuerdos, que en el pensamiento preclaro de cinco Presidentes centroamericanos, se constituyó en el plan de paz, en lo que denominamos Esquipulas II.

Quiero aprovechar este momento en la ausencia, por razones de la vida, del Presidente José Simón Azcona Hoyos, quien como ustedes saben falleció hace algún tiempo, y por esa razón no está aquí con nosotros, pero fue actor, partícipe ¡y vivo! de estos Acuerdos que con tanta claridad, han expuesto el Presidente Cerezo y el Presidente Oscar Arias.

Aquí está en su presencia, don Carlos López Contreras, Ex Canciller de la República, quien fue artífice de este proceso, y si bien están aquí otros Cancilleres, yo quiero decir que, en nombre del pueblo hondureño, recordamos con respeto al Presidente Azcona, por su gran labor en la constitución de este Acuerdo de Paz.

Es un privilegio para mí estar en esta tierra fraterna. Los Callejas todavía no decidimos si somos de Chinandega o de Honduras; para nosotros, compartir con ustedes aquí en Nicaragua, es realmente un privilegio, y más en la presencia de tan distinguidos ciudadanos centroamericanos, que tuvieron la visión precisa de entender que había que terminar con los conflictos de la guerra en la región centroamericana.

A mi me correspondió estar en la segunda fase, en la aplicación de los Acuerdos de Esquipulas, y fue una llamada del Presidente Azcona, en el mes de diciembre del año 1989, cuando yo estaba como Presidente Electo en una visita a Venezuela, desde San Isidro de Coronado me comunicó que consideraba de importancia que estuviese informado, para ver si se respaldaban los Acuerdos que ahí estaban surgiendo, y con agrado le expresé que sí.

Mi campaña política electoral fue basada fundamentalmente, en términos internacionales, en un punto toral, y era el hecho de que nosotros no podíamos continuar en un conflicto centro americano y que en principio, soberano y nacional, no podían haber en territorio nacional tropas de otros países que no fueran las de nuestra nación.

Comprometí que las fuerzas irregulares que estaban en territorio hondureño involucradas en el conflicto, deberían de salir de nuestro territorio, a más tardar, en el mes de abril del año de 1990, ¡y lo logramos! Lo logramos gracias a un acuerdo que se propició fundamentalmente, y en el cual ¡todos tenemos una deuda de gratitud, con Su Eminencia, el Cardenal Miguel Obando y Bravo!

Yo no puedo dejar pasar este momento, para traer al recuerdo de los presentes lo que pasó en el año de 1990, en lo que denominamos el Acuerdo de Toncontín. Cuando iniciaba la Administración nuestra, resolvimos de inmediato que estuvo constituido el esfuerzo de los Presidentes que dieron vida al Tratado de Paz, que pudiésemos estructurar una ruta que diera por finalizado, que el territorio hondureño pudiera servir para tener ingente la presencia de un conflicto armado en la región centroamericana.

Y por esa razón constituimos una Comisión Negociadora, que se reunió en la Ciudad de Tegucigalpa, en Toncontín, en lo que denominamos el Acuerdo de Toncontín, y solicitamos la colaboración y cooperación de organismos internacionales, pero sobretodo, de Su Eminencia el Cardenal Miguel Obando y Bravo, quien gentilmente permitió que lo invitáramos, para que llegara en el avión del Gobierno de Honduras a Tegucigalpa, a reunirse con los distintos sectores que conformaban la problemática en la región centroamericana, en el conflicto que en ese momento existía.

Su Eminencia se reunió y, en el Acuerdo de Toncontín, en la presencia de representantes del Gobierno de Nicaragua, del Comandante Rubén, de distintos organismos internacionales, le dimos vida a la conclusión de la presencia de las fuerzas de la contrarrevolución en nuestro territorio.

Eso, para nosotros era determinante, porque Honduras como nación soberana, no debió, no debería, y no debe de permitir ¡nunca más! que su territorio sea utilizado por ciudadanos de otros países, para ejercitar acciones beligerantes en contra de la soberanía de otros Estados.

Por eso me siento realmente muy orgulloso, que en ese día preciso, el 20 de abril de 1990, en la zona de Yamales, de Cauquira y otros rincones de Honduras, el desplazamiento de las fuerzas irregulares que estaban en el conflicto armado, concluyó. Honduras se convirtió entonces en lo que siempre fue y siempre será, una nación de paz, fraterna; una nación amiga con todos los países de la región centroamericana.

Porque para nosotros, abrir los brazos a la presencia de refugiados, por razones de carácter político, es un privilegio. Y tuvimos en nuestra nación 400 mil refugiados nicaragüenses y salvadoreños en campos de refugiados, separados de sus familias, de sus tierras y de sus hogares; en las condiciones más precarias, viviendo en la desesperanza, en la intolerancia y en su negación a su destino como ciudadanos de El Salvador y de Nicaragua.

Por eso, para nosotros fue un acto significativo, que pudiésemos, en noviembre de 1990, expresar con orgullo, que el traslado de los miles y miles de ciudadanos nicaragüenses y salvadoreños a sus naciones sin la pérdida de una sola vida, había sido concluido.

En el período del 18 de abril al 20 de noviembre de 1990, Honduras se transformó, de una nación que atendía refugiados, a una nación que despedía ciudadanos con honra y honor, que volvían a sus lares, para construir el destino que les deparaba volver a sus naciones.

En indiscutible que el diálogo que se dio, no hubiera sido posible sin la presencia del Cardenal Obando; fue vital la manera en que logró conciliar los intereses de los distintos sectores, y eso le dio vida a esa realidad, el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, que se originó en los Tratados de 1987.

