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Las atrocidades que no conocés de la Guerra de Corea

Varias matanzas tuvieron lugar en un conflicto que costó la vida a unas cinco millones de personas

Masacre de Daejeon
Masacres por parte de EE.UU. y la República de Corea dejaron más de 4.7 millones de asesinados durante la Guerra de Corea, 1950-1953 |

Redacción Central |

Una trágica historia de matanzas indiscriminadas, ocultas durante años por sus responsables, se cierne sobre la Guerra de Corea, hecho acontecido de 1950 a 1953.

El conflicto se originó por la división de la península donde se ubican estas naciones entre norte y sur, acción que realizaron Estados Unidos y la Unión Soviética al término de la Segunda Guerra Mundial.

Los imperialistas yanquis consideraron la mitad sureña de Corea y el régimen títere que instalaron como un elemento principal en sus planes para contener y quizás librar una guerra contra la Unión Soviética, y también como un paso para cercar y amenazar a la República Popular China, fundada en 1949 después de casi 30 años de guerra revolucionaria.

Ya para 1950 un enfrentamiento entre norte y sur parecía inminente. Entonces el presidente instalado por Estados Unidos, Syngman Rhee, puso bajo prisión a 300 mil campesinos a los que acusó de “simpatías izquierdistas”, al tiempo que obligó a igual número a enlistarse en la llamada “Liga Nacional de Orientación”, destinada a “reeducarlos” en el modo capitalista de vida.

Ante estos hechos, fuerzas del norte comenzaron a hacer incursiones para liberar a los campesinos prisioneros, lo que provocó que el sur cometiese una matanza en el verano de 1950 contra los reos. Un reporte de los periodistas Charles J. Hanley y Jae-Soon Chang, de la agencia AP, publicado en mayo de 2001, reveló que la policía de Corea del Sur sacó a los prisioneros de sus celdas y les disparó en la cabeza, disponiendo luego de los cuerpos en minas abandonadas o en el mar. Muchos de los muertos eran mujeres y niños.

Las fuerzas armadas de Corea del Sur, batiéndose en plena retirada, cometieron ejecuciones en masa de prisioneros encarcelados por simpatía izquierdista, los cuales temían que se unieran con el rápido avance de las tropas norcoreanas, agrega el reporte.

Según Hanley, estas ejecuciones en masa “se llevaron a cabo durante pocas semanas y en gran parte se ocultaron por medio siglo”, hasta que el Gobierno de Estados Unidos desclasificó los documentos.

Otra denuncia hecha en la época de estos crímenes provino del periodista Alan Winnington, quien trabajaba para el London Daily Worker. En julio de 1950 Winnington informó que había visto fosas comunes de aproximadamente siete mil prisioneros en Daejeon a los que, según los aldeanos a que entrevistó, habían ejecutado las tropas surcoreanas y que habían enterrado los cuerpos forzando a los campesinos locales.

Winnington fue ampliamente desacreditado por publicar la noticia, y el parlamento inglés contempló acusarlo de sedición. Ahora su reportaje ha sido corroborado por fotos recientemente sacadas del Archivo Nacional de Estados Unidos.

El historiador Kim Dong-choon, miembro de la Comisión de Verdad y Reconciliación que se formó en Corea del Sur desde 2006 para investigar las matanzas, dijo que estas representan “el capítulo más trágico y brutal de la Guerra de Corea”.

Esta comisión calcula que una guerra en la que murieron unos cinco millones de personas, hasta 200 mil de ellas pudieron ser víctimas de matanzas despiadadas, mientras tres millones fueron civiles.

Los documentos y fotos recién desclasificados del gobierno yanqui revelan que oficiales del ejército sabían de estas matanzas horrorosas y en unos casos las orquestaron. Según un telegrama desclasificado por el Departamento de Estado, el general Douglas MacArthur, quien estaba al mando de las fuerzas yanquis en Corea, consideró las matanzas “un asunto interno”, lo que querría decir que fueron acciones independientes hechas por las fuerzas armadas surcoreanas, pero de hecho él estaba al mando no solamente del ejército estadounidense, sino del surcoreano.

