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La sociedad civil como instrumento de EE.UU.

(Por Alfredo G. Pierrat, corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua) A pesar de cierta discreción mostrada en los últimos tiempos, Estados Unidos continúa tratando de influir en el devenir político de Nicaragua mediante organizaciones de la llamada sociedad civil financiadas con fondos provenientes de Washington.

Redacción Central |

(Por Alfredo G. Pierrat, corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua) A pesar de cierta discreción mostrada en los últimos tiempos, Estados Unidos continúa tratando de influir en el devenir político de Nicaragua mediante organizaciones de la llamada sociedad civil financiadas con fondos provenientes de Washington.

Ciertas cosas parecen estar cambiando en la política estadounidense para este país centroamericano, aunque aún son limitadas las señales que permitan afirmar con algún margen de seguridad que Washington haya decidido atenuar su tradicional hostigamiento a las fuerzas sandinistas que gobiernan Nicaragua desde enero de 2007.

Además del sorprendente bajo perfil público mantenido en los últimos tiempos por el embajador Robert Callahan y otros funcionarios de la sede diplomática estadounidense sobre los debates políticos locales, otros hechos indican que pudieran haberse introducido algunas variantes en las estrategias a mediano y largo plazo trazadas por los centros de poder de Washington para Nicaragua.

Uno de los más significativos es la virtual aceptación del nuevo embajador designado por Managua para su embajada en la capital federal estadounidense, cargo que permanece vacante desde hace más de un año.

El embajador designado, Francisco Campbell, es diputado sandinista en el Parlamento Centroamericano y en la década de los años 80 estuvo al frente de las embajadas de Nicaragua en Zimbabwe y Tanzania.

Estados Unidos le otorgó el «placet» a mediados de mayo y todo parece indicar que asumirá el cargo sin tropiezos, a pesar de que su nombramiento no ha sido aprobado por el Parlamento.

De confirmarse, habrán resultado inútiles los denodados esfuerzos por evitarlo de la ultra conservadora congresista estadounidense de origen cubano Ileana Ros-Lehtinen, secundados en Nicaragua por algunos ilustres políticos de la oposición antisandinista.

Pero haya o no cambios de estrategia, lo que parece tomar fuerzas es el proselitismo dirigido a las bases de la sociedad nicaragüense, a fin de cimentar formas de pensar y hacer la política a tono con moldes establecidos por Estados Unidos para el resto del mundo, en los que no caben opciones diferentes y, mucho menos, de izquierda.

En esto se inscribe la graduación, el pasado 7 de junio, de 33 alumnos del IX diplomado de liderazgo social, organizado y financiado por el Movimiento por Nicaragua (MpN) y la Fundación Iberoamericana de las Culturas (FIBRAS).

Es conveniente recordar que el MyP recibe sus fondos de diversas fuentes, principalmente del National Endowment for Democracy (NED), una institución creada por el Congreso estadounidense que opera con fondos de la Agencia de Información de los Estados Unidos de América (USIA) y tiene como objetivo principal el debilitamiento de los gobiernos que se oponen a las directrices políticas de Washington.

Coincidiendo con la graduación de esos 33 «líderes», el MyP encabezó la comitiva de la llamada sociedad civil nicaragüense que expuso un «informe de gestión» ante la cuadragésima Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), que sesionó en la capital peruana los días 6 y 7 de este mes, y que, como era de esperar, fue muy crítico con el gobierno del presidente Daniel Ortega.

También por esos días, el diario La Prensa anunció dos programas a desarrollar durante cinco años por el Instituto Nacional Demócrata (NDI, por sus siglas en inglés), «con el ánimo de evitar que Nicaragua siga pagando las consecuencias de ser gobernada por líderes improvisados, que carecen de la formación necesaria para regirse bajo las prácticas de la democracia».

De acuerdo con el artículo de La Prensa, los programas de capacitación del NDI se desarrollarán en dos vías, y mediante una de ellas se fortalecerán las estructuras locales de los partidos con representación en la Asamblea Nacional que deseen participar en el proyecto.

La otra, dice el periódico, consiste en impartir un diplomado en liderazgo y gerencia política a líderes juveniles de todo el país, con la idea de crear una «cantera de recursos y cuadros calificados y formados» que servirá para el trabajo partidario, pero también como recursos en el momento de escoger candidatos para ser designados como funcionarios del Estado.

Además de la aspiración de formar «un nuevo liderazgo», la NDI acaricia el sueño de crear en Nicaragua una escuela de capacitación política similar a la Graduate School of Political Management (GSPM), de la Universidad George Washington, para preparar a las nuevas generaciones de políticos de la región.

Los propósitos no pueden quedar más claros, sobre todo si se sabe que el NDI es una organización creada por el gobierno de Washington a través de la NED con el objetivo de canalizar las subvenciones para «promover la democracia en el desarrollo de las naciones».

Y como la NED depende de la USIA, es preciso tener en cuenta que el gobierno de Barack Obama acaba de nombrar a Mark Feierstein como nuevo administrador adjunto para América Latina y el Caribe de esa entidad. Entre los antecedentes de Feierstein, analistas han recordado que este personaje fue señalado en los años 80 como «Gerente de Proyecto» en Nicaragua en la operación sucia realizada por la NED para derrocar a los sandinistas.

Luego fue director para América Latina y el Caribe del Instituto Nacional Demócrata, del que también se afirma que actúa paralelamente al Instituto Nacional Republicano en distintas operaciones de desestabilización.

 

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