Internacionales

Naturaleza del terror y la indiferencia

A las víctimas de Boko Haram, cuya espiral de violencia no se detiene, el silencio los castiga por partida doble

Grupo radical islámico nigeriano Boko Haram
Miembros del grupo radical islámico nigeriano Boko Haram |

Redacción Central |

Los recientes ataques del grupo fundamentalista islámico Boko Haram en el noreste de Nigeria, perpetrados por menores y que causaron 32 muertos, son un reflejo de la brutalidad de una organización que se apoya abiertamente en el terrorismo contra la población civil.

Mediante métodos acentuadamente violentos y coactivos para conseguir sus objetivos políticos, religiosos y económicos, esa agrupación extremista pone cada vez más en práctica una amplia gama de recursos para sembrar el terror, sin que ello genere a nivel internacional una reacción condenatoria eficaz.

Si bien la solidaridad mundial no se hizo esperar tras los ataques terroristas en París que ocasionaron la muerte a 17 personas, la sanguinaria matanza de unas dos mil personas por parte de Boko Haram en Baga, a orillas del Lago Chad, apenas unos días antes de los sucesos en la capital francesa, no recibió la misma atención y pasó a un segundo plano.

Incluso el presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, quien fue uno de los líderes mundiales que condenaron los ataques contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo, no ha dicho nada sobre la carnicería de civiles perpetrada en su propio país.

La reticencia de Jonathan a hablar del tema, no exenta de críticas, y el que no haya una reacción internacional comparable a la de los ataques en París evidencian, sin lugar a dudas, diferencias en cómo la opinión pública percibe esos sucesos.

El slogan «Soy Baga», alusivo al «Yo soy Charlie» -que se popularizó inmediatamente en todo el mundo-, apenas encuentra eco en las redes sociales.

Estas marcadas diferencias en las reacciones a los baños de sangre en París y Baga emergen como parte de un contexto más amplio a escala global, en el cual el prisma mediante el que se observan no desprende la misma claridad para la opinión pública internacional.

El caso francés, abominable, repudiable y enfermizo, es visto como un ataque cobarde de extremistas violentos al derecho a la libertad de expresión, lo que implica un problema existencial para Europa y Occidente.

Sin embargo, la masacre en Baga, uno de los tantos episodios sangrientos en la realidad nigeriana, sobre la cual escasea información, es vista no por pocos como un problema local y de violencia rutinaria, en la cual el sensacionalismo y el morbo encuentran parte de sus nutrientes.

Las atrocidades que suceden día tras día en Nigeria a menudo se presentan como parte de una continua historia de violencia entre las comunidades africanas, y eso -en opinión de expertos- afecta la percepción de la gente y la magnitud real del problema.

Boko Haram, que no se convirtió de repente en una organización sanguinaria, desde su fundación en 2002, en la localidad de Maiduguri, ha cometido diversos crímenes de guerra y contra la humanidad.

Su prontuario abarca los más disímiles métodos de destrucción, terror y muerte, con el consecuente sufrimiento, dolor y desplazamiento de miles de personas que a diario enfrentan una devastadora situación humanitaria.

A esas víctimas de una realidad caótica, cuya espiral de violencia no se detiene, el silencio los castiga por partida doble.

Han pasado más de ocho meses desde que el pueblo de Chibok, en el norte de Nigeria, se hizo visible efímeramente en los titulares de la prensa mundial cuando Boko Haram secuestró a 276 niñas estudiantes, de las cuales más de 50 lograron escapar con sus dramáticos testimonios.

Por varias semanas el suceso atrajo la imaginación global, hasta que otro acontecimiento desvió su atención, excepto para las más de 200 familias que han perdido la esperanza y conviven con la rabia.

Desde entonces se desconoce el paradero o la suerte de las restantes niñas y las posibilidades de encontrarlas son escasas, pues a estas alturas no hay indicios o algún informe que indiquen siquiera que se esté intentando rescatarlas.

Mientras tanto, Boko Haram sigue explotando los agravios originados por la corrupción y la ineficacia del Estado, que en parte reflejan el estrago incentivado por algunas de las empresas que operan en la región.

Por otro lado, el uso más frecuente de niñas y adolescentes para perpetrar atentados suicidas por parte de esa agrupación, uno de cuyos objetivos declarados es el establecimiento de la sharia como norma vigente en los 36 estados de Nigeria, son otra muestra de su crueldad.

Más allá de los móviles, causas, o incluso la propia naturaleza humana, la pasividad, el silencio y la indiferencia también alimentan el terror.

también te puede interesar