¿Qué vino después? ¿Cuáles son las consecuencias desde el punto de vista nacional y de Centro América, de esta extraordinaria acción de los Presidentes de aquel entonces? De Vinicio Cerezo, de Oscar Arias, de Daniel Ortega, de José Azcona y de Napoleón Duarte… que volvió a surgir la tolerancia al respeto de las ideas; que la intolerancia como consecuencia del pensamiento diferente en la vía ideológica, concluyó en la región centroamericana.

Nosotros, con orgullo, les podemos decir, que en el año de 1991, ante la presencia de distinguidas personalidades de nuestra nacionalidad, en la Casa de Gobierno de Honduras, y previas misiones que se trasladaron por el mundo, regresaron al país los que se expatriaron por razones ideológicas en nuestra patria. De Rusia, de México, de Cuba, de Polonia, de Nicaragua volvieron a sus hogares, con humildad, con pobreza, pero con la ilusión de poder construir un nuevo destino.

Honduras era ya, y sigue siendo, una nación que respeta los principios de tolerancia que se originan en el Tratado de Paz de Esquipulas II. Por esa razón, nuestra presencia hoy aquí es porque debemos de reconocer el esfuerzo extraordinario que se ha hecho en nuestra región centroamericana, para revertir los errores del pasado.

El Tratado de Paz, no simplemente debe de quedar en un proceso que permite el acceso al pensamiento, sino que también debemos de estar conscientes que tenemos enormes retos hacia el porvenir; que tenemos compromisos que asumir; porque, si ayer hubo desplazados por razones ideológicas, hoy los desplazados son por razones económicas.

Un nuevo tratado debe de surgir a la región centroamericana; una nueva forma de avizorar nuestro futuro, en que creemos una sociedad de oportunidades, que no tengamos que vivir del pensamiento de que nuestra economía está en las remesas de los que viven en los Estados Unidos o en otras naciones. Que es en nuestra Patria centroamericana, que debemos de revertir la ruta de la asociación, para que todos nuestros compatriotas puedan vivir con dignidad y con respeto.

Ha cambiado la paz, para bien de todos; han cambiado nuestras naciones en el respeto a nuestros ciudadanos; pero, han surgido problemas más graves que nunca, que pueden llevarnos a conflictos internos que son irreversibles, porque se originan fundamentalmente en la pobreza y en las enormes diferencias que hoy estamos viendo entre los que generan la riqueza y los que no la tienen. No podemos continuar por esa ruta.

Si hace 20 años construimos la Paz, hoy 20 años después, debemos de construir las oportunidades económicas para todos y cada uno de los centroamericanos. No es con alegría que vemos que salen de nuestras naciones para el Norte y que nos envían un poco de su esfuerzo y su sacrificio.

Fue con alegría que terminaron el conflicto y volvieron a sus naciones, pero, los que hoy se van, muchos ya no vuelven. Y si algo hizo el Tratado de Paz, es abrirles la puerta para que regresaran a sus naciones.

Nosotros aquí, en la presencia de tan distinguidas personalidades, de ustedes, debemos de hacer un esfuerzo extraordinario, para lograr una nueva Centroamérica de oportunidades y de capacidad económica, en que la pobreza, al igual que fue la guerra, sea simplemente un pensamiento del ayer.

No podemos continuar en este camino, en que superados los problemas estructurales de nuestra sociedad, seguimos viviendo en la incapacidad de resolver nuestros propios problemas nacionales.

Por ello, Esquipulas debe de ser un paso en nuestra historia, un recuerdo positivo, una gratitud permanente, pero ya que tuvieron ellos, y algunos están en posiciones de significancia para construir, deben de dar un paso más hacia delante, Oscar Arias, Daniel Ortega, los Presidentes de Nicaragua, Honduras, Costa Rica y El Salvador, para realmente darnos a los centroamericanos, lo que tanto anhelamos, un mejor porvenir, un futuro de dignidad, un futuro de esperanzas, de confianza en nuestro destino.

Y eso es lo que Esquipulas nos permitió realizar, porque hoy, gracias a esos Acuerdos, tenemos vigentes muchísimas libertades que en aquel entonces no existían. Nosotros, los que nos tocó implementar los Acuerdos de Esquipulas, les puedo decir que cumplimos con la misión que nos fue encomendada por los Presidentes que nos antecedieron.

Me siento satisfecho hoy por la mañana de poder compartir con ustedes, y decirles que los Acuerdos de Paz que originaron la transición en Centro América, en Honduras se cumplieron a cabalidad, y hoy construimos una sociedad democrática, tolerante, de respeto a las ideas, pero, una sociedad que reclama una resolución favorable, imperativa, inmediata, para resolver los problemas que reclaman nuestros compatriotas y nuestros ciudadanos.

Ojala que de aquí, de este seno académico, de este lugar político, en que se reúnen los más distinguidos representantes de nuestra región centroamericana, bajo la tutela de Su Eminencia, el Cardenal, podamos nosotros, verdaderamente avizorar el porvenir, y juntos, en un esfuerzo de integración propia, transformar Centro América en lo que todos anhelamos, la Patria nuestra, ¡nuestra Patria! la Patria morazánica; la Patria que es sin fronteras e intensa, a favor de cada uno de los hijos de nuestra nación.

Me siento contento de estar aquí, agradecido por haber podido compartir y expresarles… no dejemos esto nada más en el ayer, que no sean simplemente páginas de la historia, ¡hay mucho que hacer en Centro América! Hay demasiado que está pendiente, y eso sólo se hace cuando en Foros de esta naturaleza, podemos analizar el pasado y construir el futuro.

