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“O contamos nuestra propia historia o se burlan de nosotros”, dice la CIA

En el mundo actual, hasta los espías se preocupan por su imagen pública

CIA
Agencia Central de Inteligencia |

Redacción Central |

La frase “O contamos nuestra propia historia o se burlan de nosotros” fue dicha por un funcionario de la agencia de Inteligencia más poderosa del mundo, la Agencia Central de Inteligencia de estados Unidos (CIA), como salió a la luz pública recientemente.

Esta frase está incluida en un informe de más de 500 páginas que hizo público la Comisión de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos en un capítulo que muestra cómo la CIA actuó para influir en la forma en que la agencia y su programa de “Detención e interrogatorios” aparecían en los medios.

En el mundo actual, hasta los espías se preocupan por su reputación pública, han comentado analistas al conocer el texto.

La Conclusión Nº 10 de las 20 que presenta el informe dice que la CIA “coordinó la difusión de información clasificada a los medios, incluso de información errónea relacionada con la supuesta efectividad de las técnicas de interrogación que utilizaba”.

La oficina de asuntos públicos de la CIA actuó “para contrarrestar las críticas públicas, moldear a la opinión de laciudadanía y evitar así una posible decisión del Congreso de restringir las atribuciones o el presupuesto de la agencia”, apunta.

La difusión de esta información ocurrió cuando el programa contaba con el nivel más alto de confidencialidad y es sólo recientemente que la Casa Blanca se refirió a ello.

Se trata de cuando el presidente George W. Bush admitió en un discurso televisado que la CIA estaba usando “un conjunto alternativo de procedimientos” para obtener información de personas detenidas en el marco de la Guerra contra el Terror.

La CIA difundió, por voluntad y beneficio propios, información sobre el programa de torturas mucho antes de que fuese formalmente público, o sea que estaba revelando información clasificada, apuntan expertos.

Como es conocido, en los últimos años, sobre todo desde las filtraciones masivas de información de WikiLeaks, en diciembre de 2010, y de Edward Snowden, en junio de 2013, el gobierno de los Estados Unidos ha perseguido judicialmente a cualquier persona que filtrara información sensible que pueda afectar a la seguridad nacional.

Este acoso también incluyen a periodistas que publicaran esa información y se negaran a revelar sus fuentes, como es el caso de la periodista Judith Millar, del The New York Times, encarcelada durante 85 días en 2005.

Esto también le ocurrió a James Risen, que batalló durante dos años hasta que el procurador general Eric Holder decidió recientemente que no estaba obligado a revelar el nombre de su fuente.

Este informe del Senado muestran la relación entre funcionarios de asuntos públicos de la CIA y un grupo de periodistas que escribieron artículos y hasta libros sobre el programa antes de a su divulgación.

Se trata de Douglas Jehl, del The New York Times, que “obtuvo” de la CIA ejemplos de “éxito en la explotación de detenidos” y del periodista Ronald Kessler quien mantuvo una serie de encuentros que hicieron que cambiara el ángulo de su libro The CIA at War.

El texto terminó incluyendo líneas como de que “la CIA puede nombrar una serie de éxitos y decenas de atentados que fueron evitados gracias a las técnicas de interrogación coercitivas”. (Redacción Central-Voz del Sandinismo-Agencias de Noticias)

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