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Papa Francisco exhorta a desnaturalizar la miseria

Son tantas las imágenes que nos invaden que vemos el dolor, pero no lo tocamos; sentimos el llanto, pero no lo consolamos; vemos la sed pero no la saciamos, lamentó

Papa Francisco
Papa Francisco | aci prensa

LA VOZ DEL SANDINISMO |

El Papa Francisco  exhortó a acabar de manera definitiva con el hambre en el mundo y desnaturalizar la miseria.

La excesiva información con la que contamos va generando paulatinamente la naturalización de la miseria, es decir, poco a poco, nos volvemos inmunes a las tragedias ajenas y las evaluamos como algo natural, explicó.

Al intervenir en la sede en Roma del Programa Mundial de Alimentos (PMA), lamentó que “son tantas las imágenes que nos invaden que vemos el dolor, pero no lo tocamos; sentimos el llanto, pero no lo consolamos; vemos la sed pero no la saciamos”.

De esta manera, muchas vidas se vuelven parte de una noticia que en poco tiempo será cambiada por otra. Y mientras cambian las noticias, el dolor, el hambre y la sed no cambian, permanecen. Tal tendencia –o tentación– nos exige un paso más y, a su vez, revela el papel fundamental que instituciones como la vuestra tiene para el escenario global. Hoy no podemos darnos por satisfechos con solo conocer la situación de muchos hermanos nuestros, subrayó.

El Santo Padre insistió en que es necesario desnaturalizar la miseria y dejar de asumirla como un dato más de la realidad porque tiene rostro.

Tiene rostro de niño, tiene rostro de familia, tiene rostro de jóvenes y ancianos. Tiene rostro en la falta de posibilidades y de trabajo de muchas personas, tiene rostro de migraciones forzadas, casas vacías o destruidas. No podemos naturalizar el hambre de tantos; no nos está permitido decir que su situación es fruto de un destino ciego frente al que nada podemos hacer, puntualizó.

Recordó que la falta de alimentos no es algo natural, “no es un dato ni obvio, ni evidente. Que hoy en pleno siglo XXI muchas personas sufran este flagelo, se debe a una egoísta y mala distribución de recursos, a una mercantilización’ de los alimentos”.

En su opinión, el consumismo es una de las causas que “nos ha inducido a acostumbrarnos a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimento, al cual a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va más allá de los meros parámetros económicos”.

En otro momento, el Sumo Pontífice alertó que vivimos en un mundo inestable y en el que últimamente las guerras y las amenazas de conflictos es lo que predomina en nuestros intereses y debates.

Las armas han alcanzado una preponderancia inusitada, de tal forma que han arrinconado totalmente otras maneras de solucionar las cuestiones en pugna (…) mientras las ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por intrincadas e incomprensibles decisiones políticas, por sesgadas visiones ideológicas o por infranqueables barreras aduaneras, las armas no; no importa la proveniencia, circulan con una libertad jactanciosa y casi absoluta en tantas partes del mundo, aseguró.

Al respecto, enfatizó en que son las guerras las que se nutren y no las personas, “en algunos casos la misma hambre se utiliza como arma de guerra”.

Somos plenamente conscientes de ello, pero dejamos que nuestra conciencia se anestesie y así la volvemos insensible. De tal modo, la fuerza se convierte en nuestro único modo de actuar y el poder en el objetivo perentorio a alcanzar. Las poblaciones más débiles no solo sufren los conflictos bélicos sino que, a su vez, ven frenados todo tipo de ayuda. Por esto urge desburocratizar todo aquello que impide que los planes de ayuda humanitaria cumplan sus objetivos, reiteró.

Francisco indicó que un pueblo se juega su futuro en la capacidad que tenga para asumir el hambre y la sed de sus hermanos.

En esta capacidad de socorrer al hambriento y al sediento podemos medir el pulso de nuestra humanidad, valoró.
mem/ele

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