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La singular biblioteca de Osama bin Laden

El líder de la organización terrorista más temida del mundo poseía documentos reveladores de sus intereses y personalidad

Casa de Bin Laden
Esta es la casa en Pakistán donde Bin Laden se escondía y donde guardaba su biblioteca | AFP

Redacción Central |

¿Desearías llevar a cabo una operación suicida? Así dice una pregunta dentro del largo cuestionario de la Lista de Aplicación del Comité de Seguridad de la organización terrorista Al-Qaeda.

El documento fue encontrado por los Navy Seals de Estados Unidos en mayo de 2011 y pertenecía a Osama bin Laden, creador de la organización extremista, muerto el segundo día de ese mes en un operativo.

Ahora se encuentra disponible en lo que la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI, por sus siglas en inglés) publicó como parte de un compendio de más 100 documentos desclasificados bajo el nombre de La biblioteca de Bin Laden.

La Voz del Sandinismo, escrutando estos documentos, ha encontrado múltiples facetas en las lecturas y escrituras de un hombre convertido en el más buscado por fuerzas de todo el planeta tras los ataques terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, cuya autoría se atribuyó. Un hombre que fue entrenado, paradójicamente, por Estados Unidos.

Aquel agente de la CIA

Los antecedentes de Bin Laden solo pueden ser comprendidos si miramos al pasado. En 1979, el director de los servicios secretos de Arabia Saudita, el príncipe Turki Al Faycal, reclutó a Bin Laden para que trabajase como gestor financiero de las operaciones de la CIA para Afganistán.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos buscaba por ese entonces fondos para llevar a cabo incursiones en Afganistán, país en guerra con la extinta Unión Soviética (URSS).

En total, la CIA invirtió dos mil millones de dólares para evitar una victoria de la URSS, cuando el mundo vivía el período conocido como Guerra Fría.

En agosto de 1988, cuando se preveía que la resistencia afgana derrotase a los soviéticos, Bin Laden –graduado en Administración de Empresas en la Universidad Rey Abdul Aziz– creó por su cuenta en Pakistán una base de datos con información detallada de los 35 mil voluntarios muyahidines (personas dispuestas a morir en la guerra por la causa de Allah) que habían luchado en la guerra afgana.

El fichero de esa base de datos recibió un nombre que hoy provoca terror: “Al Qaida”, que traducido del árabe significa La Base.

Bin Laden, el colaborador en la sombra de la CIA, se convirtió de pronto, según consideraciones del Departamento de Estado de Estados Unidos, en un “peligroso terrorista” y “uno de los más significativos patrocinadores de grupos extremistas islámicos en todo el mundo”.

Junto a Bin Laden la dirección de Al Qaeda, nombre que se le ha dado en castellano, quedó en manos de Ayman Al Zawahiri, un cirujano perseguido como responsable de la Yihad islámica en Egipto, que también había luchado en Afganistán, y Mohamed Atef, asesinado por los Estados Unidos en 2001, el mismo año en que no quedó nadie en todo el planeta que no conociera a este grupo.

¿Un hombre enamorado?

¿Puede ser “buena” una persona que asesine a mansalva a varios miles de personas en nombre de una causa? ¿Hay sentimientos de algún tipo en ese corazón?

Si leemos la carta que Bin Laden envía a su esposa en forma de testamento, conoceremos al hombre enamorado que fue. El terrorista solo tiene deseos de fortuna y bienestar para su amada, a quien afirma extraña y quiere con toda su alma.

En su testamento, conociendo que podía ser alcanzado por sus perseguidores, Bin Laden pide a su esposa que cuide de sus hijos, siga amándolo como él le corresponde y en caso de su muerte, nunca le olvide, pues él esperaría verla en otro plano de vida.

Resulta, cuando menos, de un alto contraste esta postura en alguien capaz de elaborar una Lista de Aplicación tan macabra como la descrita al inicio de estas letras. ¿Cómo podían coexistir el Bin Laden amoroso con ese otro?

La pregunta salta en no pocas ocasiones al leer esa Lista de Aplicación, donde Occidente estaba claramente en la mira de Al Qaeda. Así lo refrenda la interrogante ¿Conoces a alguien que viaje a países occidentales?

Igualmente queda demostrado en los textos que analizan asuntos de política en el Medio Oriente desde centros tanques pensantes en Norteamérica, los cuales poseía Bin Laden.

O acaso podría estar planificando un ataque contra Francia, pues poseía 19 documentos sobre esa nación con objetivos económicos, estudios de variado formato y mucha información estratégica.

Las intenciones de Bin Laden, si las buscamos explícitamente están refrendadas en su Mensaje general para la nación Islámica. En este texto el terrorista afirma que es necesario elevar la conciencia pública acerca de sus objetivos, por lo que hace un llamamiento de batalla a todos los creyentes para que apoyen, y aquí está la ironía, “a la nación Islámica”.

¿La nación Islámica? Suena terriblemente parecido a un nuevo azote terrorista que busca también acabar con Occidente: el Estado Islámico.

Por macabra que pueda parecernos la biblioteca de un hombre que no respetaba el derecho a la vida, estos documentos contienen algunas de las claves para comprender el aceleramiento del extremismo y el fundamentalismo en varios países árabes.

Después de todo, desde que la primera bomba cayó en Bagdad, Irak, el jueves 20 de marzo de 2003, Osama bin Laden había de alguna forma vencido, pues la ambición de unos pocos, los creadores del monstruo, es lo que tiene hoy al mundo al borde del caos. Si no indague en la biblioteca y verá cómo tengo razón.

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