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La tortura que marca a Irak

La invasión de Estados Unidos a esta nación en 2003 dejó profundas huellas

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Torturados en Irak |

Redacción Central |

Desde el 26 de junio de 1987 la Organización de Naciones Unidas adoptó la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, la cual busca impedir absolutamente el uso de las torturas por parte de los Estados, sin admitir ninguna excusa ni situación extraordinaria, como la guerra.

Sin embargo, este documento ha sido violado una y otra vez en los conflictos bélicos, en algunos de ellos con absoluta crueldad. Tal es el caso de Irak, país sumido en la guerra desde 2003, cuando la bota yanqui lo invadió con el pretexto de luchar contra el terrorismo, una amenaza que está muy lejos de ser eliminada.

El 11 de septiembre de 2001, día que marcó un punto de inflexión en la historia por los ataques al World Trade Center de Nueva York, dio paso al apocalipsis que todavía se cierne sobre Irak.

Decididos a derrocar a Saddam Hussein y aumentar su control sobre el Medio Oriente y Asia, Estados Unidos se embarcó en lo que se conoce como la Segunda Guerra de Irak, iniciada en marzo de 2003 con la invasión masiva de los marines y los bombardeos constantes.

El 1 de mayo de ese año, a bordo de un buque de guerra y en un movimiento mediático el entonces presidente George W. Bush pronunció su frase de “misión cumplida”, una ironía si se analizan los hechos que luego se sucedieron.

Cinco años después de este show mediático, habían muerto cuatro mil soldados estadounidenses. En 2011, eran más de 50 mil los muertos y heridos. Esto sin contar las decenas de miles de efectivos que hoy padecen PTS, o síndrome de estrés postraumático, causado por los horrores de la guerra.

Sin embargo, las pérdidas para el pueblo iraquí han sido, y son mayores. La iniciativa online Iraq Body Count signa en más de 242 mil los muertos por este conflicto, una cifra aproximada que sí tiene documentadas 171 mil 210 muertes de civiles.

A la vez, el escándalo provocado por Wikileaks al desclasificar más de 400 mil documentos de la guerra en Irak, muestran cómo las violaciones de los derechos humanos se hicieron recurrentes en este conflicto, donde lo más recordado son las torturas de la prisión de Abu Ghraib.

Un informe de Aministía Internacional denuncia que desde el primer día, los invasores utilizaron la tortura como una práctica común, no solo contra los milicianos que les hicieron resistencia, sino contra cualquier persona de la cual sospechasen.

Entre las múltiples denuncias que se sucedieron después, destacan el Informe Taguba, los reportes del diario The New York Times y el canal australiano SBS.

El horror se traduce en prácticas horrendas como dar puñetazos y patear a los detenidos, saltar sobre sus pies desnudos, grabar en vídeo y fotografiar prisioneros desnudos, tanto hombres como mujeres, forzar a los prisioneros a desempeñar posiciones de acto sexual y fotografiarlos, desnudar detenidos a la fuerza y mantenerlos desnudos durante varios días, forzar a hombres desnudos a usar ropa interior femenina, forzar a los detenidos a masturbarse para fotografiarlos y grabarlos, amontonar a los prisioneros desnudos y saltar sobre ellos, poner de pie sobre cajones a prisioneros, con una bozal sobre su cabeza y amarrar cables eléctricos a los dedos de los pies y manos y al pene para amenazar con tortura eléctrica.

La lista del terror incluye además colocar un collar y correa de perro a un detenido desnudo y mientras lo “pasea” una mujer soldado, la violación de una mujer detenida por un Policía Militar, romper luces químicas sobre los detenidos y echar líquido fosfórico sobre sus cuerpos, regar con agua fría a los detenidos desnudos y la sodomía.

¿Qué consecuencias tuvieron estos actos luego? Cuando Estados Unidos colocó un gobierno en Irak a su servicio —la acción que Washington eufemísticamente denomina “democratizar”—, la práctica de la tortura no cesó, sino que se convirtió en cotidiana.

Abu Ghraib fue la cara más mediática de un país donde hoy las fuerzas del “orden”, leales a Washington, se imponen mediante el terror.

Amnistía Internacional indicó en un reciente estudio que a menudo se tortura a los detenidos para extraer confesiones que estos posteriormente niegan pero que sí se utilizan en su contra en juicios amañados. A veces, estas dudosas confesiones se difunden por televisión antes del juicio y violan la presunción de inocencia, asegura la organización.

La pena de muerte, suspendida tras la invasión de 2003, se restableció con el primer Gobierno iraquí y las sentencias se retomaron en 2005. Desde entonces, 447 prisioneros han sido ejecutados, entre ellos el propio Saddam Hussein, y se ha convertido al país árabe en uno de los Estados líderes en la aplicación de la pena capital. Vaya democratización.
ros/ale

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