De mi parte, como Presidente que fui de Honduras en un momento complejo, les puedo decir con satisfacción a los nicaragüenses y a los salvadoreños que estuvieron en nuestros países, que hoy los recibimos con agrado, ¡ya no como refugiados, gracias a Dios! Los recibimos como ciudadanos de una Patria Grande, con los brazos abiertos siempre, ¡siempre serán nuestros compatriotas!

Pero hoy, con la alegría de poder decirles, ¡bienvenidos por venir y pueden ir en paz a sus naciones! Eso es lo que hizo Esquipulas, ¡qué extraordinario esfuerzo autóctono de nuestros Presidentes de aquel entonces! Y esa dinámica, esa visión, debe de construir un mañana de fe, de esperanza y de futuro para todo Centro América. Gracias.

Y, muchas gracias Cardenal, porque usted se ha merecido siempre y se merece, la gratitud del pueblo hondureño, porque gracias a su esfuerzo, superó una crisis institucional interna, que debilitaba las estructuras mismas de nuestra sociedad. En un viaje de 24 horas, con la iluminación del Señor, usted transformó 20 años de la historia de Honduras ¡Gracias!

Palabras de Daniel

Buenas tardes hermanas y hermanos centroamericanos; Su Eminencia Reverendísima Cardenal Miguel Obando y Bravo; querido hermano centroamericano, Presidente de Costa Rica, Oscar Arias Sánchez; querido hermano centroamericano, Ex Presidente de Guatemala, Vinicio Cerezo; querido Ex Presidente de Honduras, hermano centroamericano, Rafael Leonardo Callejas.

Querida compañera Rosario Murillo, Coordinadora del Consejo de Comunicación y de los Consejos del Poder Ciudadano; querida Michelle, Rectora Magnífica de esta Universidad Católica; querido hermano Vicepresidente de la República de Nicaragua, Jaime Morales Carazo; hermanos y hermanas del Parlamento Centroamericano; hermanos y hermanas de los Partidos Políticos centroamericanos; hermanos y hermanas de la Asamblea Nacional de Nicaragua.

Querido hermano René Núñez Téllez, Presidente de la Asamblea Nacional; querido hermano, Doctor Roberto Rivas, Presidente del Poder Electoral; querido hermano Rafael Solís, Vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia; querido hermano, Omar Halleslevens, Jefe del Ejército de Nicaragua; querido hermano Dionisio Marenco, Alcalde de Managua; querido hermano Miguel d Escoto Brockman, Canciller de la Paz; hermanos y hermanas todos.

En este mes de Septiembre del 2007 vamos a Conmemorar el 151 Aniversario de la Batalla de San Jacinto ¡Batalla de San Jacinto! ¿Por qué tuvimos que recurrir, en ese momento de nuestra historia, a las armas? Nuestro país estaba invadido por la política expansionista del imperio yanqui, ¡ya existía el imperio yanqui y la política expansionista del imperio norteamericano! Y esa política expansionista, nos impuso un Presidente yanqui, William Walker.

En ese entonces, ¡no titubearon los hermanos centroamericanos! los hermanos costarricenses, guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, ¡no titubearon en unirse en un sólo frente de lucha para enfrentar con las armas al invasor! ¡No hay otra manera!

Costa Rica tuvo que empuñar las armas contra el invasor y, el héroe costarricense, Juan Santamaría, ¡murió en combate frente al filibustero! Ese filibustero que no era más que la expresión del imperio yanqui, queriendo apoderarse de nuestra América, como decía José Martí; y que Rubén Darío lo predijo con toda claridad: «Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua, que aún reza a Jesucristo y habla en español.»

Les decía Rubén: «eres fuerte, eres hábil, te opones a Tolstoi…» y continuaba al final: «pero tened cuidado, hay mil cachorros sueltos del león español… y os falta una cosa, le decía al yanqui invasor… ¡Dios! Decía Rubén.

¡Claro! porque el yanqui iba detrás del oro, de la riqueza, buscando cómo dominar a nuestros pueblos. Desgraciadamente, no aprendimos la lección los centroamericanos, y continuaron las guerras en toda Centroamérica y, esto es importante tenerlo bien claro, muchachos, muchachas, juventud estudiosa… porque de repente, ustedes pueden pensar que las únicas guerras que ha habido en Centroamérica, ¡son las que se produjeron en los años 80!

Que antes no había habido guerra en Centroamérica, sino que, como resultado del Triunfo de la Revolución Sandinista, empezaron las guerras en Centroamérica ¡y eso no es cierto!

Por el contrario, Centroamérica se vio inmersa en guerras de manera permanente, no hubo país centroamericano que escapara a esas guerras. Y cuando se produce esa guerra cuyo Aniversario vamos a conmemorar este próximo 14 de septiembre con la Batalla de San Jacinto, hace 151 años, no había conflicto Este-Oeste, ¡ni siquiera se podía soñar con que iba a triunfar la gloriosa Revolución de Lenin, allá, enterrando el imperio de los zares!

Ustedes muchachos y muchachas, que dominan la historia, van a ver la distancia de 1854, 1855 que empezó la política expansionista a hacerle daño a Nicaragua, a 1856 que se da la Batalla de San Jacinto, ¡a 1917 que se produce la Revolución de octubre! ¿Qué conflicto existía…? ¿qué pretexto tenía el imperio yanqui para estar agrediendo a Nicaragua?

¿Qué pretexto tenía el imperio yanqui para derrocar un Gobierno en Nicaragua e imponer su intervención militar en el año 1912? ¿Conflicto Este-Oeste…? ¡Si no había triunfado la Revolución de octubre en 1912! ¿Qué pretexto?