Las matanzas indiscriminadas de civiles fueron la doctrina de la guerra y no una aberración. El general de la Fuerzas Aéreas de Estados Unidos Curtis LeMay se jactó de que aviones yanquis habían “incendiado cada ciudad en Corea del Norte”, donde mataron al menos al 20 por ciento de su población.

Para que se tenga una idea, un reporte de Revcom.com, afirma que las fuerzas armadas estadounidenses “usaron más bombas y proyectiles de artillería en Corea que en la II Guerra Mundial, y usaron napalm contra blancos militares y civiles”.

No Gun Ri y un baño de sangre

El 26 de julio de 1950 ocurrió uno de los hechos más abominables de todo el conflicto. La aldea de No Gun Ri, o Nogun-ri, y sus cercanías, fueron asaltadas por fuerzas yanquis, las que provocaron centenares de muertos.

El comandante estadounidense de turno, preocupado de que soldados norcoreanos disfrazados como civiles pudieran intentar cruzar sus líneas para unirse a los refugiados, les dijo a sus tropas que a todos los civiles vistos en su zona “se les considerará enemigos y se tomará acción en consecuencia”. Un testigo dijo que el capitán Melbourne Chandler les dijo a sus soldados en No Gun Ri: “Al diablo con toda esa gente. Eliminémonoslos a todos”.

Según se informa, algunos soldados rehusaron disparar a aquellos que un soldado describió como “civiles que no más intentaban esconderse”.

Eun-yong Cheng, representante de la Organización de Víctimas de Nogun-ri, relató lo que pasó, un pasaje que a continuación reproducimos:

“El ejército yanqui nos ordenó: “¡Todos, júntense! Los llevaremos a un lugar seguro”. Obedeciendo la orden, nosotros, los aldeanos de la zona, caminamos en la carretera en la noche oscura, con carretas de bueyes, y con los niños sobre la espalda. Cerca del mediodía del día siguiente, el 26 de julio, cuando nuestra marcha de refugiados llegó a la zona de Nogun-ri, 5-6 soldados yanquis nos bloquearon el paso. Llevaron a toda la gente y las carretas de bueyes a las vías paralelas del ferrocarril. Después de investigarnos completamente, hablaron con alguien por radio. Nosotros los refugiados coreanos no sabíamos por qué. Allí descansamos un rato.

“Entonces dos aviones yanquis nos sobrevolaron. En ese momento, los soldados desaparecieron, algo negro cayó encima de nosotros y estalló entre los refugiados. Fue como una tormenta, con nubes de polvo y pedazos de piedra que se reventaban en el cielo. Había pedazos sangrientos de cuerpos y de bueyes por todas partes. Los vivos corrieron a un túnel bajo el puente del ferrocarril.

“Los soldados (de la compañía H del segunda batallón, séptimo regimiento de la caballería de Estados Unidos), empujaron agresivamente al resto de los refugiados dispersos hacia el túnel. Los refugiados se asfixiaban porque se compactó mucha gente en dos túneles angostos. Una mujer no podía soportarlo y se salió del túnel. Inmediatamente la balearon, y ella cayó. Del lado opuesto del túnel, empezaron a tirotearnos. Los soldados montaron ametralladoras a ambos lados de la entrada y nos dispararon.

“Con el paso del tiempo, se amontonaban los cuerpos en ambas entradas y la sangre corría a raudales dentro del túnel. De tal manera la matanza siguió por cuatro días. Cuando llegó el NKPA (Ejército de Corea del Norte), dijeron: ‘¡El ejército yanqui se fue! ¡Cualquier persona viva puede regresar a su hogar ahora!’ Pero, los cadáveres fríos estaban mudos”.

Lo anterior está recogido en el libro “Reconsiderando la matanza de Nogun-ri con motivo del 50 aniversario del estallido de la Guerra Coreana”, de Sung Yong Park, pastor de la Iglesia Metodista Coreana y representante de la sección de Filadelfia del Congreso por la Reunificación Coreana.

Según fuentes oficiales surcoreanas, que abrieron una investigación al respecto, están certificadas las muertes de 150 personas, el 40 por ciento de ellas niños menores de 15 años y el 70 por ciento mujeres. Datos brindados por el mencionado libro y un reportaje de la AP estiman que al menos 400 personas podrían haber muerto en este sangriento episodio.
ros/ale

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