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Caribe planta cara contra el cambio climático

Las pequeñas islas luchan por sobrevivir a la escasez del agua potable, las enfermedades transmitidas por vectores y a descomunales huracanes

Cambio climático
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Redacción Central |

El cierre de un acuerdo realmente vinculante y el cumplimiento de los compromisos asumidos por la comunidad internacional, son los principales puntos que conforman la postura del Caribe para las negociaciones del cambio climático, comenta Prensa Latina.

Los gobernantes de la zona presentaron esos planteamientos al presidente francés, Francois Hollande, durante una reciente reunión celebrada en Martinica y que sirvió de antesala a la 21 conferencia mundial sobre el tema (COP 21), a celebrarse este año en París.

El primer ministro de Bahamas y presidente temporal de la Comunidad del Caribe (Caricom), Perry Christie, enfatizó en la cita que se trata de un asunto de emergencia, pues el fenómeno agrava la seguridad alimenticia, la escasez del agua potable y las enfermedades transmitidas por vectores.

Sus declaraciones la avalan diversos estudios científicos que además citan entre los efectos catastróficos del calentamiento global a la extinción de especies animales y vegetales, la mayor intensidad de los huracanes, la disminución de las cosechas y la desaparición de los arrecifes de coral.

Ese escenario conllevaría a un repunte incontrolable de las migraciones, dispararía el hambre y los conflictos en todo el planeta.

La región -advirtió Christie- no cuenta con los recursos necesarios para adaptarse ni mitigar los daños asociados al cambio climático, pese a la voluntad de sus gobiernos por frenarlo.

Por tanto, consideró imperativo cambiar el discurso y lograr en la COP 21 un acuerdo con una meta de reducción significativa de las emisiones contaminantes, claridad en las estrategias de adaptación y los fondos necesarios para facilitar y mejorar los planes de desarrollo sostenible de los estados insulares.

A juicio del líder caribeño, ese texto también deberá ser claro en cuanto a las medidas, mecanismos, respaldo financiero y tecnológico para hacer frente a los desafíos económicos relacionados con el cambio climático.

Mientras, el primer ministro de Dominica, Roosevelt Skerrit, definió la actual coyuntura como una cuestión de vida o muerte, pues está en juego la degradación y destrucción de todo el planeta.

«Nos preocupa que la comunidad internacional aún no responde como debe a los peligros que entraña el impacto del cambio climático (…) Estamos convencidos de que limitar el aumento de la temperatura a dos grados es insuficiente para proteger nuestros frágiles ecosistemas (…) una meta de 1,5 grados sería más apropiada», dijo a nombre de la Organización de Estados del Caribe Oriental.

Skerrit lamentó la insensibilidad del mundo industrializado, cuando los territorios insulares están al borde de su capacidad de adaptación y con serias amenazas a la supervivencia humana.

En ese punto, llamó a los actores internacionales a trabajar de inmediato por cerrar un acuerdo «ambicioso, completo y significativo» en París, que exija provisiones especiales como transferencia de tecnología, capacitación, mayor apoyo a programas de eficiencia energética y acceso a fuentes renovables a las naciones vulnerables.

A su turno, el presidente francés recurrió a la solidaridad entre los países ricos y pobres frente al problema global y se comprometió a impulsar en la COP 21 la creación de un fondo verde para canalizar la ayuda al Caribe por el impacto de los desastres naturales.

Hollande reconoció que esa zona solo es responsable del 0,3 por ciento de las emisiones contaminantes, pero es una de las que más sufre los azotes de los fenómenos meteorológicos extremos.

Incluso, calificó la situación de apremiante porque obliga a las islas a gastar cada año 600 millones de dólares en lidiar con las devastaciones, lo cual retarda sus aspiraciones de cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Los países del Caribe lanzaron en 2010 la campaña «1,5 Grados para Permanecer Vivos», basada en investigaciones que demuestran los daños de los gases con efecto invernadero en población, ecología y geografía de los pequeños estados insulares, mayormente dependientes de la agroindustria, la pesca y el turismo.

Una de las indagaciones del Programa Internacional sobre el Estado de los Océanos adelantó que si persiste el aumento de la temperatura, entonces desaparecerá el hielo ártico del verano en 2050, y en consecuencia, habrá una sobre-elevación del mar.

Por lo tanto, muchos de esos territorios quedarían sumergidos, se destruirían unos 150 centros turísticos y una veintena de aeropuertos, y habrá más de 100 mil personas desplazadas por la falta de empleos, viviendas, alimentos y agua.

El Caribe afrontaría daños anuales por 100 mil millones de dólares hacia 2050 solo por la parálisis en sus tres principales rubros económicos, mientras una pérdida del 50 por ciento de los corales por el blanqueo de esos organismos le costaría alrededor de siete mil millones de dólares.

Durante los últimos años, Caricom y otros bloques regionales activaron distintos mecanismos y delinearon estrategias comunes para asegurar el posicionamiento estratégico del área en las negociaciones sobre el tema climático.

La COP 21 se vislumbra como la oportunidad de que el mundo pacte de una vez un acuerdo vinculante respeto al fenómeno global y los caribeños se proponen aprovecharla para exigir un compromiso verdadero y responsabilidad ante un problema que amenaza con desencadenar la extinción masiva de la vida en la Tierra. (Redacción Central-Voz del Sandinismo-Agencias de Noticias)

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