¡Ah! América para los americanos, decía la Doctrina Monroe. Y decía Bolívar, decía Sandino… ¿Qué quieren decir los imperialistas con esa frase? América para el imperio yanqui; no era América para sus verdaderos dueños, sino América para el imperio yanqui. Eso era lo que querían decir con esa frase.

Costa Rica, gracias a Dios, logró romper ese ciclo de violencia, con una revolución violenta, la Revolución del 48. Hubo revolución en Costa Rica en el 48, Oscar, con don Pepe Figueres a la cabeza, ¿no? ¡y fue con las armas! Una revolución armada en Costa Rica, con don Pepe Figueres a la cabeza… ¡fíjense bien! ¿Para qué? Para poder llevarle a Costa Rica estabilidad, democracia y paz; que la han logrado tener ustedes, siendo realmente privilegiados, por esa revolución.

Porque se produjo una revolución en Guatemala… Vinicio, ustedes intentaron una revolución, y ¿qué pasó? llegaron los yanquis y, con el pretexto del conflicto Este-Oeste, porque ya estaba la Revolución de Octubre, ¡invadieron Guatemala! la sojuzgaron e impusieron dictaduras militares que oprimieron, robaron, saquearon, al pueblo guatemalteco ¡Eso fue lo que llevaron los yanquis a Guatemala! Hasta que ustedes, a punto de pulso, luchando, luchando, lograron ir abriendo compuertas.

Recuerdo bien, Vinicio, cuando tuviste el valor de invitarme a tu Toma de Posesión, cuando todavía Oscar no asumía la Presidencia; cuando aún el Presidente Azcona, tampoco asumía la Presidencia, y tuvimos aquella reunión con José Napoleón Duarte. Una reunión histórica. Vinicio ha hecho una relatoría, con una memoria privilegiada, de todos aquellos acontecimientos, ¡un cronista de primera! de verdad.

Les decía que Guatemala simplemente con el conflicto Este-Oeste; en Nicaragua vinieron los yanquis, después de invadirnos en 1912, se mantuvieron de manera casi ininterrumpida las tropas yanquis en Nicaragua, formalmente, la intervención yanqui en Nicaragua.

Llegaron a haber hasta más de 3 mil 500 yanquis ocupando Nicaragua, que incluso ¡se dieron el lujo de organizar las elecciones! y el Presidente y las autoridades del Consejo Supremo Electoral, ¡no eran nicaragüenses! Eran los yanquis, organizando las elecciones en Nicaragua, un país ¡ocupado totalmente!

Nicaragua luchando con Sandino, ¿qué camino tenía Sandino? No le quedaba más alternativa que tomar las armas Como a don José Figueres, no le quedó más alternativa que las armas para alcanzar la democracia en Costa Rica, a Sandino, no le quedó más que tomar las armas, para expulsar a los invasores yanquis de Nicaragua.

¡Ah! entonces Sandino era bandolero, asesino, comunista, y empezaron a utilizar de manera terrorista lo que luego institucionalizó el Macartismo, que ya lo había institucionalizado Estados Unidos… la persecución contra todo ciudadano que no compartiera la filosofía, los planteamientos del sistema, y entonces, ese ciudadano era catalogado como comunista ¡y se le metía en la lista negra como comunista!

Estados Unidos llevó a lo más elevado de la intelectualidad norteamericana, incluso, artistas extraordinarios como Charles Chaplin, se vieron incluidos en esa lista negra.

La lista negra ¡hecha por el imperio! no por el pueblo norteamericano; el pueblo, simplemente depositando su voto y recibiendo aquella andanada de mentiras, de que el comunismo… es decir, si había un levantamiento contra una dictadura, ¡los comunistas! y allí, los yanquis listos para apoyar a los anticomunistas. Así, Centroamérica se vio llena de dictaduras militares, oprimida… sólo Costa Rica respiraba en Centroamérica.

Y ¡no había problemas! los Estados Unidos muy tranquilos con las dictaduras centroamericanas; muy tranquilos con la dictadura de Somoza, que la armaron, la financiaron durante 45 años; la entrenaron… miles de soldados oficiales de esa guardia de ocupación que formaron los yanquis en Nicaragua, pasaron por las Escuelas de las Américas, que entonces tenían los Estados Unidos en territorio ocupado en Panamá.

¡Miles! allí está la lista, es impresionante esa lista de los soldados, entrenándolos para torturar, asesinar a los campesinos, para lanzarlos desde los helicópteros; para asesinar a las mujeres luego de torturarlas… ¡eso era la democracia! Los Presidentes norteamericanos recibían muy bien a Somoza, porque ¡Somoza era un demócrata!

Cuando triunfa la Revolución Sandinista, sencillamente, fue un proceso legítimo que contó con el respaldo y la voluntad de todo el pueblo nicaragüense; no hubo ninguna incidencia, ni injerencia de la Unión Soviética en la lucha del Frente Sandinista, ¡ni con una munición cooperó la Unión Soviética en la lucha que nosotros libramos contra la dictadura de Somoza! Ni un sólo combatiente entrenó la Unión Soviética en la lucha que libramos contra Somoza.

Don Pepe Figueres fue el primero en darnos armas, Oscar; ¡de las viejas armas que le habían quedado de la Revolución del 48! Don Pepe nos dio unos armamentos que todavía disparaban. ¡Fíjense bien! No fue la Unión Soviética ¡no! Con los soviéticos, ni relaciones tenía el Frente Sandinista; más que admiración, respeto, simpatía, porque era un proyecto socialista, que buscaba un intercambio de relaciones justas con los países en vías de desarrollo. La Unión Soviética, no entregó una sola munición, ni entrenó un solo combatiente.

