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Pobreza y aridez: el binomio imperfecto

Una repostera brasileña ha vivido 40 años sin ducharse

agua
La falta de agua hace que en el nordeste de Brasil y otros lugares, tengan que escoger entre cocinar o lavar los platos |

Redacción Central |

La pobreza y la existencia de zonas extremadamente áridas forman un binomio imperfecto que pende sobre las espaldas, no muchas veces mojadas, de 36 millones de latinoamericanos como la brasileña María Dilvania Lima.

Con 40 años, la repostera Lima es de aquellas personas que solo han podido ducharse en sueños, pues al pequeño pueblo semidesértico del noreste brasileño donde vive el agua no llega por tuberías y las escasas lluvias apenas son suficientes para llenar colectores familiares y un pozo.

Esta mujer se reúne con otras en la pequeña localidad de Caraúbas para a base de pulpa de frutas y leche preparar en su cocina 25 tipos diferentes de galletas, pasteles y otros dulces de coco, yuca y más sabores, que después venden entre los vecinos.

Pero la falta de agua hace que en el noreste de Brasil y otros lugares la gente tenga que escoger entre cocinar o lavar.

Hace tres años que la sequía se ensaña con este asentamiento rural semiárido, al que el Ejército lleva algo del líquido cada semana con la esperanza de que a finales de este año una ansiada tubería les garantice un suministro regular a las 45 familias del asentamiento.

Si no hay agua, no se pueden hacer pasteles y la asociación de mujeres no produce dinero, con lo que las familias terminan dependiendo casi en su totalidad del pago de Bolsa Familia, y otras ayudas suministradas por el gobierno brasileño.

Se espera que las familias aprovechen hasta el agua de después de las duchas o las descargas del inodoro, las llamadas aguas grises que son útiles para el regado de los sembrados.

Estas posibilidades animan a Jane Fernandes, un ama de casa de 27 años y madre de dos hijas, pues cada día pasa al menos una hora y media entre ir y venir a la cisterna abastecida por el Ejército.

«Mi sueño es que el agua finalmente llegue y pueda terminar mis estudios para darles una vida mejor a las niñas», dijo Jane, que también podrá ducharse sin la preocupación de dejar sucias la ropa o los platos.

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