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Girón, derrota del Imperio

En las arenas de esta playa cubana el imperialismo yanqui sufrió su primer gran revés militar. En 66 horas las fuerzas revolucionarias comandadas por Fidel Castro liquidaron a los invasores entrenados por Washington durante más de un año

Triunfo en Playa Girón
Triunfo en Playa Girón | Juventud Rebelde

Alejandro Guevara |

Cuando el presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, firmó la orden secreta para comenzar a desarrollar la Operación Pluto, organizada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), acaso nunca imaginó la derrota monumental que le esperaba a su país en el futuro.

Era el 17 de marzo de 1960 y faltaban exactamente 13 meses para la invasión mercenaria a Cuba por Playa Girón, en Bahía de Cochinos, una locación estratégica al sur occidental de la isla.

La idea era bien simple, según la lógica imperialista: entrenamos a cubanos mercenarios que se fueron de su país tras el triunfo de la Revolución de Fidel Castro, los enviamos a un punto de Cuba donde invaden y forman una cabeza de playa para resistir mientras llega un gobierno previamente “armado” como contraparte del que ya tienen, el cual pedirá a los marines intervenir para acabar con el conflicto.

Visto sobre el papel era el golpe de gracia a la novísima Revolución cubana.

Así, se fueron a Guatemala y luego de ciertos vaivenes comenzaron a entrenar una fuerza contrarrevolucionaria considerable, la cual estaba además armada hasta los dientes con lo más avanzado que tenía Washington.

Los entrenamientos en Guatemala se organizaron en la llamada Base Trax y fueron inspirados en la operación anfibia más compleja de toda la liberación del Pacífico durante la II Guerra Mundial: el asalto a la isla japonesa de Iwo Jima.

Los mercenarios se integraron en la Brigada 2506, con el coronel del Cuerpo de Marines de Estados Unidos Jack Hawkins al frente.

El Cuartel General de la Operación Pluto se ubicó en un edificio del Pentágono, en Washington. En el primer piso se hallaba la Sala de Guerra (War Room), un área restringida con su propio sistema de teletipos. Grandes mapas cubiertos de acetato sellaban las paredes. En casi todos aparecía la isla de Cuba y en no pocos un territorio particular: la Ciénaga de Zapata.

Primero, los ablandamos

Por supuesto, la invasión no solo sería armada. Primero había que “ablandar” al pueblo de Castro. Así, desde la isla Swan, en el golfo de Honduras, se instaló una estación de radio que transmitía ilegalmente hacia la Isla propaganda subversiva  con mensajes como “¡Madre cubana!, escucha esto: la próxima ley del gobierno será quitarte a tus hijos desde los cinco hasta los dieciocho años” y “¡Miliciano!, ten cuidado cuando vayas a salir: Hazlo igual que en Rusia, en grupos de tres. Si no quieres morir; pásate a las filas de la verdadera revolución”.

Durante los meses siguientes la emisora radiaría una y otra vez la falsa noticia sobre la patria potestad que dio como resultado la Operación Peter Pan, en la que decenas de miles de niños fueron separados de sus padres y enviados a Estados Unidos ante el terror provocado. Muchos de ellos jamás volvieron a verlos.

Al mismo tiempo, la prensa estadounidense arremetía a diario contra el proceso revolucionario que desarrollaba Cuba con el afán de desacreditarlo. Los periódicos comparaban a Fidel con Hitler y Mussolini y lo calificaban de mentiroso.

Entretanto, la CIA infiltraba en Cuba agentes para preparar la invasión. Fueron 35 en total, de los cuales el gobierno revolucionario capturó a 20.

Antes de la tormenta

El 7 de octubre de 1960 Cuba denunció ante la ONU que se preparaba una invasión desde Guatemala. El canciller cubano, Raúl Roa, hizo saber todos los detalles al plenario, pero fue ignorado.

