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El efecto boomerang de las sanciones contra Rusia

Mientras Occidente intenta bloquear y amedrentar al gigante euroasiático, se fortalece la unidad interna del país y se abren posibilidades de comercio con América Latina

Vladimir Putin
Vladimir Putin | AP

Redacción Central |

El plan de Occidente es dominar al oso ruso con un látigo de sanciones y amenazas, pero el gigante euroasiático está enseñando la garra de un pueblo que venció al fascismo y libró luego una Guerra Fría contra la principal potencia económica mundial.

Más que amedrentar, las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea realzan el sentimiento patriótico de los rusos en torno a una presidencia que borró la deshonra de los primeros años de transición al capitalismo, marcados por el empobrecimiento y la corrupción.

Además, tras llevar la delantera en cuanto a la agresión, estadounidenses y europeos acaban de recibir el primer contraataque en el mentón.

El presidente ruso, Vladímir Putin, emitió un decreto que prohíbe o limita las importaciones de productos agrícolas, materias primas y alimentos procedentes de los países que lideraron y secundaron las sanciones contra altos funcionarios, bancos, empresas y petroleras rusas.

La medida es una respuesta a las últimas decisiones de Occidente para tratar de revertir la posición soberana de Rusia respecto al conflicto ucraniano, que desde un primer momento ha sido exacerbado por los organismos de inteligencia de Europa y Norteamérica.

La decisión, que se debe extender al menos por un año, afectará en gran medida a la Unión Europea, cuyas exportaciones de carne, frutas y verduras al mercado ruso son cuantiosas.

Putin encomendó además al Ejecutivo que aumente la oferta de productos nacionales e impida un alza de los precios ante la reducción de las importaciones.

Una oportunidad para América Latina

El gran beneficiado con la nueva situación podría ser América Latina. Aunque las exportaciones hacia Rusia de frutas, verduras y flores no han dejado de aumentar en los últimos años, podría registrarse un salto exponencial.

De hecho, el Servicio ruso de Inspección Agrícola y Ganadera mantiene contactos directos con varios países de la región para abordar un aumento de los suministros de alimentos.

Putin concluyó recientemente una histórica gira que lo llevó a Cuba, Nicaragua, Argentina y Brasil, países en los que destacó la necesidad de continuar amentando el intercambio comercial.

Ahora, con una parte de la competencia internacional fuera del camino, los países latinoamericanos adquieren una ventaja estratégica que puede superar la barrera de la distancia.

Aunque ha registrado un incremento durante las últimas décadas, el comercio entre Rusia y la región dista mucho aún de sus verdaderas potencialidades.

En el caso de Nicaragua, considerado por Putin en su visita de julio como un socio muy importante, la balanza comercial se compone de exportaciones nicas por 18,5 millones de dólares en productos como maní, café, tabaco y licores; mientras, Rusia exporta a la nación centroamericana artículos por 94 millones de dólares, de los cuales la mitad llega en forma de trigo.

Sin embargo, un perfil del mercado ruso muestra la necesidad que tiene ese país de comprar alimentos, frutas, vegetales transformados y preparados, productos agroindustriales como el azúcar, textiles y vestuario, e incluso servicios como los que ofrece el sector turístico nicaragüense.

Con sanciones europeas o sin ellas, existen grandes posibilidades de complementariedad con toda la región, así como concordancia en los retos políticos y sociales.

América Latina asiste a un nuevo momento histórico en que adquiere protagonismo la búsqueda de la integración en organizaciones como la Celac, Unasur, Mercosur y ALBA, todo lo cual es visto con buenos ojos desde el Kremlin.

Con la reciente Cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) aún fresca en la memoria, no caben dudas de la necesidad de consolidar un polo alternativo al sistema de alcance global creado por Estados Unidos para eternizar su posición como única superpotencia, tanto en el terreno económico como militar.

La Patria Grande, una región signada por la Doctrina Monroe de “América para los americanos (estadounidenses)”, tiene el reto de encontrar unida su lugar en ese nuevo mundo multipolar. Rusia es un aliado natural e imprescindible.

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