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Julio Cortázar fue espiado en México

Según informes, el escritor cada vez que visitó  México habló contra las dictaduras, defendió a la Revolución cubana a capa y espada y colocó su capital intelectual en favor de los sandinistas

Julio Cortázar
Julio Cortázar | elespectador.co

Redacción Central |

El escritor argentino Julio Cortázar fue espiado por los servicios de seguridad del Estado durante las numerosas ocasiones, al menos tres, que estuvo en México y su correspondencia fue interceptada, leída y copiada, según archivos e informes desclasificados del gobierno.

La revista mexicana MX hurgó en el Archivo General de la Nación (AGN) y desempolvó documentos donde se constata que la desaparecida Dirección Federal de Seguridad, la temida policía política en los años de la represión gubernamental, espió las conversaciones del autor de «Rayuela».

El reporte, titulado «Cortázar, el perseguido», señala que el propio director de la Dirección Federal de Seguridad firmó varios de los reportes y ordenó que lo siguieran a partir de 1967, luego de una reunión del Partido Comunista Mexicano, donde se le mencionó como uno de los firmantes de un documento en el que se abogaba por la lucha armada en América Latina.

La proclama, suscrita también por el poeta salvadoreño Roque Dalton y el entonces progresista escritor peruano Mario Vargas Llosa, urgía a realizar «una asamblea de Escritores Latinoamericanos de izquierda» y llamaba «a la unidad de los intelectuales» pese a sus «diferencias de opinión».

«El escritor visitó muchas veces México. En todas ellas habló contra las dictaduras, defendió a la Revolución cubana a capa y espada y colocó su capital intelectual en favor de los sandinistas. Y eso no podía ser pasado por alto» por las autoridades, indicó el informe.

Los agentes registraron sus palabras, reseñaron sus reuniones, las conferencias que ofreció en el Palacio de Bellas Artes y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y denunciaron sus «esfuerzos por conseguir la libertad de los presos en Argentina, Uruguay y otras naciones».

Durante una de las visitas del literato argentino -cuyo natalicio número 100 se festejó en México con numerosas reseñas, conferencias y actividades culturales- en agosto de 1980, Cortázar paseó por las playas de Zihuatanejo, estado sureño de Guerrero, costas del Pacífico. Lo que quizá no sabía es que mientras caminaba y escribía desde ese paraíso veraniego, acompañado de Carol Dunlop, escritora, activista y fotógrafa estadounidense con la que vivió una historia de amor, era ya «uno de los objetivos del C-047», un grupo especial de la DGS responsable de seguir a figuras extranjeras en tiempos de la guerra fría.

Por los agentes del C-047 no sólo pasaban sus cartas, que por eso tardaban más de lo común en llegar. Desde por lo menos 1967 seguían las cartas que los amigos de Cuba le mandaban. También lo seguían cuando se encontraba con amigos, atendían sus conferencias, registraban sus declaraciones», comenta el texto.

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