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Aterrizaje de emergencia en Japón de avión propulsado por energía solar

El Solar Impulse 2 sobrevolaba el archipiélago cuando un banco de nubes se interpuso en su itinerario hacia Hawaii

El avión Solar aterriza en Japón por mal tiempo
El avión Solar aterriza en Japón por mal tiempo | RT

LA VOZ DEL SANDINISMO |

El primer aeroplano de propulsión solar que está dando la vuelta al mundo y que iniciaba el primer tramo de su itinerario por el océano Pacífico, tuvo que aterrizar el lunes en Nagoya (centro de Japón) debido a un banco de nubes formado en su ruta hacia Hawaii, a causa de un frente frío.

Atravesar un frente activo con escarcha, lluvia y turbulencias no está previsto para nuestro avión. Vuela lentamente, es sensible a las turbulencias y necesita sol para recargar sus baterías, declaró el segundo piloto del aparato, el suizo Bertrand Piccard.

La vuelta al mundo quizá no avance tan rápido como querríamos, pero no estamos haciendo una carrera de velocidad. El objetivo es llegar, señaló a medios noticiosos.

Esperaremos a que las condiciones meteorológicas mejoren para continuar, agregó. El comité organizador del vuelo precisó por su parte que el piloto André Boschenberg y la nave están a salvo, y que la prioridad es la seguridad. También agradeció al gobierno japonés por su apoyo en este percance.

El Impulse 2 despegó en China el pasado domingo y se dirigía a Hawaii, una travesía de 130 horas en la que el suizo debe pilotar en solitario durante seis días y seis noches, la etapa más dura.

Desde el 9 de marzo está dando la vuelta al mundo y el punto de origen fue Abu Dhabi. Desde entonces hizo escalas en Omán, India, Birmania y China. En total tiene que recorrer 35 mil kilómetros y cruzar dos océanos a una velocidad media de 50 a 140 kilómetros por  hora.

El Solar Impulse 2 recibe su energía de más de 17 mil células fotovoltaicas colocadas en sus alas, que mueven cuatro motores de cuatro aspas. El revolucionario aparato no ha sobrevolado nunca un océano ni ha permanecido en el aire más de 24 horas, por lo que esta travesía de ocho mil 500 kilómetros representa un reto tecnológico y una hazaña aeronáutica.

Solo en su cabina monoplaza no presurizada ni climatizada, en la que debe permanecer todo el tiempo sentado, el piloto está sometido a variaciones de temperatura de 55 grados (de -20 a 40 grados Celsius)

En caso de problema grave, deberá saltar en paracaídas al océano, a centenares de kilómetros de cualquier lugar de socorro porque ninguna nave puede seguir a este avión, que vuela a una velocidad máxima de 90 km/h a baja altura y de 140 km/h en las capas superiores.

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