¿Qué pasa cuando triunfa la Revolución en Nicaragua? Sencillamente, como la Revolución le dice al imperio, Nicaragua ahora es independiente y queremos relaciones respetuosas con los Estados Unidos; pues eso simplemente, no le caía bien al gobierno yanqui, donde ya el peso de los Republicanos impidió que el Presidente Carter, le brindara cooperación al Gobierno de la Revolución Popular Sandinista.

Ni siquiera para fines pacíficos pudo aprobar cooperación el Presidente Carter, porque se la bloquearon en el Congreso las fuerzas extremistas; y al poco tiempo llega el Presidente Reagan a la Presidencia, y allí, venían con una filosofía, un pensamiento. Hay un documento famoso, que es bueno que los muchachos lo investiguen y busquen por internet, el Documento de Santa Fe.

Este es el documento donde Estados Unidos… la política que implementa Reagan, está allí preparada, elaborada de antemano y entre sus objetivos, tiene destruir a la Revolución Sandinista.

¿Por qué? Porque el veneno para el imperio yanqui, no es que Nicaragua significara una amenaza para los Estados Unidos, ¿qué amenaza podría significar…? El problema para el imperio yanqui, es que América Latina la tenían llena de dictaduras militares; América del Sur ¡plagada de dictaduras militares! países como Uruguay que venía a ser en América del Sur como Costa Rica, habían logrado una gran estabilidad…

De repente, golpes militares en Uruguay ¡y desaparece aquella paz! En Chile, ¡ni se diga! un Presidente legítimo, Salvador Allende, le lanzan varios golpes de Estado y al final, lo derrocan y lo asesinan al Presidente… ¡esa es la política de los yanquis! Intolerante.

Sin aceptar el mandato popular que había electo a Salvador Allende, así como hace unos cuantos años, intentaron también acabar con la Revolución Bolivariana, un golpe en contra de nuestro hermano, el Presidente Hugo Chávez, que fue abortado por el pueblo, ¡el pueblo se levantó y abortó ese golpe!

La preocupación de los yanquis era el ejemplo de la Revolución Sandinista, porque cuando triunfa, en América Latina la única Revolución que había triunfado, enfrentando una dictadura, había sido la Revolución Cubana, encabezada por nuestro hermano Fidel Castro. Era el período de dictadores muy conocidos, Batista en Cuba, Pérez Jiménez en Venezuela; Trujillo en República Dominicana; Carías en Honduras; en Nicaragua los Somozas; Ubico en Guatemala. Eran dictadores ¡muy conocidos! todos, hechos a imagen y semejanza del arquetipo del monstruo imperialista, ¡criminales de primera línea!

Se decía que después de la Revolución Cubana ya no podía triunfar ninguna otra revolución en América Latina. La Revolución Cubana triunfó, y esto es importante recordarlo… triunfó ¡sin recibir una sola munición de la Unión Soviética!

Esa Revolución Cubana, organizó su partida, primero, en lo que fue el Asalto al Cuartel Moncada un 26 de Julio. Pasaron presos un tiempo Fidel y los compañeros; se dirigieron a México cuando fueron liberados, y allí se organizó, con solidaridad del pueblo mexicano, la invasión revolucionaria a Cuba.

¿Quiénes iban en ese barco? Iban cubanos, latinoamericanos, como nuestro querido hermano Ernesto Che Guevara; con armas que habían conseguido allí mismo, no las había mandado la Unión Soviética, que ¡ni se enteraba de lo que estaba aconteciendo!

Y fue ese destacamento de cubanos que irrumpe en la Sierra Maestra y empieza una campaña revolucionaria que termina derrotando a la dictadura de Batista, y allí no había, ni asesoría soviética, ni municiones soviéticas, ni entrenamiento soviético, ¡eso fue ganado por el pueblo cubano!

¿Cómo acabar con Nicaragua que había roto la afirmación que se venía haciendo, de que no podía haber más revoluciones en América Latina? Decían los yanquis: hay que acabar con Nicaragua, porque sino, esto va a alimentar las luchas revolucionarias en otros países latinoamericanos. De allí viene toda la agresión de los Estados Unidos contra Nicaragua.

No fue ningún conflicto de Este-Oeste. Aquí, los soviéticos, en las relaciones que tuvimos con ellos, en el orden económico, comercial, y militar ¡nunca condicionaron su cooperación a nada! Los soviéticos ¡nunca me hicieron una llamada telefónica! cuando estaban las reuniones con los Presidentes centroamericanos, como sí las hacía el Secretario de Estado de los Estados Unidos, George Shultz, o el propio Presidente Reagan a los Presidentes Centroamericanos, para decirles que no firmaran los Acuerdos de Paz porque allí estaba Nicaragua.

Los soviéticos ¡nunca hicieron ese tipo de llamada! Al contrario, alentaban, propiciaban la paz; no había ningún conflicto de Este-Oeste en Nicaragua. Simplemente era Nicaragua defendiéndose de una política terrorista impuesta por el Gobierno yanqui; porque el Gobierno de Reagan pasó por encima del mismo Congreso.

Recordaba el Presidente Arias, cuando se lograron detener los famosos 100 millones, pero, ¡le importó poco al Presidente Reagan! y con aquel famoso Coronel Oliver North, organizó una operación para llevarle el dinero por otras vías y utilizando incluso, a narcotraficantes. Por eso es que yo les digo a ustedes, hermanos de la Policía, sobre todo a ellos que tienen mucha relación con la DEA, ¡cuidado con la DEA! ¡Mucho cuidado con la DEA!

