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Baracoa, la primada de Cuba

En agosto próximo la villa cumplirá 500 años, por eso les proponemos un acercamiento a su geografía y tradiciones

Baracoa
Baracoa, la primera villa y capital cubana, fundada por el español Diego Velázquez a principios del siglo XVI, durante el proceso colonizador. | Internet

Redacción Central |

En agosto próximo la villa cumplirá 500 años, por eso les proponemos un acercamiento a su geografía y tradiciones

Mítica, antigua, llena de múltiples encantos, llega este 15 de agosto de 2011 a su medio milenio Baracoa, la primera villa y capital cubana, fundada por el español Diego Velázquez a principios del siglo XVI, durante el proceso colonizador.

A Baracoa se llega hoy por avión o por carretera, mediante un viaje por el imponente viaducto de la Farola, construido en 1965 por el gobierno de Fidel Castro, en un recorrido de unos 40 km que suele hacerse con «el corazón en la boca y los ojos deslumbrados». (Una estrecha carretera es la única vía de acceso terrestre).

Antes de su construcción la población vivió muy aislada por el difícil acceso impuesto por su topografía y la desidia de antiguos gobernantes.

Baracoa es hoy uno de los municipios de la oriental provincia de Guantánamo y se estime que la habitan unos 85 mil habitantes distribuidos en la zona urbana y en un medio predominantemente montañoso.

Sus habitantes vivieron durante muchos años del procesamiento del fruto y las maderas del árbol del coco. El valor de esta planta para la vida y cultura de esa comunidad va más allá del sabor delicioso porque ha sido la materia prima principal para la elaboración de los famosos cucuruchos, una golosina algo telúrica que nadie quiere dejar de llevar. Ese fruto está presente en variadas maneras en la cocina autóctona de la región, una de las más ricas e interesantes de Cuba, por su singularidad.

En la Isla también son famosas las plantaciones de cacao de Baracoa y pudiéramos hablar por largo tiempo del aporte de esta tierra a la industria cubana del chocolate, y cuanto aún tiene de promisión al respecto.

Lo mismo ocurre en cuanto al aromático café y a la explotación de los recursos forestales.

Hay que echarse a caminar por la ciudad para que nos atrape su belleza. La visión de la bahía es encantadora, desde cualquier ángulo, con su minúsculo malecón de vivo oleaje.

La meseta del Yunque mayorea el paisaje y es uno de los emblemas de la ciudad. Más allá se perfilan las elevaciones de La bella Durmienta, remedo de la figura de una mujer acostada, de líneas corporales bien definidas.

Luego, sus calles sinuosas, las pintorescas casas chatas de techumbre de cerámica antigua, proveniente de la tierra.

Los baracoenses se precian de que el caudal del río Toa, el más poderoso del país, es además el más limpio y cristalino.

Por sus rápidos navegan todavía, en rústicas cayucas (embarcaciones pequeñas)  pobladores de los caseríos que los circundan.

Nutren los cuantiosos recursos forestales del municipio unas 130 especies maderables, entre las que figuran algunas tan reconocidas como el cedro, la caoba, ébano, teca, baría, laurel, incienso, cocotero, roble blanco. De ensueño hoy día.

En el Yunque pervive la llamada palma yunquera, única de su tipo, sin similares en el archipiélago cubano.

En fin, un ecosistema privilegiado que el hombre hoy hace lo posible por conservar a la par de sus programas de desarrollo sostenible.

Baracoa, con su historia, leyendas y naturaleza deslumbrantes, merece el mejor de los festejos en su medio milenio.

(Redacción Central La Voz del Sandinismo-Agencias)

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