Desde el inicio de 1961, Cuba fue escenario además de continuados sabotajes que costaron la vida a no pocas personas. Uno de los más horrendos fue el de la quema de la tienda por departamentos más grande de esa nación, El Encanto, en la que murió una empleada y otras 18 personas resultaron lesionadas. Las pérdidas materiales se valoraron en 20 millones de dólares. La acción fue ejecutada por un integrante del grupo terrorista conocido por las siglas MRP.

Luego vendría la acción que antecedió a la invasión, el bombardeo de aeropuertos cubanos con aviones financiados por Estados Unidos. El 15 de abril de 1961 fueron ametralladas terminales aéreas militares en el occidente y oriente de Cuba.

La intención era destruir la capacidad de respuesta en el aire al gobierno cubano, una vez que comenzara la invasión.

Ese día ocho bombarderos B-26 alzaron vuelo desde Puerto Cabezas, en nuestro país. Al aproximarse a Cuba tomaron tres rumbos diferentes: la escuadrilla Puma, integrada por tres aviones, atacó el aeródromo de Ciudad Libertad, en La Habana. Linda, con tres bombarderos también, se dirigió a San Antonio de los Baños (occidente) y la formación Gorila atacaría el aeropuerto de Santiago de Cuba, en el oriente.

Los aviones iban camuflados con las insignias de la fuerza aérea cubana. Uno de esos aparatos aterrizó en Miami para dar la versión pública de deserción y rebeldía de los pilotos de la Fuerza Aérea Cubana. Una tremenda estrategia mediática que fue rápidamente desmontada por el gobierno cubano.

De aquellos B-26, solo cinco pudieron regresar a Nicaragua. Uno fue derribado por las fuerzas revolucionarias; otro fue «tocado» por la artillería rebelde y se vio obligado a aterrizar en Cayo Hueso, mientras que un tercero tuvo que aterrizar de emergencia en la isla Gran Caimán.

El ataque ocurrió de forma simultanea minutos antes de las seis de la mañana. La escuadra que atacó Ciudad Libertad encontró un fuego antiaéreo tan nutrido que algunos pilotos descargaron sus ametralladores en áreas cercanas a la base, matando a siete personas, entre ellas el miliciano Eduardo García Delgado, quien antes de morir escribió con su sangre el nombre de Fidel. Otros 53 vecinos de la zona resultaron heridos.

En el sepelio de las víctimas del bombardeo, al día siguiente, Fidel Castro proclamó socialista a la Revolución Cubana y juró defenderla “con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores».

Tormenta, batalla, victoria

En la madrugada del 17 de abril, el miliciano José Ramón González Suco comunicó desde Playa Larga, cerca de Playa Girón, que se observaban luces y movimientos en el mar. El batallón 339 de Cienfuegos fue enviado a la zona y chocó con la compañía E de los mercenarios para entablarse combate de inmediato. Fue el inicio de encarnizadas peleas para repeler a los instrusos.

El pueblo cubano superó el imperativo de derrotar en menos de tres días a los mercenarios, y con la dirección del Comandante en Jefe Fidel Castro liquidó en sólo 66 horas de lucha a los invasores, quienes se rindieron en las arenas de Playa Girón al atardecer del 19 de abril de 1961.

Fidel, en un comunicado, dio a conocer ese día que “Fuerzas del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias tomaron por asalto las últimas posiciones que las fuerzas mercenarias invasoras habían ocupado en el territorio nacional». Playa Girón fue el último punto de los mercenarios y cayó a las cinco y treinta de la tarde.

Durante la lucha, más de 150 combatientes revolucionarios murieron y varios civiles fueron asesinados por la aviación de los invasores. Empero, más de mil 200 prisioneros fueron entregados después a sus amos yanquis, que reconocieron serlo al entregar a cambio de ellos medicinas y alimentos para niños de Cuba.

Por vez primera se había puesto un ALTO al imperialismo, acción que se ha repetido luego de muchas maneras, especialmente en las batallas de estos nuevos tiempos, cuando las ideas son la principal arma de los revolucionarios y progresistas del mundo.

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