¡A esos extremos llegaron! utilizar narco traficantes y, eso fue ampliamente difundido y conocido en los Estados Unidos; investigaciones y todo lo que ya sabemos. Pero aún más, nosotros, llevábamos el tema año con año a las Naciones Unidas, y, de manera casi unánime, al igual que Naciones Unidas ha condenado de manera permanente el bloqueo en contra de Cuba, se solidarizaba con Nicaragua, y le demandaba a los Estados Unidos cesar esa guerra terrorista en contra de Nicaragua.

Allí se votaba, en la Sesiones plenarias en Naciones Unidas, y solamente tres, cuatros países votaban al lado de los Estados Unidos, el resto de los países, sencillamente votaban a favor de Nicaragua; África, Asia, la mayor parte de los pueblos latinoamericanos votaban al lado de Nicaragua, el Caribe.

Sencillamente nosotros buscábamos la paz, pero Estados Unidos quería destruir a la Revolución Sandinista; quería entrar con sus tropas a Nicaragua, ese era su objetivo, abrir la cabeza de playa, desde territorio hondureño o costarricense, porque bien recordaba el Presidente Arias, en Costa Rica, estando de Presidente don Luis Alberto Monge, establecieron una base los yanquis.

En Honduras, como bien recordaba el Presidente Callejas, también abrieron otra base los yanquis. El plan era abrir una cabeza de playa en territorio nicaragüense, controlar ese pedacito, y por eso Teotecacinte, se convirtió en un objetivo de permanentes ataques allá en Jalapa.

¿Por qué? Es una punta que penetra en territorio hondureño, donde fácilmente podían flanquear el territorio para buscar cómo tomarse esos poblados y ocupar esas franjas de territorios que, una vez ocupadas desembarcaban las tropas yanquis que estaban en Honduras, y empezaban la invasión sobre la zona del Pacífico.

¡Nunca se logró hacer realidad ese plan por la resistencia del pueblo nicaragüense! Un pueblo armado con el Ejército Popular Sandinista a la cabeza de la defensa, con el Ministerio de Gobernación, Ministerio del Interior, a la cabeza de la defensa de la nación, se logró resistir.

Y ¡qué más esfuerzo que el que nosotros hicimos! de decirle a los Estados Unidos, ustedes dicen que nosotros somos una amenaza, ¡vamos a demostrarlo, vamos donde el juez! Nosotros decimos que ustedes son la amenaza, vamos donde el Juez! Le dijimos a los yanquis.

Nos fuimos donde el juez que tenemos las naciones, y esto lo saben muy bien las muchachas, y muchachos que estudian Derecho Internacional en la universidad; saben bien que el juez es la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Allá fuimos nosotros, el Padre d Escoto, organizó esa campaña por la paz, porque queríamos que las diferencias que existían entre Estados Unidos y Nicaragua, y que estaban provocando la muerte de miles de nicaragüenses ¡se le pusiera fin! Y fuimos a la Corte Internacional de Justicia.

La Corte dictó sentencia, en el mes de Junio de 1986 ¡vayan a ver a buscar esa información, muchachos! para que vean que no había tal conflicto Este-Oeste. Ese era el pretexto de los yanquis para justificar su política de terror en contra de Nicaragua.

La Corte dicta una sentencia ¡sin precedentes en su historia! y condena al primer Estado y el único Estado que ha sido condenado por la Corte, es el Estado norteamericano, el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, ¡fue condenado por la Corte! por estar cometiendo actos de terrorismo en Nicaragua, por estar minando nuestro puertos, por estar destruyendo los tanques de petróleo, de combustible. Por estar desarrollando una guerra sucia en contra del pueblo nicaragüense.

Fue condenado el Estado norteamericano, y fue obligado en la sentencia, a indemnizar a Nicaragua, en ese entonces, por 17 mil millones de dólares. Si sacamos la cuenta ahora, seguramente eso serían como 50 mil millones de dólares; por lo tanto, las cositas que aquí han entregado los yanquis ¡no son más que centavos que le están abonando a Nicaragua, de la enorme deuda que tienen con el pueblo nicaragüense! Esa es la verdad, son centavitos que están entregando. Nosotros ganamos esa batalla en la Corte, y ¿qué pasó? Sencillamente, Estados Unidos dijo que no reconocía a la Corte.

Es decir, actuando con ese atropello con que actúan los imperios; por eso es que Su Santidad el Papa Juan Pablo II, y nos lo recordaba Su Eminencia el Cardenal, le envió incluso, a Monseñor Pío Laghi al Presidente Bush, pensando que la amistad del Cardenal Pío Laghi con el Presidente Bush, iba a prestar oídos a la carta que le estaba enviando Su Santidad al Presidente Bush, para que no se lanzara a esa invasión sobre Irak. Ya ven lo que le dijo el Papa, y ¡ahí están los resultados!

Y quisieron comprometer a todo el mundo en esa guerra sucia, llevar tropas de todos lados, y América Latina se portó con dignidad; la inmensa mayoría de los pueblos latinoamericanos se portó con dignidad, ¡no mandaron tropas¡ incluyendo al Presidente Fox, arriesgó su gran amistad con el Presidente Bush… porque el Presidente Fox, era invitado continuamente a desayunar, a almorzar al rancho del Presidente Bush.

Cuando el Presidente Bush quiso obligarlo a apoyar esa aventura criminal en Irak, el Presidente Fox dijo ¡no! Allí se molestó el Presidente Bush y no volvió a invitarlo, durante un buen tiempo a su rancho, no lo volvió a invitar.

