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El Papa advierte: El hombre quiere ser como Dios

En una definición que parece retratar a los poderosos del Mundo capaces de arrasar pueblos y usar la mentira para querer adueñarse del planeta, el Papa reiteró que a pesar de los progresos tecnológicos, los limites de la humanidad permanecen

Papa Benedicto XVI
El Papa Benedicto XVI manifestó en la misa del domingo de Ramos que el hombre tiene "hoy más que nunca" el deseo de "ser como Dios", pero advirtió de que, pese a los progresos tecnológicos y los avances logrados, los límites de la humanidad permanecen. | Internet

Redacción Central |

En una definición que parece retratar a los poderosos del Mundo capaces de arrasar pueblos y usar la mentira para querer adueñarse del planeta, el Papa reiteró que a pesar de los progresos tecnológicos, los limites de la humanidad permanecen

El Papa Benedicto XVI manifestó en la misa del domingo de Ramos que el hombre tiene «hoy más que nunca» el deseo de «ser como Dios», pero advirtió de que, pese a los progresos tecnológicos y los avances logrados, los límites de la humanidad permanecen.

En la homilía de la misa celebrada en la plaza de San Pedro, tras la procesión de las palmas, que abre los ritos de la Semana Santa, Benedicto XVI hizo un repaso de los logros acometidos por la humanidad como «la capacidad de volar» o la posibilidad de comunicarnos de una parte a otra del mundo.

Sin embargo, advirtió de que junto con nuestras capacidades también han aumentado «las posibilidades del mal que se presentan como tempestades amenazadoras sobre la historia» y recalcó que, pese a todos esos progresos tecnológicos, nuestros límites permanecen.

«Sólo hay que pensar en las catástrofes que en estos meses han afligido y siguen afligiendo a la humanidad», señaló.

El Pontífice dijo que el hombre se encuentra «en el punto de intersección entre dos campos de gravedad».

Está la fuerza que «le atrae hacia abajo, hacia el egoísmo, hacia la mentira y hacia el mal» y, por otro lado, está la «fuerza de gravedad del amor de Dios: el ser amados de Dios y a respuesta de nuestro amor que nos atrae hacia lo alto».

Señaló que todo depende de que el hombre pueda «escapar del campo de gravedad del mal y ser libre de dejarse atraer totalmente por la fuerza de gravedad de Dios, que nos hace auténticos, nos eleva, nos da la verdadera libertad».

Insistió en que el hombre «solo» es demasiado débil para elevar su corazón a la altura de Dios y subrayó que, «precisamente la soberbia de querer hacerlo solo, le derrumba y le aleja de Dios».

Afirmó que «Dios mismo debe elevarnos, y esto es lo que Cristo comenzó en la Cruz. Él descendió hasta la extrema bajeza de la existencia humana, para elevarnos hacia Él, hacia Dios vivo».

Se refirió a «las grandes conquistas de la técnica» que «nos hacen libres y son elementos del progreso de la humanidad», tan sólo si están «unidas» a actitudes y elementos como «el rechazo de la mentira».

Algo, declaró el Pontífice, que sólo es eficaz «si reconocemos con humildad que debemos ser atraídos hacia lo alto; si abandonamos la soberbia de querer hacernos Dios a nosotros mismos».

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