Internacionales

Las damas rojas del desierto de Namib

Pertenecen a una milenaria etnia africana y se caracterizan por su protagonismo social y el color de su tez

Mujer Himba y su hijo
Mujer Himba y su hijo |

Aurora Rondón |

La inmensa y despoblada región de Kaokoland, ubicada al norte de Namibia es la cuna de una etnia milenaria cuyas féminas se distinguen por su protagonismo social y su tez rojiza.

Esas mujeres africanas que colorean su piel con un propósito estético y terapéutico pertenecen a la etnia Himba, un antiguo pueblo seminómada que deambula por el desierto de Namib.

Ese pueblo originario vive en asentamientos de barro y madera edificados a ambos lados del río Kunene, frontera natural entre Namibia y Angola y son parientes del grupo Herero, con quienes comparten igual origen e idioma.

Situada en el Africa austral, Namibia fue descubierta por el portugués Bartolomeu Días en 1486, pero la aridez del territorio no estimuló a la corona lusitana a conquistarla.

En el siglo XX sufrió el genocida gobierno alemán de Lothar von Trotha y la ocupación de Suráfrica que le impuso el régimen segregacionista, apartheid.

Documentos históricos revelan que durante los largos años de coloniaje y de lucha independentista liderada por la Organización del Pueblo de África Sudoccidental (SWAPO), empeoró la situación de los Himba quienes lucharon junto a los Hereros y demás grupos contra los explotadores.

Las féminas en la comunidad

Las Himba viven en una sociedad patriarcal y aunque desde 1990, con la llegada de la SWAPO al poder, la Constitución de Namibia les garantiza protección frente a la discriminación por razones de género, esa disposición aún no se cumple.

Estadísticas del Ministerio del Trabajo señalan que el 80 por ciento de la población Namibia se dedica a la agricultura y que entre el 50 y 60 por ciento de la fuerza laboral en esa actividad económica es femenina.

La primera necesidad de la comunidad Himba es la supervivencia alimentaria y la atención a la familia, responsabilidades que están bajo el control de las mujeres.

Para preservar las tradiciones, las mujeres enseñan a los más jóvenes las leyes e historia de su comunidad mediante canciones y poemas orales.

También los usan para prevenirlos de los peligros de la sociedad moderna: el alcohol, las drogas, y de enfermedades como el VIH/SIDA.

Pese a sus responsabilidades, la relación de género en la toma de decisiones es desigual, señala un artículo del antropólogo español Francisco Giner.

Las pieles rojas de África

La imagen y el aspecto físico son lo más importante en la cultura Himba, por eso las damas crean un arte sobre su cuerpo con diferentes adornos y un colorante que ofrece una visión plástica única.

El ascenso a la pubertad femenina lo indica la primera menstruación. Ese día, el padre de la joven le pone el Ekori o peinado de mujer. Ya está en condiciones de casarse.

Ser la primera esposa le otorga mayores privilegios. Aún casada puede mantener relaciones sexuales con otros hombres, si el marido la autoriza.

En general, estas esbeltas mujeres andan descalzas, con el busto al aire y la piel teñida de rojo. Visten una falda de cuero y en sus tobillos y muñecas lucen grandes brazaletes metálicos que reciben en la pubertad.

El adorno más preciado de las himbas es la concha marina que cuelga de sus cuellos. Tanto esta, como el peinado, indican el estado civil y la posición social de las féminas.

Pero lo que realmente asombra y hace diferente a las himbas del resto de las etnias de África es el color rojizo de su piel que consiguen con un producto que ellas elaboran machacando unas piedras que contienen un elemento ferroso.

Ese fino polvo se mezcla con la grasa de vaca para obtener una espesa crema rojiza. Además de su función estética, ese cosmético casero es una protección hidratante contra las radiaciones solares del desierto y las picaduras de insectos.

Entre las mujeres himbas es muy importante la relación de pareja. Aunque en esta sociedad no hay jueces, ni cárceles ni policías y se admite la poligamia, el hombre debe atender a todas sus esposas. Dos ausencias al lecho conyugal obliga a los jefes del clan a aplicar una sanción.

Para conquistar el corazón masculino, las Himbas dedican horas a embellecerse. Su aseo diario consiste en embadurnarse el cuerpo y el cabello con la crema y tomar un baño de vapor junto al fuego que encienden delante de la casa al levantarse.

De esa forma mantienen todo el día la coloración roja que junto al resto de sus atributos, las hace parecer una visión fantástica entre las dunas del desierto.

Las Himba tienen muchas obligaciones y pocos derechos. La llegada de la Swapo al poder les abrió una era de posibilidades, pero para que ellas participen en los cambios sociales que demandan su entorno y su género, deben prepararse.

también te puede interesar