Colombia no mandó tropas a pesar de la dependencia que tiene de Estados Unidos; Brasil menos que mandara; Chile no mandó tropas. La inmensa mayoría de los Gobiernos latinoamericanos actuaron con dignidad, excepto unos cuantos Gobiernos que utilizaron una tropa que está para salvaguardar la soberanía del país. Si queremos tropas para pelear, ¡suficiente terreno hay aquí para pelear contra la delincuencia! para proteger nuestros mares, para luchar contra el narcotráfico, el contrabando, ¡para defender el medio ambiente!

Eso de andar mandando tropas, es típico de gobiernos que provocan situaciones, como las que se provocaron en el año 1855, 1856, que fue el resultado de los mismos gobiernos nicaragüenses, esa invasión del expansionismo yanqui a nuestro territorio.

Por lo tanto creo que es importante, en este encuentro donde estamos ejerciendo nuestra libertad de expresión, yo insisto en esto, porque todos tenemos derecho a expresarnos libremente, a expresar nuestras opiniones. No todos vamos a coincidir con lo que dijo el Presidente Arias, o lo que dijo el Presidente Cerezo, o el Presidente Callejas; o con lo que digo yo en estos momentos.

No estamos obligados a coincidir, simplemente, para eso está la inteligencia y están los elementos probatorios. Que me diga el Presidente Arias, o me diga el Presidente Cerezo, si en algún momento, ellos escucharon el rumor de que la Unión Soviética, me estuviese aconsejando a mí no aceptar los acuerdos de Paz, no buscar el diálogo.

Al contrario, los soviéticos eran totalmente respetuosos de lo que nosotros estábamos decidiendo, ¡y apoyaban lo que nosotros decidíamos! Igual Cuba, nuestro gran amigo y hermano Fidel, respetaba lo que nosotros decíamos.

No había tal conflicto Este-Oeste; simplemente ese fue el pretexto para querer justificar una actitud criminal en contra de un pueblo, que había luchado por su liberación, por liberarse de una dictadura impuesta por los yanquis, la dictadura somocista. En esas condiciones, finalmente se llegó a alcanzar los Acuerdos, sobre los cuales han abundado ya Vinicio y Oscar, yo no tendría mucho que agregar en cuanto lo que fueron todos estos temas.

Pero sí recordar que en esta batalla, la solidaridad mundial jugó un papel muy importante; en los mismos Estados Unidos la mayoría de la población norteamericana estaba en contra de esa política de muerte, cuando esto tenía ya una presión y fuerza tan grande, en el Congreso los Demócratas, se oponían a esa política y la bloqueaban.

Es decir, esa política guerrerista dividió también a la sociedad norteamericana, entre los que respaldaban a los nicaragüenses y condenaban la política de Reagan; y los que se creían las mentiras de Reagan, de que estaba luchando contra el comunismo en Nicaragua, le daban su apoyo, a pesar de todas las mentiras que se iban descubriendo constantemente, todas las triquiñuelas que hacía Reagan para mantener su política.

Además estaba la actitud de los pueblos latinoamericanos, europeos, asiáticos, de los africanos, se despertó una solidaridad global, por la Paz en Centroamérica. Países como Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, que no eran conocidos en el mundo, empezaron a conocerse por la situación de conflicto que se vivía.

¡Terrible aquello! Porque lo ideal es que se conocieron nuestros países, porque tienen progreso, bienestar, porque son un conjunto de turismo, etc., ¡pero no! Conocidos por la situaciones de guerra, de injusticia que estaba viviendo el pueblo nicaragüense. Incluso, hubo iniciativas frente al conflicto salvadoreño, como aquella iniciativa de México y Francia; una iniciativa que se tomó frente al conflicto salvadoreño, que fue casi paralela a la iniciativa de Contadora. Fueron esfuerzos que se desarrollaron en ese período.

En esas negociaciones en todo ese proceso, indiscutiblemente, reconocemos el esfuerzo, la dedicación que tuvo en la lucha por la Paz, el Presidente José Napoleón Duarte. Fíjense que a José Napoleón Duarte, y que me desmientan los salvadoreños, algún Parlamentario salvadoreño, y aquí está Acevedo, nuestro querido hermano el Canciller, Ricardo Acevedo Peralta, que era el canciller del Presidente del Salvador, José Napoleón… desmentíme, si a Napoleón, antes de empezar esas negociaciones, ¿cómo le decían en El Salvador ? ¡Comunista!

¡Comunista le decían a José Napoleón Duarte! Cómo se manipulaba esa palabra. A un hombre que luchó en condiciones bien complejas, bien difíciles, acusado en El Salvador de comunista; acusado por los grupos extremistas de los Estados Unidos, de comunista, él y su movimiento, simplemente, porque se habían atrevido a hacer una reforma agraria.

¡Ese fue el pecado mortal! que se atreviera a hacer una Reforma Agraria, ¡comunista! y les asesinaron decenas de dirigentes y activistas a ese Partido. Era la manipulación; como estaba la Unión Soviética, por eso manipulaban, y los soviéticos ¡ni se metían en esos conflictos!

Les decía que José Napoleón Duarte, jugó un papel extraordinario y, Don José Azcona Hoyos igualmente, una actitud muy valiente. Recuerdo que una vez me llama por teléfono y me dice: «ve Daniel, busquen cómo sacar las tropas, porque allí van los yanquis, están preparando una operación con su aviación en contra de las tropas que ustedes metieron allá en Mayales.» Fue cuando la operación Danto.

Me llamó por teléfono y me alertó, de que ya los yanquis iban a ir sobre las tropas, o sea, ¡los yanqui estaban metidos de lleno en esa guerra sucia! De manera abierta, el propio Presidente de los Estados Unidos.

Quiero también mencionar y hacer un reconocimiento a Joao Baena Suárez, brasileño; un hombre que jugó un papel extraordinario, porque se encontraba al frente de la OEA. No era fácil en la OEA en ese tiempo, hacer una política en contra del imperio y a favor de la paz… porque luchar por la paz en Nicaragua, era hacer política en contra del imperio. Joao Baena Suárez, tuvo una actitud valiente, firme, apegada a la ley, y al Derecho ¡no lo podemos olvidar!

Cuando estuvo por aquí, le pregunté a Lula por Baena, me dijo estaba por allá todavía, tendrá unos cuantos años, porque en ese período ya tenía unos cuantos años, Joao Baena Suárez. Tenemos que hacerle un reconocimiento a Baena, porque realmente el papel que jugó, fue extraordinario. Todos estos esfuerzos se conjugaron con la OEA, con Naciones Unidas, eran esfuerzos para la Paz y no para andar moviendo tropas de un lado para otro, sino ¡para la Paz!

¿Cuáles son los retos que tenemos ahora? Ya los han mencionado los hermanos centroamericanos Oscar Arias, Vinicio Cerezo y Rafael Leonardo Callejas: el combate a la pobreza, a las desigualdades; el combate a ese capitalismo salvaje, como lo llamó Su Santidad Juan Pablo II, y agregó, ¡los pobres no pueden esperar! así lo dijo, y los pobres no pueden seguir esperando.

La única manera de avanzar en esta lucha, donde tenemos problemas comunes, somos países bien pequeñitos, con economías bien pequeñitas, que sumadas todas nuestras fuerzas, sigue siendo todavía una fuerza bien pequeñita. Tenemos que caminar realmente hacia la unidad.

No hay que temerle a la palabra unidad. La palabra integración sigue siendo una palabra conservadora, que responde más bien a los intereses del llamado Libre Mercado. Tenemos que trabajar y caminar hacia la unidad con el ejemplo, buscar cómo unirnos, con el concepto de un comercio justo. Buscar relaciones justas entre nuestros países, gestionar recursos ante la comunidad internacional, para poder cubrir las desigualdades que existen entre nuestros países.

No estamos en capacidad de hacer lo que hacen los europeos, de subsidiar algunas economías que estaban más rezagadas; si queremos caminar hacia la unidad, tenemos que buscar recursos para poder subsidiar las economías más rezagadas, que puedan ser más competitivas, esa palabra que tanto se menciona y, que podamos insertarnos en mejores condiciones en este mundo globalizado, dominado por el capitalismo global, donde las relaciones comerciales, siguen siendo dictatoriales, la dictadura del capitalismo global.

¿Qué son las políticas de subsidios? Recuerdo al Canciller Stagno, de Costa Rica, lo escuché aquí, en el encuentro que hubo cuando trabajó la propuesta para las Naciones Unidas, lo escuché hablando bien claro, en contra de esa política de subsidios. No podemos estar a favor de un libre mercado con políticas de subsidio ¡multimillonarias! en Europa, en los Estados Unidos, ¿qué libre mercado es ese? ¡Eso no es libre mercado!

Libre mercado que cuando quiere te cierra las puertas, y donde domina el peso del más fuerte, ¡esa es la realidad! Nos alegramos ahora porque estamos colocando algunos productos, pero el día de mañana, te cerraron las puertas. Nosotros no tenemos capacidad para reaccionar frente a ellos, como reaccionan los europeos cuando tienen un pleito como éste con los yanquis, se cierran las puertas mutuamente.

O este pleito que tienen ahorita con China, los que están persiguiendo los muñecos, que andan cargados de plomo; entonces vienen los chinos y cierran la entrada de sopas Campbell, porque llevan demasiado aluminio, ¿qué vamos a poder hacer eso nosotros? Estamos manos arriba.

¡Tenemos que unirnos! Unidos somos más fuertes, pero tenemos que ir más allá, unirnos los centroamericanos, caribeños y latinoamericanos, hacer una gran unidad de Latinoamérica y El Caribe. Ese es el futuro, el ejemplo está bien claro con los europeos, y lo explicó muy bien Vinicio, cómo los europeos superaron barreras culturales, de idiomas, de guerras y dijeron, ¡o nos unimos o nos come el mercado japonés, el mercado norteamericano, ahora el asiático! Y se unieron, tienen sus diferencias, sus contradicciones pero ¡ahí van! con políticas de subsidio para los menos favorecidos, para los países más atrasados.

Estados Unidos, la palabra lo dice… Estados Unidos, son una cantidad de Estados unidos, si esos Estados se desintegran, si pasara lo que ellos promovieron en Yugoslavia, que la desintegraron alimentando chauvinismos y nacionalismos falsos; si se empezara a alimentar esto en los Estados Unidos y ellos se independizan, ¡desaparece la potencia de los Estados Unidos!

La potencia de los Estados Unidos, se la da la unidad de todos sus Estados, allí está su potencia. Por lo tanto, la potencia de los pueblos latinoamericanos, centroamericanos y caribeños, ¡está en la unidad!

Que con la unidad logremos derrotar la pobreza; con la unidad, es que vamos a lograr educación, salud, cultura para nuestros pueblos. ¡Es con la unidad que vamos a lograr una Paz larga y duradera!

¡Que viva el 20 Aniversario de Esquipulas!

¡Que viva la Unidad Centroamericana!

¡Que viva la unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños!

¡Que viva el ALBA!

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